El misterio de Sebastián Edwards

Patricio Navia

Revista Capital, mayo 18, 2007

 

El economista Sebastián Edwards nos entrega una entretenida y provocadora novela. En su opera prima, demuestra que sabe escribir, pero que también es capaz de contar historias cautivantes y sorprendentes por su originalidad, sus guiños a la historia política de América latina y su capacidad para adentrarse incluso en las complejidades de la acelerada vida de los ricos y famosos del siglo XXI. La gracia de leer una novela escrita por un Ph.D. en economía de Chicago, profesor titular en UCLA, influyente asesor para gobiernos del primer y tercer mundo, y voraz lector de novelas, es que el autor posee una mente enciclopédica, pero también entiende perfectamente bien, como buen profesor, que hay que ser entretenido para cautivar a la audiencia. Mejor aún, Edwards sabe que el tiempo es escaso y que los potenciales lectores tienen muchas otras alternativas para entretenerse. Edwards optimiza profundidad con buena narrativa y una trama entretenida.

 

Ya que el autor es un reconocido economista, cuya pluma usualmente produce controversias, la publicación de la novela ha atraído la atención de la prensa. El iconoclasta autor, experto en arte latinoamericano y conocedor de la literatura universal, sabía que se pondría en la tarima para recibir fuego cruzado de que todos los que tuvieran cuentas pendientes, y también de aquellos que, no conociéndolo, simplemente querían atacarlo porque su personalidad lisa y llanamente provoca. Tal vez por eso mismo, desafiando la crítica, escribió una novela donde el personaje principal es el propio Sebastián Edwards.

 

Resulta innecesario sugerir que “El misterio de las Tanias” no califica como candidata a los más exigentes cánones de la literatura en español. Además de que sólo unas pocas novelas caben en esa categoría, el evidente objetivo de Edwards era otro. Esta es una novela perfecta para un fin de semana de reposo o para un largo viaje en avión.

 

Comprensiblemente, considerando los pergaminos del autor, la novela ha provocado inmediata reacción de la crítica que usualmente ignora las novelas de autores primerizos. Pero Edwards es un primerizo que hace un crossover desde la academia y por lo tanto algunos críticos no se pudieron aguantar para echar a andar el ventilador. En una reseña en El Mercurio, Camilo Marks dejó en claro su poco rigurosa animadversión a Edwards. Más que crítica literaria, Marks se prefirió convertirse en editor de estilo y corrector de errores. Por cierto, el propio Marks demuestra que todos nos equivocamos cuando él erróneamente alega que Swissair (www.swiss.com) ya no existe o que la palabra completitud tampoco existe (se puede verificar en www.rae.es). Además, Marks peca de provincialismo cuando se burla de Edwards por usar la palabra dossieres (que no se usa en Chile, pero sí en varios países de habla hispana) o cuando ironiza sobre cómo se hace un Martini (criticando en realidad al escritor inglés Somerset Maugham).

 

Ya como crítico, Marks resume la novela como una trama que “se desenvuelve en medio de personas muy inteligentes, de ilimitados recursos, sofisticadas, que frecuentan círculos sociales y académicos exclusivos y el protagonista pretende ser muy culto y versado, en lo serio y lo popular.” Acertada descripción. Eso es precisamente lo que hace interesante esta novela. Sebastián Edwards no pretende ser Pedro Lemebel, Nicomédes Guzmán o Diamela Eltit. Lo suyo no es hacer aquella literatura que solo unos pocos iluminados pueden entender. Aquellos que quieran entender el metalenguaje y los no lugares de las construcciones discursivas de los sujetos subalternos objetificados por las sociedad líquida debieran buscar alguna otra cosa. Esta novela es para un lector que quiere distraerse de su cotidianeidad. Edwards no nos quiere demostrar que es más inteligente, sólo busca entretenernos con una historia bien narrada, cautivante y que, además, se da el lujo de jugar con elementos verídicos. Pero no hay que confundirse, esta no es una novela sobre personas cuyos nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes. Aquí, a partir de la realidad, Edwards inventa su propia versión para adultos de Alicia en el país de las maravillas.

 

Dudo que haya algún lector que vaya a sentirse defraudado al leerla. En El misterio de las Tanias, Edwards nos invita a una trama de espías, conspiraciones, crímenes, secretos, amores y aventuras seductoras. Para aquellos que nos ganamos la vida en salas de clases, oficinas, empresas, burocracias públicas, o realizando asesorías, El misterio de las Tanias será una aventura tan poco pretenciosa como una linda tarde de paseo y cine, pero así también de satisfactoria.