Marruecos y su amigo americano

Patricio Navia

Época 899, 10 de mayo de 2002

 

Dejando en evidencia que Estados Unidos apoya a sus aliados, la reciente decisión del negociador estadounidense de la ONU de apoyar una salida a la crisis del Sahara Occidental que favorece a Marruecos ha generado controversia.

 

Con un territorio de 250 kilómetros cuadrados y una población estimada de 250 mil habitantes, el Sáhara Occidental es uno de los 17 territorios no autónomos que quedan en el mundo, de acuerdo al criterio de la ONU.  Aunque después de la retirada de España en 1976 el territorio fue anexado por Marruecos, un conflicto armado que ha involucrado además a Argelia y al frente independentista POLISARIO ha cobrado la vida de cientos de personas y ha generado un proceso de migración masiva de refugiados hacia Argelia y nuevos asentamientos de población marroquí. La ONU ha estado involucrada desde el comienzo del conflicto. En 1991 se logró un cese al fuego y desde hace cinco años el representante de la ONU para negociar una solución pacífica ha sido el ex Secretario de Estado del gobierno de George Bush (1989-92) James Baker III. Su participación en el proceso de paz no responde únicamente a su pasado diplomático, sino al interés que ha mostrado Estados Unidos por hacerse de amigos en el mundo árabe y por mantenerlos.

 

La simpleza de la política exterior estadounidense post-11 de septiembre no da lugar a confusiones. Si una disputa involucra a una nación poco afín a Estados Unidos, como Argelia, y del otro lado está un aliado, como Marruecos, el gobierno de Washington tiene una decisión fácil. Si además está involucrado un movimiento guerrillero independentista que ha sido acusado de terrorismo, la decisión es aún más simple. Para completar el cuadro, una serie de resoluciones de la ONU pidiendo un referéndum para decidir el destino del territorio han resultado imposible de realizarse pues es imposible lograr un acuerdo sobre quién tiene derecho a votar. Mientras POLISARIO quiere excluir a los marroquíes, Marruecos cuestiona a refugiados en Argelia que no pueden demostrar que vivían en el Sahara antes del retiro de España. La imposibilidad de llevar adelante el plan de la ONU llevó a Baker a sugerir un plan que otorgaría autonomía a la región pero reconocería el territorio como parte de Marruecos.

 

Los críticos señalan que este plan sólo acomoda a Marruecos y a Estados Unidos. Habiendo sido uno de los primeros países del mundo en reconocer la independencia de Estados Unidos en 1976, Marruecos se ha mantenido como aliado estadounidense desde su independencia de Francia en 1956. Durante una reciente visita del rey marroquí Mohamed VI a Washington, el presidente Bush se comprometió a negociar un tratado de libre comercio con ese país. Con esta decisión de Baker, Estados Unidos quiere retribuir la amistad marroquí y a la vez enviar una señal a Argelia y el resto del mundo árabe: vale la pena ser amigo de Estados Unidos.

 

Por lo pronto, el plan de Baker tendrá que esperar. Aunque existe el rumor que el negociador amenazó con renunciar si no se adoptaba su plan, las Naciones Unidas decidieron el primero de mayo extender la misión negociadora, conocida como MINURSO, hasta el 31 de julio. Aunque vendrán semanas de negociaciones, la posición de Estados Unidos ha quedado en claro. El Rey Mohamed VI, que visitó Sahara en marzo pese a las protestas de Argelia y POLISARIO, sabe que cuenta con un amigo en Washington ansioso de fortalecer lazos con algún país árabe.

 

 

Un enviado influyente 

James Baker III pertenece a la elite más influyente del partido republicano estadounidense. Nacido en 1930, casado una sola vez y padre de 8 hijos, este tejano estudió en Princeton y egresó como abogado de la Universidad de Texas. En 1975 entró al servicio público como subsecretario de comercio del presidente Ford.  Durante el gobierno de Ronald Reagan fue jefe de gabinete de la Casa Blanca (1981-85) y con George Bush sirvió como Secretario de Estado (1989-1992) y por un breve período como asesor en su malograda campaña de re-elección. Más recientemente, fue el encargado de coordinar el equipo de abogados que logró asegurar el triunfo legal de George W. Bush en la confusa contienda electoral en el estado de Florida.