Bush exige la cabeza de Arafat

Patricio Navia

Época, 906, 28 de junio de 2002

 

Estados Unidos ha dejado en claro existirá un estado palestino, pero igualmente claras son las señales que indican que Arafat no podrá ser su líder.

 

La situación actual de Yaser Arafat se parece, guardando las debidas salvedades, a la disyuntiva que enfrentó el líder bíblico Moisés cuando se encontró frente a la tierra prometida. Dios le permitió verla, pero le advirtió que no podría llevar a su pueblo a gozar de los frutos de la tierra que produce leche y miel. Así como Moisés aceptó la voluntad de Dios, muchos piden hoy a Arafat aceptar la voluntad estadounidense y promover algún nuevo liderazgo palestino que facilite la creación de un estado palestino.

 

Las declaraciones del Secretario de Estado Colin Powell, de la asesora de seguridad nacional Condoleezza Rice y de una decena de senadores, representantes y altos funcionarios del gobierno han dejado en claro que Estados Unidos ve la creación de un estado palestino como la única salida razonable a mediano y largo plazo para traer paz al medio oriente. Incluso se rumoreó que durante el mes de junio el presidente George W. Bush daría un discurso delineando el plan maestro de su gobierno para lograr la creación de un estado palestino. Una preciada oportunidad para ese discurso pareció haberse desperdiciado a comienzos del mes cuando un terrorista suicida volvió a llenar de sangre las calles de Jerusalén. Aunque la Casa Blanca insistió en que el discurso será dicho en el momento oportuno, los analistas creen que esto no ocurre antes del 4 de julio, día de la independencia estadounidense, será muy difícil que pueda ocurrir antes de que el presidente Bush tome sus vacaciones en agosto. Una forma de entender la situación actual es contrastándola con alguna película de Hollywood. Si en Hollywood los finales son desconocidos, la certeza es que la película muy rara vez durará menos de 90 minutos o más de 2 horas. La diferencia aquí es que todos pueden anticipar el final, pero nadie sabe cuánto va a durar todo el proceso. Cuando el presidente Bush delinee el plan estadounidense para la creación de un estado palestino, la atención se centrará en la cantidad de meses, o años, que tendrán que transcurrir hasta eso ocurra.

 

De acuerdo a fuentes de la Casa Blanca, el gran escollo actual para acelerar el proceso radica más bien en la presencia de Yaser Arafat. Aunque el líder palestino nunca ha tenido gran sintonía con los presidentes estadounidenses, su relación con Bush literalmente no existe. E incluso Colin Powell, visto como el mejor aliado palestino en la administración (sin que eso quiera decir que sea pro palestino) ha criticado duramente a Arafat por la responsabilidad que le cabe en la serie de ataques terroristas suicidas que han llenado de sangre a Israel.  Mientras más pronto desaparezca Arafat de la película, más pronto podrá existir un estado palestino, pareciera ser el mensaje actual. Pero las complicaciones de la desaparición de Arafat, y la posibilidad de que los nuevos líderes estén aún menos dispuestos a cumplir las exigencias estadounidenses e israelíes hacen que muchos analistas consideren que los palestinos han sido puestos contra la espada y la pared. Con Arafat, Estados Unidos no permitirá la existencia de un estado palestino, pero sin él, las posibilidades de encontrar un líder de unidad nacional casi desaparecen.

 

Así y todo, los más interesados en ver a Bush enunciar su plan son los propios palestinos y los estrategas del Pentágono estadounidense que esperan poder despegar ese escollo político que no les ha permitido comenzar el plan para derrocar a Sadam Hussein en Irak. Dado que la caída de Hussein parece ser una de las prioridades del presidente estadounidense, muchos creen que Bush estaría dispuesto a reconsiderar la posibilidad de avanzar en la creación del estado palestino aún con la presencia de Arafat.

 

Pero el mensaje probablemente insistirá en la oferta estadounidense. Sin Arafat (y renunciando a toda forma de terrorismo), Estados Unidos apoyará con fuerza la creación de un estado palestino respetando las fronteras de 1967 (o entregando concesiones territoriales para recompensar áreas consideradas estratégicas por Israel) y abogará por aceptar rápidamente al nuevo estado en la comunidad de naciones. Con Arafat, el final de esta película podría tomar mucho más tiempo de los dos años que hoy circulan como un calendario prudente para llevar a cabo el plan. Sin Arafat, un estado palestino podría existir antes de que termine el 2004 (y de paso ayudar en la campaña de re-elección de Bush). Si el líder palestino fuera cristiano, y tuviera tanto respeto por nosotros como Moisés lo tenía por Dios, podríamos haberle pedido al líder palestino que siguiera el ejemplo del libertador del pueblo de Israel, dijo un analista en un programa de televisión realizado la noche que se esperó infructuosamente que el presidente Bush realizara el esperado pero predecible discurso.

 

 

Territorios ocupados, disputados o conquistados

Aunque muchos en Israel prefieren hablar de ‘territorios disputados,’ y no pocos extremistas religiosos hablan de ‘territorios conquistados’, la aceptación israelí a un estado palestino representa el segundo gran escollo salvado en este proceso. La aceptación oficial de la OLP a un estado judío hace casi ya una década, lograda por la mediación del presidente Clinton, fue un gran primer paso. Pero la negociación sobre los lugares exactos donde pasará la frontera, el destino final de Jerusalén, la suerte de los asentamientos judíos en Cisjordania y Gaza, y el destino final de los refugiados palestinos expulsados de sus tierras en lo que hoy es Israel permiten prever que si bien es cierto se ha dado un gran paso, faltan muchos otros por dar.