Nicolás Eyzaguirre

Patricio Navia

Revista Capital, #163, agosto 27, 2005

 

Si bien debe estar orgulloso de ser uno de los ministros de hacienda más exitosos de los últimos 30 años, Nicolás Eyzaguirre necesita eludir ser víctima del karma que afectó a sus exitosos predecesores. Porque ningún titular de hacienda ha logrado descender desde Teatinos 120 hasta la primera magistratura, Eyzaguirre sabe que la mejor forma de alzarse sobre los hombros de sus antecesores en los libros de historia será convirtiendo su enorme capital y liderazgo político actual en una plataforma de lanzamiento para la presidencia.

 

Bien pudiera ser que Eyzaguirre termine, al igual que Büchi, Foxley y Aninat, resignado a la idea que los ministros de hacienda difícilmente logran ser nominados candidatos presidenciales (y scuando lo son, no pueden ganar una elección). Pero sus recientes intervenciones—incluida su virtual auto-proclamación presidencial en La Tercera el domingo 21 de agosto—dejan claro que Eyzaguirre no quiere que sus 6 años en Hacienda se conviertan en su legado público más importante. Ya que el retiro obligado es una maldición para un tecnócrata que se siente atraído por la política, Eyzaguirre debe diseñar una salida exitosa para su predicamento actual. Si bien Ricardo Lagos se puede retirar de la vida pública rodeado de reconocimientos, Eyzaguirre quedará con un gusto amargo si su carrera pública termina en marzo del 2006 o entra en una curva de declinación similar a la que afectó las trayectorias públicas de sus predecesores. Peor aún, ya que sus ambiciones presidenciales han crecido en la medida que la economía se fortalece y su poder en el último gabinete de Lagos aumenta, el desafío de Eyzaguirre se torna más complejo.

 

Porque Interior es la única cartera ministerial más poderosa que Hacienda, Eyzaguirre pudiera pensar que su siguiente nombramiento debiera ser en la jefatura de gabinete de Bachelet. Pero ya que resulta más probable encontrar el camino a una candidatura presidencial desde un ministerio sectorial (Educación y Obras Públicas en el caso de Lagos y Salud y Defensa con Bachelet), Eyzaguirre bien pudiera pensar que para llegar a la cumbre a veces es necesario un retroceso táctico. Aunque resultaba inconveniente opinar sobre posibles nominaciones a un posible gabinete de Bachelet, Eyzaguirre dejó entrever en su polémica entrevista en La Tercera que sus aspiraciones presidenciales bien pudieran llevarlo a buscar un puesto alternativo en el cuatrienio de Bachelet.

 

Ahora bien, ya que las especulaciones sobre sus planes ocupan tanto espacio en las páginas políticas como sus discusiones sobre las políticas macroeconómicas lo hacen en las secciones financieras, Eyzaguirre ha demostrado convertirse también en un importante actor político. Mucho más que Büchi, que nunca pareció demasiado convencido de sus aspiraciones presidenciales, o que Foxley, que evidentemente erró el camino al pretender llegar a La Moneda por el mismo sendero que tomó Frei Ruiz-Tagle, Eyzaguirre ha demostrado habilidades políticas inusuales en tecnócratas.  

 

Pero si su personalidad avasalladora y su tendencia a emitir opiniones fuertes le han granjeado respeto de empresarios y la opinión pública, también podrían costarle caro cuando se la juegue por entrar a la arena política. Si bien muchos políticos valoran que el titular de hacienda entienda de política, pocos aprecian que desde Teatinos 120 emerja un contrincante por la primera magistratura. Por eso, muchos de los que otrora celebraron sus diatribas contra los empresarios pronto alegarán que “El Nico” es un vociferante e irreflexivo candidato. Por otro lado, muchos empresarios que hoy lo alaban inevitablemente se decepcionarán cuando Eyzaguirre tenga que abandonar algunas de sus posturas pro-mercado para concitar apoyos en una coalición de gobierno donde muchos todavía dudan del “mercado cruel.”

 

Naturalmente, la peor forma de iniciar una difícil conquista de la nominación presidencial del PPD y luego de la Concertación es a través de un anuncio a destiempo en el periódico. Pero al reconocer sus aspiraciones, Eyzaguirre intenta evitar seguir el camino de Büchi y Foxley que, después de ser brillantes ministros de hacienda, no lograron encontrar la fórmula mágica que les permitiera ocupar el sillón presidencial. Si la economía y su hábil manejo político juegan a su favor, su impaciencia y ambición excesiva son sus principales contrincantes. Pero de todos los titulares de Hacienda de los últimos 30 años, Eyzaguirre es el que sale con el mejor capital político de su pasada por Teatinos 120.