Ollanta Humala

Patricio Navia

Revista Capital, #180, mayo 21, 2006

 

La mejor lección que enseña el fenómeno de Ollanta Humala en el Perú guarda relación con las verdaderas causas que provocan el rechazo al sistema. La oposición de la oligarquía nacional a compartir más equitativamente los beneficios de la modernidad inevitablemente produce la aparición de candidatos antisistema que crecen a partir de la frustración de los excluidos y marginados.  

 

La exitosa aparición de Ollanta Humala como candidato presidencial responde exclusivamente a la profunda desigualdad—de ingresos, oportunidades y también patrimonio—que persiste en el Perú. Mientras la oligarquía peruana se niegue a permitir el crecimiento y consolidación de una clase media, cada elección presidencial tendrá su propio exitoso candidato de la frustración. En tanto el lugar donde uno nace siga determinando la posición social que se ocupará en la vida, los futuros Humalas continuarán encontrando terreno fértil para su personalismo autoritarismo y resentimiento.

 

La situación actual del Perú es una película repetida. En 1990, Mario Vargas-Llosa fue derrotado por un abanderado anti-sistema que se terminó convirtiendo en el depositario de las frustraciones de una mayoría sometida por el racismo y la exclusión. El “Chino” Alberto Fujimori ganó porque representaba a los sectores marginados. Porque cholos y chinos son igualmente discriminados por una oligarquía que se niega a aceptar que el sistema de encomienda, corregidores y esclavitud se acabaron hace dos siglos, Fujimori se impuso ante el candidato mejor preparado y favorito de los demócratas liberales. A Vargas Llosa no le costó su victoria haber defendido el neoliberalismo, después de todo los peruanos entusiastamente favorecieron la sorpresiva posterior conversión de Fujimori al modelo de libre mercado. La identificación de Vargas-Llosa con una clase pudiente que insiste en mantener el retrógrado orden colonial permitió la victoria del autoritario Fujimori.

 

Cinco años más tarde—con autogolpe y nueva constitución de por medio—Fujimori volvió a presentarse como el candidato antisistema cuyos programas sociales ayudaban a millones de marginados que vivían en pobreza. Después del frustrado intento por mantenerse en el poder el 2000, las elecciones del 2001 nuevamente dieron la primera mayoría relativa a un candidato anti-sistema. El economista Alejandro Toledo logró posicionarse como la mejor alternativa ante la aspirante de la oligarquía, Lourdes Flores, y el candidato del Aprismo, el fracasado ex presidente Alan García. Porque insistió en su infortunado origen, Toledo se ganó la confianza de una mayoría de los peruanos que comparten esa condición de exclusión y pobreza.

 

No obstante, compartir la condición inicial de exclusión no asegura que, al llegar al poder, el nuevo presidente vaya a gobernar para brindar oportunidades a los marginados. Si bien sería comprensible—aunque contraproducente—que un candidato que proviene de entre los marginados opte por una política de confrontación y de agresiva redistribución de la riqueza (a la Evo Morales en Bolivia), la experiencia de Perú nos enseña que es altamente probable que, una vez en el poder, los otrora marginados terminen olvidándose de aquellos que los llevaron al poder (como Alejandro Toledo) o se apoyen en estilos autoritarios y personalistas mesiánicos (como Alberto Fujimori).

 

La popularidad de Humala—que gane o pierda seguirá siendo actor relevante en el país—se alimenta de la misma frustración que llevó a Fujimori y a Toledo al poder. Pero como el propio Karl Marx señaló, la historia se repite una vez como tragedia y luego como farsa. A diferencia de Fujimori y Toledo, Humala es hijo de una familia relativamente pudiente y se educó en privilegiados colegios privados de Lima. Aunque asegura representar a los excluidos y construye su mensaje a partir de la frustración, Humala parece mezclar el autoritarismo de Fujimori y la desorientación de Toledo: el nacionalismo autoritario sin una clara hoja de ruta.

 

Aunque resulta probable que el otrora irresponsable populista ex presidente Alan García obtenga la victoria, mientras no se solucione exitosamente el problema de la exclusión y mientras no se desarrolle una clase media que vea oportunidades de progreso y mejoras en la calidad de vida, cada elección en el Perú seguirá siendo terreno fértil para nuevos Ollantas que encontrarán en la frustración y la exclusión un inmejorable caldo de cultivo para sus fracasadas plataformas populistas y nacionalistas.