Después de las bombas, ¿Qué?

Patricio Navia

Época, octubre 12, 2001

 

Texto

Veintiséis días después de que dos aviones de pasajeros secuestrados se estrellaran contra el World Trade Center en Nueva York--provocando incendios que derribaron ambas torres y causaron más de 5000 muertos--, un tercer avión secuestrado se estrellara contra el Pentágono en Washington D.C. y un cuarto avión también secuestrado cayera a tierra en Pennsylvania, las fuerzas armadas estadounidenses iniciaron un ataque militar de misiles y bombardeo sobre posiciones militares estratégicas del gobierno Talibán de Afganistán.

 

Desde un primer momento, el sospechoso número uno de los atentados del martes 11 de septiembre ha sido el fundamentalista islámico Osama bin Laden. Pero el objetivo final de esta nueva aventura militar estadounidense, la "primera guerra del siglo XXI" es terminar con todos los grupos terroristas del mundo y con los estados que los protegen. No obstante, la identificación del enemigo con la persona de bin Laden hará muy difícil mantener el apoyo y el interés del público estadounidense en la aventura militar si el hombre más buscado es capturado. Aunque para el gobierno estadounidense el objetivo es terminar con el flagelo del terrorismo, para la opinión pública el objetivo es capturar a bin Laden, como dijo el presidente Bush, vivo o muerto. La tarea no se augura fácil. Varios portaviones, cientos de aviones y miles de soldados están dedicados a capturar a un hombre que ha resultado ser muy escurridizo. Casi a la vez que Estados Unidos iniciara el ataque, la televisión de Qatar difundía un mensaje de un desafiante bin Laden. La desigual guerra del poderío militar estadounidense con el fundamentalismo suicida de bin Laden había oficialmente comenzado.

 

Después de tres semanas y media de intenso trabajo diplomático estadounidense ante la OTAN, países del oriente medio y especialmente ante naciones árabes y gobiernos musulmanes, la coalición de más de 40 países--según indicó el presidente estadounidense la mañana del domingo 7 al anunciar el inicio del bombardeo--estaba preparada para deponer al gobierno talibán. El esfuerzo del Secretario de Estado Colin Powell era aislar al gobierno talibán y evitar que países claves de la región se declaran neutrales ante esta iniciativa estadounidense.

 

Una vez concluida la misión diplomática, la iniciativa pasa ahora de las manos del Colin Powell al Secretario de Defensa Donald Rumsfeld. Mientras Powell, pese a su pasado militar y a ser héroe de guerra, es considerado un moderado, Rumsfeld, un civil, pertenece a la escuela dura, llamados halcones por su predisposición al conflicto armado. 

 

Los países limítrofes de Afganistán, China, Tayikistán, Uzbekistán, Turkmenistán, Irán y Pakistán han sido sometidos a fuertes presiones por Estados Unidos y sus aliados para que apoyen la iniciativa bélica contra el gobierno Talibán. En gira por la región, el secretario de Defensa Rumsfeld logró conseguir la autorización del gobierno de Uzbekistán del presidente Islam Karimov para el envío de 1000 soldados estadounidenses a esa ex república soviética. La presión del presidente ruso Vladimir Putin, ha facilitado el accionar de Estados Unidos. La colaboración de Putin se entiende por la necesidad rusa de reformular su relación histórica con Estados Unidos y por el interés de Moscú de incluir a los rebeldes chechenos en el selecto grupo de organizaciones terroristas que Washington pretende aniquilar en la operación Justicia Duradera.

 

Rumsfeld también visitó Arabia Saudita, Omán Egipto y Turquía en su gira, para amarrar el apoyo de los gobiernos de esos países, cuya población islámica pudiera sentir cierta simpatía por la causa de bin Laden o al menos rechazan la intervención estadounidense. A su vez, el primer ministro británico Tony Blair visitó Pakistán, para asegurar el apoyo del dictador de ese país de 140 millones de musulmanes, el general Pervez Musharraf.

 

Aunque el gobierno estadounidense declaró sus primeras acciones militares como un éxito, las preguntas sobre lo que vendrá ahora abundan. ¿Qué pasa después de que caiga el gobierno talibán? ¿Qué tipo de participación tendrán las fuerzas estadounidenses en la formación de un nuevo gobierno en el país? ¿Qué pasará si caen los talibanes pero bin Laden no aparece? ¿Y qué vendrá después de la captura de bin Laden?

 

A diferencia de acciones militares anteriores, Estados Unidos no ha definido en esta ocasión una estrategia de salida. Es más, ni siquiera ha definido en qué momento puede declararse por finalizada esta misión de justicia duradera. El domingo comenzó el ataque contra el gobierno Talibán. Este no debería ser capaz de resistir demasiado. Después de que dejen de caer las bombas, viene la parte complicada y difícil.

 

 

Osama bin Laden

Nacido en 1957 en Arabia Saudita, Osama bin Laden es el décimo séptimo de 52 hijos del millonario empresario de la construcción árabe Mohamed bin Laden. A los 22 años, después de haber visto morir a su padre de niño y después de haber asistido a la universidad en Arabia Saudita, Osama se enlistó en la guerrilla afgana que luchaba contra la ocupación soviética. Allí participó en la formación y consolidación del grupo Al Qaeda (la base) dedicado a promover la implantación de estados islámicos en países de población predominantemente musulmana. Durante la Guerra del Golfo en 1991, comenzó una campaña contra la presencia de tropas estadounidenses en Arabia Saudita que le causó la expulsión del país. Bin Laden se refugió en Sudán, de donde fue expulsado en 1995 por el gobierno sudanés, cediendo a presiones estadounidenses. Para entonces bin Laden estaba ya asociado a la matanza de soldados estadounidenses en ataques terroristas en Somalia y Arabia Saudita. En 1996, el gobierno estadounidense lo acusó formalmente por el ataque en Somalia. Luego fue acusado de ser responsable de los ataques contra embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania en 1998, donde murieron 224 personas. Como respuesta a dicho ataque, el gobierno estadounidense bombardeó campos de entrenamiento terrorista de bin Laden en Afganistán. Después del 11 de septiembre de 2001, bin Laden no apareció en público hasta que la televisión de Qatar difundió un video la tarde del domingo 7 de octubre donde amenaza a los Estados Unidos: "Dios da a América lo que se merece. Juro por Dios que América no se sentirá segura mientras nosotros, en nuestro territorio, en Palestina, no nos sintamos seguros."