¿Perdiendo la guerra?

Patricio Navia

Época #872, noviembre 2, 2001

 

Entradilla:

Se sabía que la guerra contra el terrorismo iba a ser distinta a todas las intervenciones militares estadounidenses anteriores, pero nadie realmente creyó que sería un conflicto doméstico.

 

Sumario:
El frente doméstico ha resultado mucho más difícil de manejar que los bombardeos sobre Afganistán.

 

Texto

Como si las complicaciones en el frente afgano no fueran suficiente, el gobierno de Bush enfrenta desafíos adicionales en casa: las críticas a la forma en que se ha manejado los ataques de ántrax y las diferencias que han surgido en el Congreso respecto al paquete de estímulos económicos y a la ley de seguridad en los aeropuertos.

 

Las declaraciones iniciales de Tom Ridge, el zar de la seguridad doméstica, minimizando el impacto de los ataques de ántrax fueron rectificadas por autoridades de salud pública. Ridge debió retractarse y anunció planes para proteger a los trabajadores del correo y garantizar que la distribución de cartas y paquetes. Pero el daño ya fue hecho. Mientras el Capitolio fue evacuado y sus trabajadores rápidamente sometidos a exámenes médicos, los empleados del correo tuvieron que seguir trabajando pese a la presencia de ántrax. Eso generó desconfianza en la población. Más que el éxito en Afganistán, la captura de los responsables de los ataques de ántrax es la primera prioridad de la opinión pública.

 

Respecto al estímulo económico, los demócratas han logrado posicionarse como líderes razonables que quieren combinar la ayuda a empresas con la protección a los trabajadores desempleados, mientras los republicanos luchan para evitar que se les catalogue como los defensores de las grandes corporaciones. Como siempre ocurre en Washington, la ley final será resultado de una ardua negociación, pero los republicanos tendrán que cargar con el estigma de tener que rubricar un aumento en el tamaño del sector público y el presidente republicano tendrá que firmar una serie de leyes que acabarán con el superávit fiscal logrado por Clinton.

 

Los demócratas también llevan la voz cantante respecto a la seguridad en los aeropuertos. Después de que el Senado ratificara por 100 votos contra 0 una ley para convertir a los guardias de seguridad en los aeropuertos en agentes federales, el liderazgo republicano en la Cámara se ha opuesto. La oposición a posibles sindicatos de agentes de seguridad y la defensa ideológicamente motivada de un estado tan pequeño como sea posible llevan a los republicanos a oponerse a una medida que cuenta con el apoyo mayoritario de la opinión pública.  El presidente expresó oposición a la idea del Senado, pero prometió no vetar la ley si era aprobada por la Cámara. Si los demócratas logran su aprobación, la falta de disciplina entre la mayoría republicana generará rumores sobre la debilidad de los representantes Dick Armey y Tom DeLay, herederos de Newt Gringrich y su revolución republicana de 1994.  Si la propuesta es derrotada en la Cámara, el senador Tom Daschle, líder del senado, lanzado ya en campaña presidencial para el 2004, será el más probable ganador al insistir en la necesidad de federalizar la seguridad en los aeropuertos.

 

No han sido buenas las últimas semanas para la Casa Blanca. Atrapado entre una épica e imposible guerra contra el terrorismo—sin enemigos claros ni final anticipable—y una desordenada respuesta doméstica ante las amenazas del ántrax y las arremetidas demócratas en el Congreso, el presidente Bush teme que su popularidad poco a poco comience a debilitarse.

 

 

Las víctimas del ántrax

13 personas han sido infectadas con ántrax hasta la fecha. Tres de ellos han muerto (uno en Florida y dos trabajadores del correo en Washington). Las otras 10 personas están bajo tratamiento y sus vidas no corren peligro. 5 de ellos son trabajadores del correo, o trabajan en la sección de cartas del Capitolio y medios de información. Las otras 5 personas sufrieron infecciones cutáneas y están bajo tratamiento.  En total se sabe de otras 32 personas que estuvieron expuestas directamente al bacilo pero no fueron infectadas. Miles de estadounidenses están bajo tratamiento médico por posibles exposición al ántrax. El presidente Bush no ha querido indicar si él también está bajo tratamiento, pero ‘ántrax’ es la palabra más común en los medios de prensa estadounidenses, mucho más que Ben Laden.