El lugar de Lagos

Patricio Navia

Capital, #172, diciembre 30, 2005

 

Aunque la principal preocupación política hoy esté centrada en la segunda vuelta, el lugar que ocupará Ricardo Lagos en el escenario político nacional a partir de marzo del 2006 dirá mucho sobre la madurez de las instituciones democráticas chilenas. Mientras menos presente esté el ex presidente más claro quedará que nuestra democracia valora más a la presidencia que a los presidentes.

 

A diferencia de lo que ocurrió con Patricio Aylwin y Eduardo Frei, Ricardo Lagos enfrenta un futuro incierto cuando deje La Moneda. Mientras Aylwin siempre supo que su único desafío sería liderar una difícil transición a la democracia, Frei tenía asegurado un escaño vitalicio en el Senado desde el primer día que dejara La Moneda. Ricardo Lagos en cambio tendrá asegurado un sueldo, pero no necesariamente un trabajo. Si bien el merecido reconocimiento internacional que posee le permitirán convertirse en un demandado conferencista—además de que ya tiene asegurado el liderazgo del Club de ex Presidentes de Madrid, un papel ad honorem en Diálogo Interamericano en Washington y algunas consultorías en temas relacionados con la reforma a la salud—Lagos no tiene aún un espacio ni un lugar en la política chilena.

 

Algunos han especulado con la posibilidad de que Lagos se aboque a reorganizar los partidos de izquierda para crear un nuevo referente progresista. Pero además del hecho que Lagos nunca gustó del trabajo partidista antes de llegar a La Moneda, resulta poco creíble que, en el caso de ganar Bachelet, La Moneda vea con buenos ojos que el ex Presidente se convierta en líder de lo que sería el principal conglomerado político del país. Porque los partidos tienen que estar cotidianamente involucrados con las iniciativas de ley y la coyuntura política, resulta poco probable que Lagos cometa la imprudencia de querer seguir ocupando un rol gravitante en la política chilena apenas abandone La Moneda.

 

Si bien resulta difícil para un ex presidente sustraerse de la política cotidiana—especialmente para uno que incluso erró el camino varias veces por involucrarse demasiado en la coyuntura—lo más saludable para los ex mandatarios es alejarse por un tiempo razonable de las cámaras y las páginas de prensa. Lagos bien pudiera aprender del modelo más exitoso de presidencialismo fuerte en el mundo, el de Estados Unidos. Una vez que dejan la Casa Blanca, los ex presidentes estadounidenses se dedican a recorrer el mundo para dar conferencias, a escribir libros y a preparar la biblioteca presidencial que lleva su nombre y que guarda los registros públicos y privados de sus periodos en el poder. Aunque en Estados Unidos los presidentes nunca vuelven al poder (incluso los que estuvieron sólo un periodo), muchos optan por expresar sus opiniones y puntos de vista cuando consideran que una situación especialmente crítica así lo amerita.

 

Por algunas señales y declaraciones que ya ha dado, Lagos parece querer seguir el modelo estadounidense. Pero además de viajar, descansar y escribir libros (cosas que ha indicado hará después del 11 de marzo), Lagos debería también abocarse a crear la primera biblioteca presidencial—de acceso público y depositaria de documentos públicos y privados de interés histórico—en Chile. Su legado, indiscutiblemente repleto de muchas más luces que sombras, merece ser preservado y seguramente será objeto de estudio en Chile y otros países.

 

Ahora bien, resulta improbable que Lagos vaya a descartar directamente la posibilidad de volver a la política para las elecciones del 2009. Porque él sabe que bien pudiera convertirse en una inmejorable carta presidencial en caso que Piñera de la sorpresa el 15 de enero o si Bachelet no realiza un buen gobierno, Lagos intentará mantener abiertas las posibilidades para el bicentenario. Precisamente para mantener vivas sus opciones, el Presidente debiera aprender de las experiencias de Aylwin, Frei, y del propio Lavín. Mientras más presentes estuvieron Frei y Lavín en la política cotidiana, menos posibilidades tuvieron de lograr ocupar nuevamente la primera magistratura. Aunque Aylwin logró convertirse en la reserva moral de la patria, sus intervenciones en la política coyuntural siempre han terminado por dañar su estatura histórica. Lagos, cuyo capital político hoy es superior al de sus antecesores cuando dejaron el poder, debiera evitar cometer el mismo error de buscar protagonismo. De paso, el ex presidente estará contribuyendo a fortalecer las instituciones democráticas. La nuestra será una institucionalidad sólida cuando la presidencia ocupe un lugar más importante que los presidentes, cuando el poder radique en La Moneda y no en sus ocupantes temporales.