Bush frente al mapa electoral

Patricio Navia

Época, 911, agosto 2, 2002

 

La primera elección nacional después de la escandalosa resolución de las presidenciales del 2000 en Estados Unidos promete ser igualmente disputada y decisiva. Los demócratas tienen una buena oportunidad para intentar recuperar control del Congreso y mantener el del senado.

 

Después que la elección presidencial del año 2000 terminara siendo dirimida por la Corte Suprema, lo último que la opinión pública estadounidense quiere es volver a tener al poder judicial inmiscuido en el proceso electoral. Pero las elecciones legislativas de noviembre probablemente vuelvan a tener a la justicia como actor fundamental y determinante en cuál partido logrará controlar la Cámara de Representantes.

 

La Constitución estadounidense establece que el número de escaños a elegir por cada estado en la Cámara de Representantes varía proporcionalmente de acuerdo a la población estatal. Después de cada censo, el número total de escaños (435) debe ser distribuido proporcionalmente entre los 50 estados y Washington, District of Columbia. Después que los resultados del censo fueran entregados a fines del 2001, la autoridad electoral dictaminó que 2 estados perderían dos escaños cada uno, 8 estados perderían un escaño. A su vez, 4 estados ganarían dos escaños y otros cuatro recibirían un escaño adicional.

 

Los patrones de inmigración y desarrollo económico han favorecido en años recientes a los estados del sur y suroeste y han perjudicado a los estados industriales del centro-norte y noreste. Por eso, la velocidad de crecimiento de la población en Arizona, Georgia, Florida y Texas fue sustancialmente más alta que la del resto del país. Así, dichos estados aumentaron en 2 escaños cada uno, pasando a tener 8, 13, 25 y 32 respectivamente. Los estados de Nueva York y Pennsylvania perdieron dos escaños cada uno, quedando con 29 y 19 respectivamente. California seguirá siendo el estado con más escaños, al pasar de 52 a 53.

 

Los 10 estados que pierden escaños, los 8 estados que aumentan escaños y los 32 estados que mantienen su número han tenido que rediseñar los límites de sus distritos uninominales para asegurarse que cada distrito tenga un igual número de habitantes. Con excepción de 7 estados que, debido a su reducida población, sólo eligen a un diputado cada uno a la Cámara de Representantes, los 43 estados restantes están ya finalizando el proceso de dibujar los nuevos distritos electorales que enviarán un representante cada uno a la Cámara.

 

En la mayoría de los estados que mantienen el mismo número de escaños que tenían hasta el año 2000, el dibujo de los distritos electorales apenas se altera, lo que facilita la re-elección de los Representantes en ejercicio. Pero en los estados donde el número de escaños aumenta o disminuye se produce un fenómeno conocido como gerrymandering, o el arte de diseñar distritos que favorezcan a un partido determinado o a un grupo étnico específico. Así, si los demócratas controlan la legislatura estatal, se diseñan distritos que contengan ya sea un altísimo porcentaje de electores republicanos para concentrar republicanos en ciertas zonas y reducir sus chances de ganar en otros distritos, o se dividen zonas de gran apoyo republicano para así lograr que los demócratas tengan posibilidades de ganar en más distritos. En aquellos estados donde la legislatura local está dividida, la posibilidad de hacer gerrymandering es sustancialmente menor. En algunos estados, para evitar el gerrymandering, el rediseño de los distritos uninominales lo realiza un comité de independientes. Pero en la mayoría de los estados, la decisión la toma la legislatura estatal. En muchos de esos casos, los candidatos afectados, o partes interesadas, cuestionan la legitimidad de los nuevos mapas distritales ante las cortes federales. Ya sea porque los nuevos distritos carecen de lógica de continuidad territorial o porque su diseño buscó favorecer a alguna minoría étnica, a menudo la decisión final sobre la constitucionalidad del mapa distrital termina quedando en manos de la Corte Suprema de Estados Unidos.

 

Ya que la ventaja republicana en la Cámara de Representantes es de las más exiguas de la historia reciente (222 a 213 escaños), la forma en que se dibujen los nuevos mapas electorales en cada estado terminará siendo decisiva para influir en la suerte de cada partido. El partido que salga más favorecido en el nuevo diseño distrital tendrá oportunidades sustancialmente mejores de ganar escaños en la Cámara de Representantes. Los expertos debaten ya los efectos de los nuevos mapas en los estados que ya han terminado sus procesos, pero en un buen número de estados la decisión final aún no está tomada y en varios otros ya se han anunciado recursos legales que busquen modificar el diseño aprobado por las legislaturas locales.

 

Aunque demócratas y republicanos insisten en que los nuevos diseños los favorecerán sustancialmente, lo cierto es que es aún prematuro anticipar quién saldrá más favorecido. En 1992, cuando se volvieron a dibujar los distritos con los datos del censo de 1990, los demócratas salieron favorecidos. Pero ese año también se produjo un fenómeno inusual. Un buen número de representantes en ejercicio (65 de 435) decidió no buscar la re-elección porque temían que debido a los nuevos mapas distritales fracasarían en su intento. En semanas recientes, un número sustancial de representantes también ha señalado su intención de abandonar la Cámara después de las elecciones de noviembre. Aunque el número ahora será mayor que en 1990, ya hay casi 30 representantes que han anunciado su retiro. Más de la mitad son republicanos.

 

Los demócratas también señalan que la mayoría de los estados que ganan escaños tienen una población creciente de hispanos. Ya que éstos tienden a favorecer más a demócratas que republicanos, y considerando que varios estados se han comprometido a aumentar el número de distritos con mayoría de latinos (para aumentar así su número en el Congreso), el aumento del poder electoral de los hispanos también debería favorecer a los demócratas. Por otro lado, la mayoría de los estados que pierden escaños han sido tradicionalmente bastiones del partido demócrata y en particular de los sindicatos laborales. Al perder escaños, la influencia de los grandes sindicatos también se ve reducida.

 

Pase lo que pase, lo más probable es que la elección parlamentaria del 2002 termine siendo decidida en una parte no trivial por las cortes de justicia de Estados Unidos. A menos que un partido logre obtener una clara mayoría en las preferencias del electorado, la constitucionalidad de muchos de los distritos recién dibujados en base a los resultados del censo del 2000 termine siendo decidida por la justicia. Así, igual que en el 2000, el acto de votación representará el comienzo, no el fin, del proceso electoral estadounidense.

 

Todo se reduce a 75 distritos

La publicación especializada Congressional Quarterly recientemente identificó los 75 distritos más competitivos en las elecciones del próximo 7 de noviembre. De esos, 33 están en manos de republicanos, 27 son demócratas y 15 son distritos nuevos. Ya que actualmente la ventaja republicana en la Cámara es de 222 a 211 (más dos independientes que votan junto a los demócratas), una leve ventaja demócrata en estos distritos les permitirá recuperar el control de la Cámara. Como la mayoría de las encuestas pre-escándalos financieros daba a los demócratas buenas posibilidades de mantener el senado y ganar terreno en la Cámara, los republicanos han optado por saltarse las vacaciones de agosto y dar la pelea en todos estos distritos. La efectividad del presidente Bush en los dos años que le restan dependerá de la capacidad de los republicanos de retener control al menos de una cámara.