Derechos humanos 2007

Patricio Navia

Revista Capital, #215, octubre 19, 2007

 

Por motivos diferentes y ante los ojos de personas muy distintas, dos eventos recientes pusieron sobre la mesa el tema de los derechos humanos en Chile. La intención del gobierno de Bachelet de postular a la Comisión de Derechos Humanos de la ONU y la polémica detención y procesamiento del círculo íntimo de Pinochet por el escándalo de corrupción en las cuentas del Banco Riggs llevaron a gente muy distinta a cuestionar el estado del respeto a los derechos de las personas en Chile hoy. Así como parece que nos hemos estamos quedando dormidos en temas de crecimiento económico, innovación y modernización del Estado, también tenemos que recordar que el respeto a los derechos humanos no solo se limita a corregir los errores del pasado. Es más, la agenda de derechos humanos en democracia es más compleja y diversa que aquella centrada en los apremios indebidos perpetrados por agentes del Estado en dictadura. 

 

El Informe Anual sobre Derechos Humanos en Chile 2007 (IADDHH) preparado por la Facultad de Derecho de la Universidad Diego Portales demuestra que nuestro país enfrenta complejos desafíos para mejorar su desempeño en el respeto a todos los derechos humanos. Independientemente de los sesgos políticos personales de izquierda o derecha, todos podemos encontrar ejemplos de situaciones de apremios indebidos perpetrados por agentes del Estado o por civiles con la venia y el silencio cómplice del Estado. Nuestro país debe hacer mucho más para cumplir su promesa de ser asilo contra la opresión.

 

El IADDHH destaca las violaciones ocasionales y sistemáticas de las que son víctimas muchas personas que pertenecen a grupos minoritarios o vulnerables. Desde las discriminaciones contra mujeres hasta situaciones de abuso infantil, desde las restricciones a la libertad de expresión hasta nuestro trato hacia los pueblos originarios, hay muchas áreas donde nuestro desempeño dista mucho de ser ejemplar.

 

El Informe dedica un capítulo completo a evaluar la deplorable situación de las cárceles. Aquellos simpatizantes de la dictadura que comprensiblemente se ofendieron cuando fueron testigos del trato al que fueron sometidos los hijos de Pinochet encontrarán en este capítulo evidencia concluyente que allí n hubo ninguna anomalía discriminatoria. Las condiciones en que viven los miles de chilenos privados de su libertad son lisa y llanamente deplorables. La ausencia de rendición de cuentas y de transparencia que caracteriza las operaciones de Gendarmería es especialmente indignante en el contexto de escándalos de corrupción que recientemente han afectado a esa dependencia pública.

 

Es cierto que el caso Riggs está siendo juzgado bajo el sistema antiguo, por lo que la presunción de inocencia no aplica. Los Pinochet fueron arrestados sin sentencia de por medio y sin que se hubiera demostrado su culpabilidad. De hecho, al día siguiente fueron liberados bajo fianza. Pero la lentitud del sistema antiguo afecta también a miles de otras personas que sufren de similares apremios que bajo el nuevo sistema judicial penal felizmente son inaceptables. Peor aún, las condiciones carcelarias para aquellos que han sido condenados en cualquiera de los dos sistemas son deplorables y constituyen una violación sistemática a los derechos humanos (sin mencionar siquiera lo difícil que resulta imaginar la posibilidad de rehabilitación).

 

El Informe entrega evidencia preocupante y perturbadora. Nuestro país todavía vive con las heridas de las violaciones a los derechos humanos de antaño. Aunque aquellos que más sufrieron dichos apremios han gobernado por 18 años, la persistencia de condiciones estructurales que restringen el ejercicio de los derechos de muchas personas y que facilitan los apremios ilegales y la discriminación sistemática contra grupos vulnerables es simplemente inaceptable.

 

La Presidenta Bachelet correctamente ha señalado que el “nunca más” debe ser un principio nacional. Pero las violaciones a los derechos humanos no son solo una cuestión del pasado. Es verdad que la situación ahora es diametralmente distinta. Chile vive en democracia. Pero por eso mismo, los criterios de respeto a los derechos humanos deben ser cada día más estrictos y más extensos. En la medida que nuestra sociedad se desarrolla, la economía crece y la democracia se consolida, nuestra concepción de los derechos humanos debe también desarrollarse y evolucionar. El completo y meticuloso informe presentado por la Facultad de Derecho de la UDP y disponible online constituye un oportuno llamado de atención para no dormirse en los laureles. En Derechos Humanos, tenemos todavía mucho que avanzar.