Coraje Moral

Patricio Navia

Revista Capital, agosto 25, 2006

 

Si bien la historia juzgará positivamente a los gobiernos de la Concertación, el legado en política educacional que nos heredará esta coalición de gobierno es claramente insatisfactorio.   

 

En una entrevista posterior a la publicación del Informe Rettig en 1991, el Presidente Patricio Aylwin dijo que al poder judicial le faltó coraje moral para defender los derechos humanos. La acertada frase de Aylwin constituyó una inapelable sanción moral para un poder del estado que lisa y llanamente falló en cumplir sus obligaciones. Hoy, después de 16 años en el gobierno, corresponde también evaluar el grado de coraje moral que ha tenido la Concertación para abordar decididamente los problemas de calidad e igualdad de oportunidades que tiene la educación chilena.

 

El complejo diagnóstico es conocido. La educación pre-escolar es insuficiente. Aunque ha avanzado en cobertura, la educación primaria y secundaria es de mala calidad. Si bien se ha invertido mucho más dinero—y se han corregido algunos errores heredados de la dictadura—los resultados no son buenos. Aún en aquellos colegios privados donde se invierte más, cuando se comparan con similares colegios en otros países, los resultados son decepcionantes. La rendición de cuentas es claramente insuficiente, desde los profesores y directores, pasando por los sostenedores de establecimientos particular subvencionados hasta los municipios y los dueños de colegios privados. En muchos establecimientos públicos, la situación es—sin usar metáforas ineptas ni paráfrasis evidentes—patética.

 

Es cierto que el gobierno ha avanzado decididamente en cobertura y en mejorar la calidad de los colegios que atienden a los más pobres. Los sueldos de los profesores han mejorado considerablemente. Durante el corto periodo de Sergio Bitar en Educación, se avanzó con nuevas iniciativas de rendición de cuentas y control de calidad. Pero Bitar fue uno de los 10 ministros que ha tenido la Concertación en 16 años de gobierno. Y la urgencia de los problemas obliga a buscar soluciones más inmediatas y más valientes. Desde Hacienda también se han hecho esfuerzos serios por mejorar la calidad a través de incentivos.

 

Pero falta más voluntad política para tomar decididamente el toro por las astas. Si hubiera tenido que someter a operación a un hijo, Bachelet hubiera buscado la mejor cirujana. Pero como se trata de hijos ajenos, la Presidenta nombra una ministra considerando la paridad de género, los equilibrios de partidos y su aversión a potenciales candidatos presidenciales. Si el futuro de los hijos de la elite concertacionista estuviera en juego, la decisión sobre a quién poner a cargo de la educación hubiera sido distinta. La educación chilena necesita entrar a la Unidad de Tratamientos Intensivos, pero al gobierno le falta coraje moral para asumir ese desafío.

 

Felizmente, diferentes iniciativas privadas están entrando a la UTI a apoyar esta lucha por rescatar niños de este sendero seguro hacia la pobreza, exclusión y frustración que representa buena parte de la educación nacional. En un reciente viaje a Temuco, tuve ocasión de aprender sobre la iniciativa de CorpAraucanía (www.araucaniaprende.cl). Dirigida por Pedro Hepp (reconocido educador nacional y pionero de la red de conexión a Internet Enlaces), esta iniciativa privada—financiada parcialmente por el sector público—busca rescatar niños de escuelas vulnerables en la región con la peor calidad de la educación del país. Aunque todos sepamos que también se necesitan reformas estructurales, las necesidades que satisface Araucaníaprende son tan urgentes que determinan el éxito o fracaso en las vidas de cientos de niños. Araucaníaprende y otros programas similares luchan vehementemente para doblarle la mano a ese destino de exclusión que hoy parece inevitablemente para miles de niños chilenos.

 

Habiendo querido pasar a la historia como el padre de las reformas económicas que transformaron a Chile, Pinochet pasó a la historia por la corrupción y las violaciones a los derechos humanos. La falta de coraje moral de la Concertación para hincarle valiente e integralmente el diente a la grave crisis educacional amenaza hoy con ensombrecer el legado de esta coalición de gobierno. A diferencia de lo que ocurrió en dictadura, cuando muchos pudieron no conocer la verdad sobre las violaciones a los derechos humanos, hoy todos sabemos que hay una crisis de la educación. No podemos ser cómplices de esa falta de coraje moral que ha mostrado la Concertación—en complicidad con la Alianza—para hacer todo lo necesario para mejorar la calidad de la educación en Chile.