Sí y No More

Patricio Navia

Revista Capital #171, diciembre 12, 2005

 

De todos los coletazos de la primera vuelta del 11 de diciembre, el más importante es el que terminó por sepultar el eje Sí-No que había ordenado la política chilena desde el plebiscito de 1988. En la medida que logre reinventarse con un proyecto de futuro, la Concertación podrá seguir en el poder hasta marzo del 2010. De lo contrario, los precarios pasos hacia la renovación que da la derecha liderada por Piñera pueden producir una gigantesca realineación electoral el 15 de enero.

 

En buena medida, la aparición y consolidación de Piñera se produjo por la decisión concertacionista de escoger a su abanderada sin celebrar primarias. Porque quería evitar el dolor del remedio democrático, la Concertación terminó sufriendo la enfermedad de las decisiones cupulares. Es verdad que Bachelet se legitimó en las encuestas (y vaya que es distinto legitimarse en encuestas que en una elección), pero la decisión de que ella fuera la abanderada concertacionista fue tomada por las elites partidistas. Bachelet misma negoció con el presidente de la DC, Adolfo Zaldívar, la incorporación de los que supuestamente representaban el centro político. Sin entender que centro no es sinónimo de DC, Bachelet pensó que al incorporar a la directiva de la falange lograría ganar votos moderados.

 

Piñera supo aprovechar la oportunidad mucho mejor que Lavín en 1999. Si bien entonces Lavín logró un 47,5% de la votación y forzó a Lagos a una segunda vuelta muy competitiva, el hecho que Lavín haya estado identificado tan fuertemente con el pinochetismo y sea militante de la UDI -partido donde el pluralismo y la diversidad no son bienes preciados- terminó por facilitar la victoria de Lagos en enero del 2000. Porque Lavín no se pudo sacar el fantasma del pinochetismo, la Concertación volvió a apoyarse en la división del Sí-No para mantener el control de La Moneda. Por eso, la votación lograda en primera vuelta por Piñera (que sumada a la de Lavín es superior a lo que obtuvo Bachelet y está muy cerca del 50%) representa una amenaza mayor para la Concertación. Sin el fantasma de Pinochet rondándole, Piñera puede lograr una mayoría absoluta de votos en enero del 2006.

 

La Concertación obstinadamente quiere reproducir el eje Sí-No. Pero como no resulta creíble, algunos sugieren una guerra sucia contra el Piñera empresario. Sin darse cuenta, la Concertación ha adoptado el mismo discurso de “yo o el caos” que tan mal le funcionó a Pinochet en 1988. Como si 16 años en el poder produjeran el mismo efecto entre dictadores y demócratas, la Concertación ha recurrido a argumentos de gobernabilidad y de descalificación de los rivales en vez de proponer proyectos de futuro e ideas innovadoras que atraigan votantes. Por contraste, Piñera se ha presentado como un candidato entusiasta, motivado, capaz de reconocer las contribuciones y aciertos de los gobiernos concertacionistas, pero también comprometido con una propuesta de futuro, todavía ambigua, pero más innovadora que la de Bachelet.

 

Es cierto que la Concertación tiene más equipos y más experiencia para gobernar. Pero el electorado chileno ya demostró una vez que, cuando es presentado con entusiasmo y dinamismo, el cambio de la alegría ya viene produce dividendos electorales.

 

Aunque algunos piñeristas están celebrando anticipadamente una victoria que parece todavía muy improbable (Piñera tiene que obtener todos los votos de Lavín y algo más para poder ganar), la verdad es que hoy hay mucha más incertidumbre sobre la segunda vuelta que en 1999. Entonces, Lavín sabía que estaba tocando su techo. El 11 de diciembre sólo quedó claro cuál era el piso de Piñera.

 

Desafortunadamente para Piñera, Bachelet tiene una mejor opción de ganar el 15 de enero. Porque la Concertación obtuvo más votos en la contienda parlamentaria, porque la economía anda bien, porque el presidente Lagos es enormemente popular y porque, después de todo, Bachelet quedó sólo a 4,5% de la mayoría absoluta, el escenario más probable para marzo es una toma de poder de Bachelet. Pero en tanto siga tratando de construir su victoria en base al eje Sí-No, más posibilidades le da la Concertación a Piñera de dar la sorpresa. Mejor aún, independientemente del resultado final de la segunda vuelta, la derecha ahora tiene la hoja de ruta para entrar exitosamente en La Moneda: un discurso moderno de futuro y oportunidades liderado por hombres y mujeres libres del pesado legado de la dictadura de Pinochet.