Happy Birthday, Mr. President

Patricio Navia

Época, 884, enero 25, 2002

 

Resumen

Los ataques del 11 de septiembre le dieron sentido a la presidencia de Bush, pero será la economía la que determinará si la popularidad del presidente logra mantenerse en niveles récord.

 

Texto

Los recuerdos del sábado 20 de enero del 2001 deben estar sepultados en lo más profundo de su memoria. Por eso que cuando George W. Bush, cumplió un año en la Casa Blanca no hubo mayor celebración. Los medios de prensa y analistas que mencionaron el hecho lo hicieron para resaltar lo mucho que cambió la presidencia de este republicano, y el país entero, en un solo año. Con problemas de legitimidad electoral, su toma de poder sirvió para curar algunas heridas y para cerrar ese vergonzoso capítulo en la historia política estadounidense. Pero el ex gobernador de Texas, hijo de George Bush (1989-1993),  quería dejar huellas profundas en su país. Nacido en 1946 y educado en las mejores escuelas y universidades, Bush fue siempre un alumno mediocre. Su campaña presidencial estuvo marcada por su poca predisposición a interesarse en los temas de política internacional o debatir sobre cuestiones políticas de fondo. Un hombre que cae bien, cercano a la gente y que habla simple y directamente parecían ser las mejores cartas de presentación de este 'vaquero' que no gusta de montar a caballo.

 

Ya presidente, Bush estableció una relajada jornada diaria de trabajo--que incluía una siesta y cese de actividades a las 7 p.m, y se ganó el reproche de varios aliados por sus controversiales decisiones en política exterior que le ganaron el apodo de 'aislacionista.' Al lograr una rebaja de impuestos que benefició principalmente a los mas acaudalados, el presidente dejó contento a sus partidarios más cercanos, pero también alienó a algunos moderados y dañó sus relaciones con muchos demócratas que eran piezas claves para lograr avanzar otros elementos de su agenda, como la reforma a la educación pública, la privatización de los fondos de pensiones y la inclusión de iglesias en la red de servicios sociales financiados por el estado.

 

Así y todo, pese a la renuncia al partido republicano de Jim Jeffords, que permitió a los demócratas recuperar el control del Senado, los primeros meses de Bush fueron mucho particularmente exitosos. Aunque el país oficialmente cayó en recesión en marzo del 2001, la popularidad del nuevo mandatario no se vio afectada. Por otro lado, pese a las críticas internacionales por su decisión de abandonar el Protocolo de Kyoto para proteger el medioambiente y el histórico tratado firmado con la Unión Soviética para frenar la producción de armas nucleares, su presidencia ganaba cada vez más legitimidad en el mundo. Diversos líderes se apuraban para poder posicionarse como socios influyentes de este singular presidente que parecía querer ignorar lo que ocurría en el mundo.

 

Después de los ataques del 11 de septiembre, su presidencia cambió radicalmente. Ante el estupor internacional por la destrucción causada por los fundamentalistas islámicos, el hombre que fue acusado de querer aislarse del mundo decidió lanzarse en una cruzada para 'erradicar al terrorismo en todo el planeta.' El presidente tenía una misión, y la oportunidad de pasar a la historia como un líder capaz de llevar a feliz término una difícil causa. Su entusiasmo inicial pidiendo la captura de Osama ben Laden 'vivo o muerto' le ganaron niveles de aprobación nunca antes vistos.  La guerra contra el terrorismo le permitió también avanzar otros aspectos de su agenda legislativa. "Uno no puede votar contra el presidente cuando se está en guerra", explicó un representante republicano que votó a favor de otorgarle poder para negociar tratados de comercio internacionales al presidente, una facultad que había expirado en 1993 y que Clinton nunca logró recuperar.

 

Pero a cuatro meses de los atentados y con más de 3 meses de actividad bélica en Afganistán, el hombre más buscado por los Estados Unidos sigue sin ser hallado. El interés en Afganistán--y en los crecientes conflictos entre India y Pakistán--ha decaído y poco a poco la economía vuelve a ser el centro de atención doméstico. La preocupación por el desempleo, la lentitud de la recuperación económica y el déficit fiscal--que amenaza con hacer subir las tasas de interés en el mediano plazo--han comenzado a desplazar al patriotismo en las encuestas de opinión. Pese a todo, la popularidad del primer mandatario sigue muy alta y su presidencia mantiene ese sentido de misión que no logró tener en sus primeros meses. Aunque nunca llegue a verlo desde esa perspectiva, la respuesta emocional y patriótica que generó el ataque del 11 de septiembre será el mejor aliado que tenga el presidente Bush en los tres años de mandato que le restan. 

