Bush y Latinoamérica sin muchas expectativas

Patricio Navia

Época, No 841, Abril 8, 2001

 

Los primeros pasos dados por la administración Bush respecto a América Latina no son auspiciosos. La primera y más clara señal enviada por el nuevo presidente a sus vecinos del sur fue la nominación de Otto Juan Reich como Secretario Asistente del Departamento de Estado para Asuntos Hemisféricos. Reich es un cubano que abandonó la isla a los 13 años de edad y que hizo carrera durante la administración Reagan. Desde su oficina en la Agencia de Cooperación Internacional, este devoto anti-castrista preparaba opiniones editoriales para periódicos estadounidenses diseñadas para generar apoyo público a los "contras" que buscaban desestabilizar el gobierno sandinista de Nicaragua. Luego Reich fue nombrado embajador en Venezuela, donde estuvo hasta 1989. En los 90, Reich participó en la preparación de la Ley Helms-Burton, que busca sancionar a países que tengan comercio con Cuba. Como "lobbyist' oficialmente registrado en Washington, Otto Juan Reich ha cabildeado a favor de los intereses de Bacardi y algunas empresas tabacaleras. Recientemente la empresa de Reich también abrogó por los intereses de Lockheed, fabricante de aviones de guerra que actualmente está en negociaciones para vender bombarderos F-16 a Chile. El Nóbel de la Paz costarricense Oscar Arias recientemente advirtió que de realizarse, dicha venta pone en peligro la estabilidad de la región y amenaza con iniciar una carrera armamentista. Si bien es cierto Cuba de todos modos seguirá siendo prioridad en las relaciones con América Latina, la nominación de un militante--a menudo exclusivamente--anti-castrista preocupa en la región donde las preferencias estaban puestas en algún experto en intercambio comercial, desarrollo sostenible o, en el peor casos, alguien conocedor de la lucha contra el tráfico de drogas.

 

Aunque realizó su primer viaje internacional a México, Bush en esa corta y hasta ahora única visita al extranjero envió una señal clara. El presidente prefiere no llevar personalmente las riendas de la política exterior. El vacío de poder creado por su desinterés ha generado un conflicto entre los secretarios de Defensa Donald H. Rumsfeld y de Estado Colin Powell. Mientras que Powell, pese a su pasado militar, es un hombre cauto, Rumsfeld pareciera querer volver a un contexto de guerra fría. Esta lucha de poder probablemente la terminará resolviendo el vicepresidente Dick Cheney, que trabajó anteriormente con ambos. Así, la influencia que llegue a tener Reich dependerá en gran medida de cómo se dilucide este conflicto. Irónicamente, Reich pareciera sentirse más cómodo con el jefe del Pentágono que con su propio jefe.

 

El siguiente desafío de la nueva administración hacia sus vecinos del sur será la cumbre hemisférica de Québec el 20 de abril próximo. Después de que Clinton prometiera en la primera cumbre de Miami en 1994 que la consolidación democrática y el libre comercio serían los pilares de su política hacia la región, la lentitud con que avanzó el proceso para crear el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) causó desencanto. La segunda cumbre de mandatarios, realizada en Chile en 1997, volvió a centrarse en el libre comercio, pero los problemas económicos, la consolidación democrática y la falta de gobernabilidad en varios países allí presentes evidenciaron que la situación regional era ya menos auspiciosa en Santiago.

 

A Québec llegan, además de Bush, varios presidentes novicios en cumbres. El brasileño Cardoso es el único que ha estado en los tres encuentros, y en su propio ocaso político se puede ver el fin de una etapa de absoluta sintonía en las relaciones hemisféricas. Ya no hay cuentas alegres. Las promesas de integración comercial no se han cumplido y las economías de la región enfrentan serios problemas de estancamiento. Aunque saben que la globalización no es una panacea, los mandatarios llegarán esperando que el líder estadounidense se comprometa a que ALCA entrará en vigencia el 2005. Esto porque gran parte de sus plataformas de desarrollo económico depende de tener más y mejor acceso al mercado estadounidense.

 

Pero Bush pareciera querer traer otros mensajes a Québec. El nuevo presidente no llevará las riendas de las relaciones exteriores de su país, sus asesores en política internacional están mejor preparados para la guerra fría que para liderar la integración económica y Otto Reich tiene como primera prioridad la intención de terminar con el gobierno de Fidel Castro, no el libre comercio. Aunque es el primer presidente estadounidense que habla español en casi un siglo, George W. Bush necesitará más que dominio del idioma para ganarse la confianza y colaboración de los líderes que llegarán a Québec con sus maletas llenas de escepticismo, añorando los años aquellos cuando ALCA parecía ser un sueño posible.