La doble zambullida estadounidense

Patricio Navia

Revista Época, 915, agosto 30, 2002

 

La lenta recuperación de la economía estadounidense ha llevado a muchos analistas a sugerir la posibilidad de una doble zambullida, una segunda caída del producto después de la recuperación observada a comienzos del 2002.

 

 

Un influyente diario estadounidense publicó una provocadora pieza humorística sobre el reciente cónclave económico organizado por el presidente Bush en su rancho privado de Crawford, Texas. En la imaginación del artista, mientras los economistas discutían los gráficos y proyecciones de crecimiento, inflación, déficit fiscal y desempleo, el presidente se entretenía dibujando el rostro de Saddam Hussein en su cuaderno de notas. La imagen refleja lo que cada día más americanos creen de las prioridades de su presidente. Mientras el resto del país considera la necesidad de retomar el camino del crecimiento económico como la primera prioridad del país, el presidente estadounidense parece estar más preocupado de lograr generar  suficiente apoyo para lanzar un ataque devastador contra Saddam Hussein que logre lo que George H. Bush no logró 11 años atrás, la caída del dictador iraquí. Pero lo cierto es que el cónclave económico al que convocó el presidente durante sus vacaciones de agosto permitió que se ventilaran algunas de las principales preocupaciones de los economistas, asociados al partido republicano, que más influencia ejercen en la Casa Blanca.  Aunque la prensa se esmeró en averiguar sobre las posibilidades de una recesión de doble fondo,  los economistas se centraron en discutir cuales estímulos económicos pueden contribuir a revitalizar la economía sin generar un déficit fiscal mayor.

 

La discusión sobre la recesión de doble fondo ha sido alimentada por el pobre desempeño de la economía en el segundo trimestre del 2002. La economía estadounidense experimentó contracciones los primeros tres trimestres del 2001, llegando a caer en un 1,5% el segundo trimestre (abril-junio) de ese año. Luego vino una rápida recuperación el último trimestre del 2001 (2,6%) y el primer trimestre del 2002 (5%.) Aunque parte de esa recuperación se debió al efecto positivo de la reducción de impuestos impulsada por Bush en el verano del 2001, el efecto de ese estímulo fue de menor duración que lo que originalmente se esperaba. El segundo trimestre del 2002 la economía estadounidense se expandió solo en un 1,1%. Algunos expertos sugieren que, al igual como ocurrió en trimestres anteriores, las cifras preliminares serán corregidas a la baja cuando se entreguen los datos oficiales. Eso hace temer a algunos que la doble zambullida de la economía estadounidense esté ya ocurriendo.

 

Pero hay otros motivos que también alimentan la preocupación. La confianza de los consumidores estadounidenses, que en julio del 2001 alcanzaba a los 118 puntos, ha vuelto a caer a niveles levemente superiores a los observados después de los ataques a las torres gemelas el 11 de septiembre del 2001. Ese índice marcó bajó 90 puntos en octubre y noviembre del 2001, para luego empinarse sobre los 110 puntos en marzo del 2002.  La crisis financiera en Wall Street y las confusas señales económicas salidas de Washington hicieron caer el índice a 97,1 puntos en julio del 2002. Los temores se materializaron cuando se anunció la cifra para el mes de agosto, que fue de 93,5 puntos, la más baja desde noviembre del 2001. Aunque los analistas creen que ese índice (que toma como base de comparación el año 1985, que se indexó en 100) debería estabilizarse, la preocupación entre analistas y líderes políticos es evidente.

