Derecha sin líderes

Patricio Navia

Revista Capital, #161, julio 29, 2005

 

De todas las conclusiones posibles de la reciente encuesta CEP, la más preocupante para la derecha es el alto rechazo que producen sus dos candidatos presidenciales. En tanto no emerjan líderes que cautiven votantes moderados e independientes, la Derecha seguirá condenada a ser oposición. Lo que es peor, nuestra democracia no se fortalecerá mientras haya solo una coalición que puede aspirar creíblemente a ocupar La Moneda.

 

De acuerdo al sondeo del Centro de Estudios Públicos, el 57% de los chilenos tiene decidido no votar por Joaquín Lavín. Un 55% está determinado a no votar por Sebastián Piñera. Contrario a varios pronósticos, éste fue el único empate técnico relevante entre los dos candidatos. Es verdad que las campañas pueden revertir preferencias y cambiar tendencias. Pero el alto rechazo que recibe Joaquín Lavín después de varios años en campaña y la automáticamente elevada resistencia que produjo Sebastián Piñera cuando entró a la carrera presidencial evidencia que la Derecha chilena tiene profundos problemas de imagen.

 

Mientras peor le va a la Derecha, inevitablemente mejor le va a la Concertación. Además de la impresionante popularidad del presidente Lagos y de su gobierno, la coalición de gobierno parece fuente inagotable de figuras políticas populares. Sin contar a Michelle Bachelet, cuya popularidad contradice todos los pronósticos de agotamiento de la Concertación y de deseos de cambio que parecían haberse instalado en el país después de la campaña presidencial de 1999, la Concertación parece ser el mejor semillero de líderes populares del país. De los 10 personajes mejor evaluados en la encuesta del CEP, 9 son militantes de partidos de la Concertación. Por cierto, Sebastián Piñera es el líder derechista mejor evaluado. Pero más que celebrar, Piñera debe entender que su posicionamiento solo evidencia el pésimo desempeño que han tenido los otros líderes derechistas. No por nada, más de la mitad de los electores parece haber decidido no votar por Piñera sin siquiera darle el beneficio de la duda. Un candidato que aún no participa en un debate presidencial no debería generar el rechazo automático que produce el empresario político. Pareciera ser que uno de los problemas de Piñera es precisamente ser un líder de la Derecha. De los quince personajes peor evaluados en la encuesta CEP, 12 son de la Alianza (los otros son Tomás Hirsch, Camilo Escalona y Adolfo Zaldívar).

 

Aunque algunos en la Derecha dudan entre tirar la toalla cinco meses antes de la contienda presidencial o incluso en explorar la posibilidad de encontrar un nuevo abanderado, lo cierto es que ambas estrategias desconocen que el problema de fondo de la coalición derechista seguirá existiendo después de la contienda presidencial. Por más que se decida a aprovechar el sistema binominal para mantener un poder de veto efectivo en el parlamento, la Derecha no podrá cumplir adecuadamente su rol de oposición si no encuentra un líder capaz de transformarse en un prospecto presidencial creíble—no sólo por voluntad personal sino también por aprobación en las encuestas—para el sector.

 

En los últimos treinta años, sólo dos líderes de la derecha han sido capaces de concitar suficiente apoyo popular como para aspirar a ganar una elección nacional, Augusto Pinochet y Joaquín Lavín. Pero mientras Pinochet es justificadamente cada vez rechazado con más fuerza en el país (aunque es incuestionablemente el padre del Chile actual, el suyo fue un gobierno que mató y robó), el atractivo de Joaquín Lavín parece haberse agotado antes de tiempo. Como si el error histórico de los líderes de derecha fuera no aprovechar adecuadamente su mejor momento, Pinochet no supo cuándo retirarse de la política. A su vez, no entendiendo que debía tomarse un respiro después de la elección de enero del 2000, Lavín optó por hacer campaña permanente durante todo el sexenio de Lagos.

 

Contrario a lo que sugieren algunas personas comprensiblemente preocupadas por la falta de ideas y por el envejecimiento de la Concertación, la democracia no consiste en la alternancia programada en el poder. Pero la democracia si precisa que existan cuando menos dos coaliciones que, en cada elección, aspiren creíblemente al apoyo de una mayoría del electorado para ganar el gobierno. En tanto la Derecha siga produciendo líderes que generen tantos anticuerpos, nuestra democracia seguirá incompleta. Por eso, más que la defensa del legado autoritario (en particular del sistema binominal), el peor daño que hoy hace la Derecha a la consolidación democrática es su incapacidad de presentar candidatos presidenciales que provoquen más adhesión  que rechazo.