La culpa no es del chancho

Patricio Navia

Capital, #162, agosto 12, 2005

 

La creciente preocupación que existe sobre la calidad de los legisladores que compondrán el Senado a partir del 2006 subraya una de las grandes debilidades de nuestra democracia. En tanto falte transparencia y competencia tanto en la selección de candidatos como en el proceso electoral, no debiera sorprendernos que el Senado esté repleto de vociferantes operadores expertos más en máquinas partidistas que en profundos debates sobre los méritos de las leyes.

 

Para llegar a ser parlamentario en Chile hay que superar dos barreras. Una de ellas es la restricción que impone el sistema binominal, que determina que cada distrito y cada circunscripción electoral escojan dos escaños. Este sistema de representación proporcional tiende a premiar excesivamente a la coalición que obtiene el segundo lugar. Hay tres formas de alcanzar un escaño en el sistema binominal. El candidato puede ser la primera mayoría individual en la lista más votada. El candidato puede salir primero en la segunda lista más votada del distrito, siempre que la lista más votada no obtenga más del doble de votos de la segunda lista. La tercera forma es que el candidato puede salir segundo en su lista, pero si los votos de su lista son más del doble (doblaje) que los votos de cada otra lista, dicho candidato es ‘arrastrado’ a la victoria. Correctamente, el sistema ha sido criticado por privilegiar al segundo partido que más votos obtiene (aunque el partido mayoritario también se beneficia marginalmente) y por castigar a los partidos/coaliciones minoritarias.

 

Pero la segunda barrera que deben superar aquellos que desean ser parlamentarios es menos conocida y bastante más compleja. Los aspirantes deben lograr ser nominados por sus partidos y ratificados por sus coaliciones para poder ser candidatos. Ese proceso, que se lleva a cabo previo al cierre de las inscripciones (11 de septiembre del 2005, en este caso), está repleto de negociaciones al interior de partidos y coaliciones. Ya que casi siempre tiende a ser el caso que hay más aspirantes que cupos disponibles, los partidos deben decidir quiénes lograrán finalmente ganar la nominación partidista. Luego, las negociaciones se trasladan a las coaliciones. Esto es particularmente complejo en el caso de la Concertación. Compuesta por 4 partidos, la Concertación debe negociar en qué distritos se omitirán algunos partidos para lograr presentar una lista única con dos candidatos por distrito. Esa negociación es la que actualmente está produciendo el espectáculo de amenazas, y acusaciones sobre despreocupación por los equilibrios y otros términos que no son sino metáforas para disfrazar intenciones de garantizar escaños a cada partido.

 

El término más en boga actualmente es el de “blindaje.” Utilizado por la coalición derechista en las parlamentarias del 2001, describe situaciones en que todos los otros partidos de una coalición se omiten a favor del partido ‘bindado’ en un distrito respectivo. La bajada del RN Sebastián Piñera en la Quinta Región (Costa) a favor del entonces Almirante Arancibia permitió que el candidato UDI llegara con el cupo casi seguro a la elección. Los electores de la Derecha no tenían posibilidad de escoger porque los partidos habían tomado la decisión por ellos. Hoy la Concertación quiere seguir el mismo procedimiento. Los 4 partidos oficialistas están negociando para evitar que sean los electores los que determinan cuál será el peso relativo de cada partido en cada cámara.

 

Ya que el binominal limita la competencia después que se deciden las listas de candidatos, las coaliciones tienen incentivos para negociar los escaños antes que la gente vote. Un sistema electoral más competitivo que otorgue a los ciudadanos la capacidad de decidir quién gana y quién pierde en cada distrito obligaría a las coaliciones a presentar sus mejores candidatos, evitando las negociaciones de pasillos y los blindajes. Pero mientras mantengamos el binominal, los partidos reaccionarán inteligentemente a los incentivos del sistema y negociarán, meses antes de las elecciones, los escaños del próximo congreso. Después de todo, los partidos hacen lo que cualquier persona inteligente y astuta haría, reducir el riesgo y protegerse contra la incertidumbre (en este caso, la incertidumbre electoral). Los blindajes que probablemente se den en las listas parlamentarias que se inscribirán en menos de un mes son producto de los incentivos del sistema electoral. La culpa no es del chancho sino de quién le da de comer.