 

Por su parte, la Reserva Federal, actor clave en la recuperación económica después de recesiones anteriores, parece estar quedándose sin armas para estimular a la economía. Hace un año, justo antes de los atentados de septiembre, la Reserva Federal tenía las tasas de interés en un 3,5%. Cuando los mercados volvieron a abrir después de los atentados, la entidad dirigida por Alan Greenspan volvió a bajar las tasas, dejándolas en un 3,0%. La Reserva Federal bajó las tasas nuevamente en octubre, noviembre y diciembre, completando así 11 reducciones en el año 2001. Cuando la economía mostró señales de recuperación el último trimestre del 2001 y el primer trimestre del 2002, los analistas comenzaron a hablar de posibles alzas a las tasas de interés. Pero ante la nueva evidencia de enfriamiento de la economía, la preocupación sobre alza de tasas se ha disipado. Lo que ha aparecido en cambio es preocupación ante la poca capacidad de reacción que tendrá la Reserva Federal en caso de una segunda zambullida de la economía. Con las tasas de interés en un 1,75%, es muy poca la capacidad de maniobra que tendrá la entidad del banco central estadounidense para reaccionar si la economía empeora.

 

Pero tal vez el mayor problema guarda relación con el creciente déficit fiscal. Después de ser una de las banderas de lucha en las campañas presidenciales republicanas de 1992 y 1996, la administración del demócrata Bill Clinton logró superávit fiscal en 1999, el primero en décadas para la economía estadounidense. El superávit se volvió a dar en 1999 y el 2000. Pero ya el 2001 el superávit comenzó a caer. En gran medida debido a los efectos negativos del ataque de las torres gemelas, pero también como resultado del drástico recorte de impuestos impulsado por el presidente Bush. Para el año fiscal que concluye a fines de septiembre del 2002 se espera un déficit de 165 mil millones de dólares. La caída en los impuestos de los contribuyentes explica el preocupante déficit. Este año se percibieron 131 mil millones de dólares menos que el 2001 en concepto de impuestos.

 

Por eso que el tema del déficit fiscal nuevamente se convertirá en bandera de lucha electoral. Pero serán esta vez los demócratas los que hagan las acusaciones y busquen sacar ventajas de los números en rojo de las cuentas públicas estadounidenses. Las estimaciones más conservadoras sugieren que el déficit continuará hasta el año 2006, cuando recién existirá la posibilidad de un superávit fiscal. Pero todo esto bajo el supuesto de que los recortes de impuestos adoptados el año 2001 dejen de ser efectivos el 2010, como quedó extrañamente estipulado en dicha ley. Aunque el presidente Bush ha solicitado al congreso hacer ese recorte de impuestos permanente, la creciente preocupación del público estadounidense con el déficit fiscal probablemente dificulten mucho el esfuerzo republicano por reducir impuestos.

 

Así las cosas, la situación económica estadounidense se anticipa como la principal amenaza a la popularidad del actual presidente. Los demócratas celebran anticipadamente las ventajas que lograrán en las próximas elecciones legislativas de noviembre, donde esperan aumentar su ventaja en el senado (donde controlan ahora 51 de los 100 escaños) y esperan, de seguir cayendo la confianza de los estadounidenses en su economía, recuperar el control de la Cámara de Representantes. Pero de llegar a darse, esta segunda zambullida de la economía estadounidense retrasaría lo suficiente la recuperación económica para que se convierta en tema de campaña durante todo el 2003 y buena parte del 2004, el año en que George W. Bush deberá buscar la re-elección.

 

Doce años no es nada

Ni siquiera los más atrevidos analistas que gustaban de comparar las personalidades de George H. Bush, presidente entre 1990 y 1994, y George W. Bush pudieron anticipar la obsesión de ambos líderes con la dictadura de Saddam Hussein en Irak. Mientras el padre no dudo un instante en enviar tropas estadounidenses para forzar la retirada del ejército iraquí de Kuwait, el hijo parece obsesionado con la idea de destronar a Hussein. En 1991, George H. Bush decidió no invadir Irak, por los riesgos que esto podía representar para la estabilidad de toda la región. Hoy su hijo parece menos preocupado de la estabilidad regional o de construir el tipo de coalición internacional que si forjó su padre. Tanto entonces como ahora, uno de los principales opositores a la idea de destronar a Hussein es Colin Powell. Entonces líder de las fuerzas armadas estadounidenses en el Pentágono, y ahora Secretario de Estado, Powell ha sido un fuerte crítico al plan de derrocar a Hussein. La principal diferencia entre el padre y el hijo Bush es que el padre oyó a Powell mientras que el hijo aparentemente ignorará sus consejos.