Banzer y su ceremonia del adiós

Patricio Navia

Época #860, agosto 10, 2001

 

 

El 6 de agosto, el presidente boliviano Hugo Banzer anunciará su renuncia como presidente de Bolivia y dejará el cargo al vicepresidente Jorge Quiroga Ramírez. En su dimisión, Banzer, uno de los políticos más importantes de Bolivia en los últimos 40 años, se despedirá de la vida pública y de su país.

 

Banzer partirá ese mismo día, aniversario de la independencia nacional, de regreso a Estados Unidos donde será sometido a un tratamiento de quimioterapia para combatir un cáncer al hígado y al pulmón que ya lo obligó a viajar al hospital Walter Reed en Washington D.C. a comienzos de julio. Aunque oficialmente no se ha indicado la gravedad de su cáncer, las cuidadosas especulaciones de la prensa boliviana dan a entender que se trataría de un cáncer en estado terminal. El actual vicepresidente Quiroga se hará cargo de un gobierno que lleva meses sumido en una crisis de ingobernabilidad y cuya aprobación popular ha venido cayendo rápidamente. El desafío del nuevo presidente será reconstituir la autoridad del ejecutivo, hacer frente a los difíciles desafíos económicos producto de la crisis en la vecina argentina y reposicionar al país como líder en reformas económicas que aceleran la integración comercial y

 

Nacido el 26 de mayo de 1926 en la provincia de Santa Cruz, Hugo Banzer Suárez entró al ejército boliviano en su juventud y allí hizo carrera. En 1960 estudió en Estados Unidos en una escuela de caballería en Texas y luego volvió a su país para seguir ascendiendo en el ejército, institución que llegó a liderar a fines de los 60. El golpe militar del general Juan José Torres contra el régimen de René Barrientos en 1970 provocó la salida de Bánzer del gobierno—que había sido ministro de educación de Barrientos—y su exilio temporal. Pero el general volvió al país y logró derrocar a Torres en un nuevo golpe militar el 22 de agosto de 1971. Su dictadura se caracterizó por repetidas y sistemáticas violaciones a los derechos humanos y pese a una muy publicitada cumbre con el entonces dictador chileno Augusto Pinochet, Banzer no logró avanzar sustantivamente en la integración de Bolivia con sus vecinos ni consolidar la histórica demanda boliviana por una salida al Pacífico en los terrenos perdidos ante Chile en la guerra de 1879.

 

La mala situación económica y la presión del gobierno de Carter en Estados Unidos obligaron a Banzer a llamar a elecciones en 1978. Aunque el candidato oficial, el general Juan Pereda, resultó ganador, las elecciones fueron anuladas por acusaciones de fraude e irregularidades.  Pereda eventualmente depuso a Banzer en un nuevo golpe de estado para caer él también víctima de otro pronunciamiento militar meses después. La inestabilidad política que siguió a la salida de Banzer terminó en 1985 con la elección de Víctor Paz Estenssoro. Banzer fue candidato en 1985 y 1989, elección en la que obtuvo un impresionante segundo lugar y fueron los votos de sus congresistas los que dirimieron la elección del presidente en el parlamento a favor de socialdemócrata Jaime Paz Zamora. En 1993, el derechista Gonzalo Sánchez de Losada llegó a la presidencia, pero en 1997 Banzer logró la primera mayoría relativa en la elección presidencial (22,3%) y después de arduas negociaciones el parlamento boliviano lo ratificó como presidente por un período de cuatro años.

 

La mayoría de los observadores consideró la presidencia de Banzer como un esfuerzo del ex dictador para limpiar su nombre ante la historia. Obtener la legitimidad democrática se había convertido en el motivo central de la carrera política de Banzer en los años 90. Más que un proyecto de reconstrucción nacional, integración de la mayoría indígena a la cerrada y elitista sociedad boliviana o de combate contra la pobreza, Banzer perseguía pasar a la historia como el ex dictador que fue ratificado como presidente por el electorado de su empobrecido país. Por eso su presidencia careció de una visión de país para Bolivia y su gestión se vio marcada por una falta de creatividad, innovación y una excesiva preocupación por evitar confrontaciones que pudieran generar descontento social e inestabilidad política. A fines del año 2000, se le descubrió un tumor cancerígeno en el pulmón y a mediados de julio del 2001 anunció desde Estados Unidos que tenía cáncer. Desde Estados Unidos, el vocero del gobierno anunció que el presidente renunciaría el 6 de agosto.

 

El próximo presidente se llama Jorge “Tuto” Quiroga, nació en 1960 en Cochabamba y es ampliamente considerado como una de las figuras promisorias de la política boliviana. Por su temprana edad fue ajeno a los golpes de estado de fines de los 70 y comienzos de los 80, Quiroga se consolidó como líder del derechista partido de gobierno de Banzer, Acción Democrática Nacional (ADN). Pero a diferencia del presidente, Quiroga ha logrado cultivar una imagen de político moderno, tecnócrata y buen comunicador. Casado con una estadounidense y con estudios en Estados Unidos, Quiroga fue nombrado ministro por el socialdemócrata Paz Zamora a los 29 años de edad, en representación de ADN que apoyó a Paz Zamora para que este pudiera ser electo por el parlamento. Su amplio conocimiento del inglés y sus buenas relaciones con Estados Unidos le permitirán granjearse un lugar privilegiado entre los líderes andinos ante el gobierno de George W. Bush. Dados los conflictos existentes entre Estados Unidos y el presidente venezolano Hugo Chavez, la crisis de gobernabilidad endémica de Ecuador, el débil liderazgo de Andrés Pastrana en Colombia—que deja su cargo el 2002—y las dudas que ha despertado en Estados Unidos el marcado populismo del nuevo presidente peruano Alejandro Toledo, será fácil para Quiroga posicionarse como el mejor interlocutor de Estados Unidos en la cuenca andina.

 

En 1997, a los 37 años de edad Jorge Quiroga se convirtió en vicepresidente y fue prácticamente confirmado como “delfín” de Banzer. Aunque generó resistencia al interior de su partido entre los llamados “dinosaurios”, también logró articular el apoyo de un sector joven de ADN conocidos como “los pitufos.” Una crisis al interior de ADN y del gobierno distanció a Banzer de Quiroga durante el año 2000 y era de conocimiento público que los dos hombres apenas cruzaban palabra. Montañista, esquiador y amante de los deportes, este padre de cuatro hijos tendrá que limar asperezas con los seguidores más fieles de Banzer y mejorar las relaciones de ADN con los otros partidos políticos del parlamento si quiere tener éxito en su gestión.  Aunque no pocos analistas creen que Quiroga buscará una interpretación constitucional favorable, o una reforma constitucional, para lograr la oportunidad de hacerse de un período presidencial de cuatro años que le permita transformar su gobierno de un mero presidente de transición al forjador de una Bolivia más moderna, más integrada y más abierta al mundo.