Chávez y los tres mosqueteros

Patricio Navia

Revista Capital, #218, noviembre 30, 2007

 

Hugo Chávez se ha convertido en el líder indiscutido de la nueva ola izquierdista (bolivariana) que se ha popularizado en América latina. Otros tres presidentes latinoamericanos acompañan a Chávez en la promoción de una ola estatizadora, anti-estadounidense y anti-globalización. Pero la multiplicidad de puntos de encuentro entre Chávez y sus tres mosqueteros no significa uniformidad absoluta.

 

Si bien los cuatro presidentes son sindicados como miembros de la ola de gobiernos populistas de izquierda, hay diferencias importantes en el diseño y en la gestión de los proyectos de transformación política y económica que impulsan los presidentes de Venezuela Hugo Chávez, de Ecuador Rafael Correa, de Bolivia, Evo Morales, y de Nicaragua Daniel Ortega. Mientras Chávez ha demostrado una visión más clara y ha logrado mejores resultados en sus 9 años de gobierno, Morales ha avanzado con mucha más lentitud y ha demostrado menos habilidad. Correa ha avanzado con bastante rapidez y ha demostrado una singular habilidad para usar las coyunturas económicas y políticas como oportunidades para adquirir más poder. Daniel Ortega, en cambio, parece tan interesado en sumarse a la ola chavista como en limpiar su legado ante la historia.

 

Con su llegada al poder en febrero de 1999, Chávez inició un proceso de profunda transformación política y económica. Después de conseguir una nueva constitución, hecha a su medida, Chávez ganó las elecciones presidenciales de 2000 y 2006. Recientemente, logró que el Congreso de su país aprobara una reforma constitucional—que será probablemente ratificada en un plebiscito el 2 de diciembre—que permitirá su re-elección indefinida y concentrará todavía más poder en la presidencia. Aunque sea ajustada, una victoria electoral en el plebiscito ratificatorio de esta reforma fortalecerá aún más su poder político. Adicionalmente, y ayudado por los altos precios del petróleo, Chávez ha aumentado el papel del estado en la economía y combatido la influencia del sector privado. Además de políticas de nacionalización, Chávez ha impulsado el cierre de medios de prensa de oposición. Su rotundo éxito doméstico—ayudado por una oposición política inhábil y poseedora de cuestionables credenciales democrática y por la fortaleza que logró después del fallido y evidentemente antidemocrático intento de golpe en su contra en 2002—le ha permitido también ejercer influencia en el resto de América latina. Su cercanía con Cuba ha fortalecido al régimen castrista. Chávez también ejerce influencia en Bolivia y colaboró con las campañas presidenciales exitosas de Correa en Ecuador y Ortega en Nicaragua. Aunque sus esfuerzos fracasaron en México, Perú y Costa Rica, donde los candidatos que apoyaba Chávez fueron derrotados. Así y todo, Chávez ha logrado consolidarse como el principal líder en la región. Habiendo asegurado una cohabitación con el izquierdista moderado Lula en Brasil, Chávez ahora se centrará en fortalecer su relación con la nueva presidenta argentina Cristian Kirchner y con la incipiente izquierda colombiana. Las negociaciones de Chávez con las guerrillas FARC para liberar rehenes y contribuir a la paz busca fortalecer a la izquierda del Polo Democrático Alternativo de Colombia. Porque ha consolidado poder político y económico en su país, Chávez también ha podido convertirse en un actor regional relevante que ha logrado éxitos relativos en su campaña a favor de una revolución bolivariana en América latina. Si Chávez no tuviera influencia, el Rey de España no se hubiera exasperado ni hubiera abandonado su tradición moderada para hacerlo callar.

 

Evo Morales llegó al poder legitimado por su enorme votación y por ser el primer presidente indígena en Bolivia, país donde la mayoría indígena ha sido sistemáticamente discriminada. Aunque también prometió cambios radicales, Morales ha demostrado menos habilidad política que Chávez. La Asamblea Constituyente ya lleva más de un año en sesiones y todavía no logra producir una nueva constitución. La economía boliviana se ha expandido, pero el gobierno no ha logrado consolidar su posición más allá de las sorpresivas nacionalizaciones anunciadas en abril de 2006. Políticamente, Morales no ha logrado acumular más poder. Económicamente, la creciente influencia del Estado no le han permitido a Morales y a su partido MAS consolidarse desde el gobierno como actores políticos con dominación absoluta como Chávez en Venezuela. Aunque sigue siendo el principal líder de su país, Morales tiene hoy marginalmente menos poder y menos legitimidad que la que tenía cuando llegó a la presidencia a comienzos de 2006.