 

El mediocre que llegó a la presidencia cuestionado y con poca legitimidad logró ganarse el corazón de los estadounidenses después del 11 de septiembre. En la medida que la crisis económica no afecte más intensamente los bolsillos de los mismos estadounidenses, el presidente podrá seguir gozando de años de bonanza con un electorado que mayoritariamente votó por su oponente en los comicios de noviembre del 2000. Aunque no lo haya reconocido en público, al cumplir su primer año de mandato, George W. Bush tiene que haberse cantado frente al espejo la tonada que Marilyn Monroe inmortalizara junto al presidente Kennedy hace 40 años, 'happy birthday, mister president.'

 

 

Un discurso directo al corazón y a la bandera

En el discurso que dirigió al país el 20 de septiembre, que probablemente pasará a la historia como el más importante de su vida, el presidente se ganó el corazón de la gente al hablar del coraje nacional y de los valores democráticos. Prometiendo traer a los responsables ante la justicia, o llevar la justicia ante ellos, declaró una guerra contra el terrorismo y convocó a los estadounidenses a una tarea difícil y aparentemente imposible. Imitando el llamado realizado en 1960 por John F. Kennedy para poner un hombre en la luna antes del fin de la década, Bush invitó a los estadounidenses a soñar con un mundo sin terrorismo. Aunque su tarea resulte más difícil que el desafío de Kennedy, el ser capaz de convocar a una nación a soñar en grande le han permitido a Bush lograr los niveles de aprobación que ha logrado.

 

 

ENRON, ¿pesadilla o sólo vergüenza?

 

Cuando se anunció en diciembre del 2001 la inminente quiebra de ENRON, mucha gente pensó que era una evidencia más de la recesión económica por la que atravesaba Estados Unidos. Pero la caída del gigante de la energía localizado en Texas, que había crecido rápidamente en los últimos años, no era una quiebra cualquiera. Para comenzar, era la quiebra más grande en la historia del país. También era una quiebra que podía tener importantes implicaciones políticas.  La prensa comenzó a indagar rápidamente las conexiones que podrían existir entre ENRON y la Casa Blanca. ENRON fue el mayor contribuyente institucional de la campaña de Bush, y además empleó a una serie de altos personeros del gobierno antes de enero del 2001. El presidente de la empresa, Kenneth Lay, es un amigo personal del presidente y rápidamente se supo que durante todo el año 2001, Lay se comunicó con el vicepresidente y una serie de altos funcionarios del gobierno para pedir ayuda ante la crisis inminente que se produciría en la empresa.

 

Aunque las autoridades de gobierno no intervinieron a favor de ENRON--la empresa efectivamente quebró--la forma en que se manejó la información respecto a los temas discutidos y las soluciones planteadas ha despertado una serie de sospechas. Tanto la prensa como el liderazgo demócrata en el Senado investigan para encontrar la verdad. En Washington, 'verdad' quiere decir 'cualquier cosa que pueda avergonzar o implicar a los oponentes políticos.'  Hasta la fecha no ha aparecido nada que involucre directamente a las autoridades de la Casa Blanca, pero el reconocimiento por parte de Arthur Andersen, una empresa de contabilidad, de que sus funcionarios destruyeron importante material de contabilidad de ENRON ha despertado el apetito de la prensa, los investigadores demócratas y la justicia. En última instancia, la quiebra de ENRON ha permitido a los demócratas asociar al gobierno de Bush con las grandes empresas y presentarse a ellos mismos como defensores de los intereses de la gente común. Eso por si solo constituye ya una gran victoria.

 

Mientras tanto, las pérdidas para miles de inversionistas estadounidenses y ex empleados de la empresa son enormes. El descontento que ha generado la actitud de los líderes de ENRON, que pusieron a salvo sus ahorros pero no los de sus empleados, ha crecido. Ningún político quiere ser identificado como amigo de aquellos que destruyen los ahorros de miles de trabajadores y personas que tenían acciones de la empresa. Mientras a comienzos de enero del 2001 cada acción de ENRON se transaba a más de 80 dólares, el último día que estas se transaron en la bolsa de Nueva York, el valor de cada acción era de 67 centavos de dólar. La caída de ENRON es un asunto económico, pero las conexiones políticas de la empresa son innegables. En la medida que esas conexiones no hayan cometido ninguna irregularidad, el costo político será mínimo. Si las investigaciones que ahora se están llevando a cabo demuestran que hubo irregularidades, la caída tendrá también víctimas políticas.

 

 

Los actores claves

Kenneth L. Lay, presidente de Enron, amigo y contribuyente de Bush, se reunió con el vicepresidente Dick Cheney en abril del 2001 para discutir temas de energía, además Cheney aparentemente habría tenido conversaciones con líderes de otros países para discutir negocios de ENRON. Karl Rove, asesor del presidente, tenía acciones de ENRON pero las vendió cuando asumió en enero del 2001. Lawrence Lindsey, asesor económico de la Casa Blanca, estuvo en el directorio de ENRON el año 2000. Robert Zoellick, representante comercial de Estados Unidos, trabajó como asesor de ENRON. Thomas White,  Secretario del Ejército, fue ejecutivo de ENRON por diez años.