Mr Aznar goes to Washington

Patricio Navia

Época 877, diciembre 7, 2001

 

Consejos, advertencias y negociaciones estuvieron presentes en la agenda del presidente del gobierno español en su reciente visita a Estados Unidos.

 

 

 

José María Aznar no fue el primer líder europeo en apersonarse en Washington D.C. después de los atentados el 11 de septiembre. Tampoco será el último, pero la gira del mandatario español—que incluyó visitas a la Casa Blanca y las oficinas del Zar de la seguridad doméstica en Washington D.C. y a la Zona Cero, la alcaldía y la bolsa de comercio en Nueva York—recibió atención especial en la prensa estadounidense por 2 motivos: la experiencia de ese país con el terrorismo vasco y la suerte que correrán los 8 detenidos en España sospechosos de pertenecer a la red Al Qaeda.

 

Aunque ni la experiencia de España con el terrorismo separatista vasco ni la británica con el terrorismo separatista norirlandés se asemejan en origen, razones o magnitud a los ataques del 11 de septiembre en Washington y Nueva York, muchos analistas y pensadores estadounidenses contrastan la forma en que han respondido estas dos naciones europeas a la amenaza terrorista con la estrategia utilizada por Israel para combatir sus propios ataques terroristas. Mientras algunos exaltados llamaban a seguir los pasos de Israel—con medidas claramente atentarorias contra las libertades individuales y más propias de un país en guerra externa que de democracias consolidadas—las voces más razonables en Estados Unidos apuntaban a los esfuerzos realizados en España y Gran Bretaña para poder luchar contra el terrorismo sin renunciar a las libertades y la cotidianeidad propia de un país de hombres y mujeres libres.

 

La visita del presidente del gobierno español añadió fuerza al debate de cómo adoptar medidas que protejan mejor la seguridad en los aeropuertos y espacios públicos a la vez que faciliten el libre desplazamiento de personas por las ciudades del país. Aprender de la experiencia española para identificar, desarticular y anticipar a células terroristas y evitar sus ataques antes de que ocurran es uno de los objetivos del gobierno estadounidense, y así lo señaló tanto el vocero de la Casa Blanca Ari Fleischer con el zar de la seguridad doméstica Tom Ridge, después de la visita de Aznar.

 

Los periodistas estaban más preocupados, no obstante, de la suerte que correrán 8 personas detenidas en España sospechosas de ser miembros de la red terrorista Al Qaeda. Aunque Estados Unidos no ha solicitado formalmente su extradición a España, se especulaba que Bus y Azanar podrían discutir el asunto. Pero si lo hicieron, no se supo. En conferencia de prensa conjunta, ambos mandatarios declinaron hablar del tema específico, aunque aseguraron que seguirían cooperando en combatir al terrorismo.

 

La sorpresa de lo que debía ser una visita más bien protocolar la dio José María Aznar cuando, en conversación con el Washington Post, advirtió que no sería prudente lanzar una acción sorpresiva contra Irak en la guerra contra el terrorismo. Citado por el influyente periódico, Aznar dijo “tenemos que determinar si la extensión de este conflicto es factible y deseable, y ustedes tienen que determinar cuáles son sus metas y objetivos.”

 

En un contexto de cordialidad y amistad, la presencia de Aznar en Washington fue una señal de apoyo y una voz de moderación y advertencia para aquellos que, envalentonados con la caída del régimen Talibán, buscan extender el conflicto ahora a Irak y otras naciones vecinas.

 

Aznar en Nueva York

Mientras muchos visitantes se paseaban junto a las barreras que protegen la entrada a la devastada área donde estuvo el World Trade Center, las flores se acumulan en los memoriales improvisados y no pocos críticos denuncian la empresa de terror-turismo que se ha montado en el lugar con la venta de camisetas, souvenirs, velas, fotos, y los tradicionales relojes, gorros y joyas que se han vendido siempre en las calles, el presidente del gobierno español y su comitiva conversaron con el alcalde Guiliani y contestaron las preguntas de una comitiva de prensa compuesta fundamentalmente por enviados de prensa españoles y europeos. Aunque fue saludado entusiastamente en la bolsa neoyorquina, la presencia de Aznar en Nueva York pasó más desapercibida que su paso por Washington. Mientras en D.C. las autoridades del gobierno sopesaban las palabras de Aznar y consideraban los siguientes pasos a tomar en su estrategia para lograr la extradición de los detenidos en España sospechosos de pertenecer a la red Al Qaeda, la preocupación en Nueva York era la inminente quiebra de una empresa de energía, que de concretarse sería la quiebra más grande en la historia de los Estados Unidos.