Después de Pinochet, la economía

Patricio Navia

Época, #850, Junio 4, 2001

 

El presidente chileno Ricardo Lagos llega a Madrid en su primera visita oficial a España el sábado 2 de junio. Es la primera visita de un mandatario chileno desde el arresto en Londres del ex dictador Augusto Pinochet el 16 de octubre de 1998 por orden del juez español Baltazar Garzón.

 

En su tercera gira a Europa desde que asumió el poder el 3 de marzo del 2000, el presidente chileno tiene dos objetivos muy concretos. Por un lado quiere mostrar en Europa que, después del affaire Pinochet, los civiles tienen el control tanto del gobierno como del poder. Por otro lado quiere enviar un mensaje a la opinión pública de su país. Al viajar junto a una delegación diversa de empresarios privados, el presidente busca indicar que las diferencias ideológicas internas entre el gobierno y el empresariado han sido superadas. El empresariado chileno--que apoyó fuertemente al conservador Joaquín Lavín, derrotado por el socialista Lagos en las presidenciales-- todavía expresa simpatías a Pinochet y su dictadura de 17 años. Aunque la conservadora clase empresarial se benefició enormemente con el crecimiento económico durante las administraciones de los democratacristianos Aylwin y Frei (que gobernaron en coalición con el Partido Socialista y tuvieron a Lagos como ministro de educación y obras públicas), los recuerdos del enfrentamiento entre el último presidente socialista, Salvador Allende, y los empresarios fueron causa de tensiones durante el primer año del tercer gobierno de la Concertación. Las iniciativas legislativas de Lagos (reformas laborales, el aumento del salario mínimo y ley contra la evasión tributaria),  sólo lograron empeorar las relaciones entre presidente y empresariado.

 

Si el arresto del General Pinochet provocó euforia en algunos y desazón en otros chilenos, en Europa--y particularmente en España--la noticia sin pasar desapercibida no generó tantos enfrentamientos. Fuera de Chile, muy pocos salieron a defender a Pinochet. La aplicación del principio de extraterritorialidad de la ley (sobre todo cuando se trata de juzgar a ex gobernantes) y de la doctrina que las violaciones a los derechos humanos no prescriben, provocó un sentimiento generalizado de autocomplacencia en Europa. Aunque injustificadamente se ganó el título del más sanguinario de los dictadores latinoamericanos, su Constitución política, las leyes de amarre, la ley de amnistía y la propia permanencia de Pinochet en la Comandancia en Jefe del ejército fueron motivo suficiente para que muchos en el viejo continente creyeran que los civiles en Chile estaban en el gobierno pero no en el poder. Por eso, aunque en Chile se pensara lo contrario, el arresto de Pinochet lo celebraron en Europa como positivo para la democracia chilena.

 

Hoy Lagos llega a Europa con muestras claras de un creciente predominio del poder civil. Pinochet ha sido desaforado y está a punto de ser fichado (aunque probablemente sea eventualmente sobreseído por motivos de salud). Un número sin precedente de militares ha sido procesado por violaciones a los derechos humanos. El presidente está próximo a nombrar a los nuevos líderes de las fuerzas armadas y, aún en el peor de los escenarios, la Constitución será reformada al menos para eliminar a los senadores no-electos y mejorar los mecanismos de control civil. El fin de la censura, la nueva ley de prensa y el fin de la pena de muerte son también logros que el presidente lleva a Europa para mostrar que la democracia chilena se consolida a pasos agigantados.

 

Es cierto, Lagos también querrá hablar del saludable estado de las cuentas nacionales, de la confianza generalizada que tiene la banca internacional en sus políticas económicas y de las anunciadas reformas al mercado de capitales que harán a su país más competitivo para atraer inversiones. Pero ya se sabe que Chile es una isla de estabilidad en una región donde se han sucedido las crisis económicas y sociales. En ese sentido Lagos va a predicar a los ya conversos. La Unión Europea quiere estrechar lazos comerciales con Chile. España es el país que más ha invertido en Chile en años recientes (antes y después del arresto de Pinochet). No es la salud económica lo que preocupa en Europa—aunque si inquieta que Chile pueda verse afectado por la inestabilidad que hoy vive Argentina—sino la consolidación democrática y el débil control civil sobre las fuerzas armadas lo que genera desconfianzas. Tampoco es el desempleo de 9.1%--principal preocupación de la opinión pública chilena--lo que intranquiliza a una Europa acostumbrada en años recientes a tasas de paro bastante superiores, sino la excesiva influencia de los militares.

 

Las giras al extranjero tienen un fuerte componente comunicacional diseñado para consumo interno. Este no es una excepción. Por eso el avión presidencial chileno va lleno de periodistas y desde Santiago se informará con celeridad al mandatario la cobertura que el viaje esté recibiendo en los medios locales. En cierta medida, Lagos va Europa en parte porque quiere que se le escuche en Chile. En su gira, el presidente también quiere enviar un mensaje a su país. Lagos quiere mostrar que gobierno y empresarios han aunado voluntades para acelerar la reactivación económica. Unas mejores expectativas sobre un tratado de libre comercio con la Unión Europea tendrán más efecto en Chile que en España o Alemania. Pero Lagos viaja porque necesita que la confianza que tiene Europa en Chile contagie a la opinión pública de su país. Lagos lleva empresarios en su gira para que se impregnen de la visión positiva que existe sobre la economía chilena. En ese sentido, el presidente continúa su tradición de reunirse con importantes hombres de negocios de los países que visita (lo hizo en Silicon Valley, en su reciente viaje a Francia y lo hará también en España) con la esperanza de que esta vez si logre dar el espaldarazo de confianza que hace tiempo busca en un empresariado nacional que se siente incómodo con un socialista en La Moneda.

 

En la política y los negocios las percepciones son a menudo tan importantes como la realidad. En esta nueva gira el presidente tendrá que combatir la percepción prevalente en Europa que la democracia chilena dista de la plena consolidación. Aunque quiera hablar de economía y oportunidades de inversión, también tendrá que responder a interrogantes sobre Pinochet, procesos pendientes, el caso del diplomático español Carmelo Soria asesinado por la dictadura, torturadores en las FFAA y, una y otra vez hasta el cansancio, el juicio a Pinochet. Pero los pocos cuestionamientos que se planteen sobre los sólidos fundamentos macroeconómicos que hacen de Chile un país atractivo para invertir y un candidato promisorio con quien hacer negocios serán la herramienta que el mandatario buscará utilizar para generar el ambiente de confianza y optimismo que quiere hacer germinar en su país que se prepara para un tercer invierno consecutivo con una tasa de paro elevada.