 

En Ecuador, Rafael Correa ha demostrado mucha más habilidad que Morales. Rápidamente, Correa aprovechó su legitimidad democrática para forzar al Congreso a realizar un plebiscito sobre la convocación a una Asamblea Constituyente. Correa triunfó en el plebiscito de febrero y sus partidarios obtuvieron más del 70% de los escaños en la Asamblea en la elección de septiembre de 2006. La constitución, que se empezará a escribir este 30 de noviembre, será hecha a su medida. Desde su llegada al poder, Correa ha aumentado su poder político y ha limitado el de sus adversarios. Adicionalmente, Correa también ha avanzado en consolidar su poder económico. Aunque está amarrado por la dolarización de la economía ecuatoriana, Correa ha empujado renegociaciones con empresas que proveen servicios monopólicos y no se descartan futuras nacionalizaciones. Ahora que ha consolidado poder político y que la nueva constitución va encaminada de acuerdo a su voluntad, Correa debería comenzar a aumentar el poder del Estado sobre la economía nacional.

 

Daniel Ortega llegó al poder en Nicaragua con un 38% de la votación. La división de la derecha le permitió al ex guerrillero, que gobernó Nicaragua entre 1979 y 1989 volver al poder. Después de perder el poder en las presidenciales de 1990, Ortega intentó vanamente ganar las elecciones de 1996 y 2001. Sólo un acuerdo con el ex presidente Arnoldo Alemán, condenado por corrupción, le permitió cambiar las reglas para evitar una segunda vuelta que probablemente perdería. Ortega no tiene la fuerza, ni la habilidad, para refundar la política nacional. Aunque se ha acercado a Chávez, Ortega sabe que el éxito de su gobierno depende más bien de su capacidad para aprovechar las oportunidades que ofrece el acuerdo de libre comercio firmado con Estados Unidos en 2005. Si bien su empobrecido país se beneficia de los subsidios petroleros enviados por Venezuela, Ortega debe atraer inversión extranjera para lograr sacar a más de la mitad de la población de la pobreza. De los tres mosqueteros, Ortega es el que menos poder tiene para implementar cambios.

 

De los cuatro presidentes del ‘eje populista’, Chávez es que tiene más poder e influencia internacional. Correa ha avanzado con energía y determinación para concentrar poder en Ecuador. Morales ha terminado siendo más ruido que nueces, más intenciones de cambio que realidad concreta de rediseño institucional favorable a una economía más cerrada y un poder político más personalista. Ortega ha usado la retórica para reclamar en foros internacionales, pero tiene menos poder dentro de Nicaragua para transformar las debilitadas y deslegitimadas instituciones de su país. De los cuatro, el más débil es Morales, el con menos capacidad para proyectarse a futuro es Ortega, el más influyente internacionalmente es Chávez y el con más poder domésticamente hoy por hoy es Correa. De los cuatro, el que más rápido ha avanzado su agenda de cambios radicales, concentrando poder y anulando a la oposición, es Correa. Aunque el que tiene la billetera más llena, y sabe hacer mejor uso de los medios de comunicación, es el comandante venezolano, admirador de Simón Bolívar, aliado de Fidel Castro y, si tiene éxito en el plebiscito del 2 de diciembre, poseedor del poder absoluto en Venezuela.

 

En tanto los precios internacionales del petróleo sigan proveyéndole de recursos casi ilimitados para extender su influencia en la región, Chávez insistirá en su objetivo de extender la influencia de su revolución bolivariana. En su reciente visita a Chile, ofreció subsidiar el petróleo para el Transantiago. Aunque su propuesta fue inmediatamente rechazada por el gobierno, Chávez logró introducir una cuña en el debate electoral chileno de 2008 y 2009. Además de imposibilitar un alza de tarifas (para qué subir las tarifas si Chávez las puede subsidiar, dirán los candidatos de izquierda a los municipios y al parlamento), el anunció de Chávez fue una señal clara de que el venezolano ve en la descomposición de la Concertación una oportunidad para potenciar una candidatura presidencial de izquierda anti-globalización en Chile. Aunque Chile dista mucho de poseer un cuarto mosquetero para el grupo de Chávez, el presidente venezolano envió una señal clara en su última visita, hay financiamiento disponible para los que quieran intentar sumar a Chile al grupo de gobiernos comprometidos con la revolución bolivariana.