Extremismos de izquierda y de derecha

Patricio Navia

El Líbero, noviembre 5, 2021

 

Una forma comúnmente usada para descalificar a los adversarios es llamarlos extremistas. Si bien, afortunadamente, esa estrategia confirma que una mayoría de los votantes prefiere la moderación, la caricaturización del rival como d también a menudo busca ocultar las posiciones igualmente radicales del acusador.

 

Un escenario probable en la segunda vuelta de diciembre es un enfrentamiento entre Boric y Kast. Desde posiciones moderadas, al menos basándose en sus programas de gobierno, ambos califican como extremistas. Pero en la segunda vuelta obtendrá la victoria el que tenga mayor voluntad para adoptar creíblemente posiciones moderadas.

 

En una campaña, cuando faltan los argumentos para convencer a la gente que vote por ti, una opción atractiva es intentar descalificar a tus rivales. Si logras convencer a una cantidad suficiente de personas que las alternativas son peores, entonces habrás conseguido atraer votos hacia la opción que tú representas. En esta temporada de elecciones, las candidaturas están enfocándose crecientemente en las campañas negativas. Eso es una mala noticia por varias razones. La primera es que los candidatos creen que no tienen suficientes argumentos para atraer votantes a su sector. Eso muestra la pobreza de sus propuestas, aunque también pudiera ser solo resultado de que, en esta ocasión, lo que prometen los candidatos importa bastante menos que en otras elecciones porque, al final del día, la decisión sobre qué tipo de país tendremos en los próximos años está más en manos de la Convención Constitucional que de lo que vaya a hacer el próximo Presidente y el futuro Congreso. Si a la CC no le gusta el resultado de la elección, la nueva constitución probablemente incluirá un llamado a elecciones anticipadas cuando se promulgue la nueva carta magna. Como sea, las campañas están centrándose más en las debilidades de los rivales que en las fortalezas de cada candidatura.

 

Como las encuestas parecen indicar que ningún candidato se ha disparado en las preferencias, parece plausible —si no probable— que las dos personas que logren pasar a la segunda vuelta sumen poco más del 50% de los votos. Eso significa que casi la mitad de los electores habrá apoyado a alguna candidatura que no logrará pasar a segunda vuelta. Para esos votantes, la segunda vuelta será simplemente una elección de cuál es el mal menor. También parece probable que los candidatos en segunda vuelta representen a los polos opuestos del espectro político; aunque, como estamos en pandemia, no parece imposible que sucedan cosas importantes que afecten el orden de llegada de las candidaturas en las dos semanas que quedan para la elección. Pero si se llega a producir el escenario que hoy anticipan las encuestas, y Gabriel Boric se enfrenta a José Antonio Kast en segunda vuelta, entonces muchos votantes moderados que optaron por alternativas diferentes en primera vuelta se sentirán obligados a escoger entre dos opciones mucho menos que ideales para ellos.

 

Finalmente, como la cantidad de personas que todavía está indecisa respecto a su votación es más alta en esta elección que en contiendas anteriores, parece razonable concluir que hay un número alto de personas insatisfechas con las opciones de candidaturas para la primera vuelta.

 

La combinación de esos factores genera condiciones especialmente favorables para que haya una campaña negativa que se centre en calificar al rival como extremista. Lo bueno de esa práctica es que confirma el hecho de que la mayoría de los votantes no quiere opciones extremas para el país. Lo malo de esa práctica es que hay razones para llamar extremistas a los candidatos que hoy lideran las encuestas. Como la segunda vuelta siempre es una campaña que busca atraer al votante moderado, las dos candidaturas que pasen a segunda vuelta deberán moderar sustancialmente sus discursos a partir de la noche del 21 de noviembre. Aunque la campaña para segunda vuelta vea un aumento significativo en las calificaciones de extremista que se harán mutuamente ambos candidatos, el poder decisivo que tendrán los votantes moderados hará que ambas candidaturas converjan hacia la moderación.

 

El próximo presidente de Chile será el candidato que, habiendo pasado a segunda vuelta, logre mostrar más capacidad para adoptar posiciones moderadas y pragmáticas. Esto es, el próximo presidente de Chile será aquel capaz de dejar las posiciones más extremas y adoptar posturas más moderadas. Es cierto que eso eventualmente generará una confrontación con una Convención Constitucional que tiene posturas claramente a la izquierda de las que tiene la mayoría de la población. Pero precisamente porque el próximo presidente de Chile tendrá muchos más votos que los que haya obtenido cualquier constituyente en sus respectivos distritos, la necesidad de ganar la mayoría obligará a los extremistas a moderarse mucho más en la campaña para segunda vuelta y, por sobre todo, una vez que asuman el poder si aspiran a ser un presidente popular y exitoso.