Sensacionalismo LUN

Patricio Navia

Capital, #149, enero 28, 2005

 

Gracias al éxito en ventas y visitas en Internet, Las Últimas Noticias se ha convertido en la estrella de la prensa nacional. A diferencia de su hermano mayor El Mercurio, LUN no intenta ni convertirse en referente serio para la política y la economía, ni adhiere estrictamente a los estrictos principios éticos propios de los periódicos que buscan escribir cotidianamente la historia del país. Ya que la clase gobernante chilena ha logrado mantenerse relativamente ajena a escándalos y libre de violencia verbal propia de países vecinos y de otros momentos de nuestra historia, las libertades creativas, hiperbólicas e incluso poéticas que se permite LUN para cubrir eventos políticos debieran ser interpretadas como evidencia de la buena salud de nuestra democracia.  

 

Por cierto, parte del éxito de LUN se debe a que su función principal no es informar, sino entretener. De ahí que sus noticias—aunque toquen asuntos serios e importantes—siempre vengan con un componente de creativa farandulización. Esto aún a costas de modificar las declaraciones de las personas o añadir antojadizas hipérboles para darle mayor dramatismo a eventos políticos o económicos que son, reconocida y felizmente, menos extravagantes que los que caracterizan la cotidianeidad de la televisión y de la verdadera y auténtica farándula nacional. Para muestra, un ejemplo (muy personal) de la manipulación a menudo inofensiva que realiza LUN. En nota aparecida el martes 9 de noviembre del 2004 el periódico titulaba: Contundente vaticinio de Patricio Navia: Este será un verano caliente. En la nota aparecía el siguiente diálogo:

 

“Periodista: De todas maneras, el verano promete ser movido...

Navia: Enero va a ser caliente, aunque desde hace tiempo ha sido así. El 2000 hubo elecciones presidenciales. El 2002 hubo cambio de gabinete. El 2003 estaba el escándalo de las coimas. El 2004 era el escándalo Spiniak. Ahora será la carrera presidencial. Febrero, en cambio, seguirá siendo un mes tranquilo.”

 

Cuando un amigo me advirtió que me estaba pasando de la raya con mis analogías térmico-sexuales (“te LUNizaste”, fueron sus palabras), me preocupé. Como la entrevista fue realizada por Internet, revisé los registros y encontré que la pregunta del periodista había sido distinta: “Finalmente, ¿presagias un verano más movido de lo normal en tema electoral-político? ¿Enero puede ser realmente caliente?” Aunque la referencia a lo ‘caliente’ había sido en respuesta a una pregunta del periodista, la entrevista publicada hacía parecer que la metáfora era de mi autoría.  Nada grave, es cierto, pero la práctica es éticamente cuestionable y potencialmente mal informativa. En este año de contienda presidencial que se anticipa muy disputada, más de algún candidato presidencial (o parlamentario) bien pudiera pagar costos electorales si a sus respuestas se les cambia la pregunta en aras de hacer la nota más entretenida.    

 

Felizmente, pese a aislados escándalos recientes, la política chilena ha estado caracterizada por la moderación y la razón, con crecientes grados de tolerancia. Los líderes políticos han logrado construir un ambiente de diálogo y pluralismo. La política chilena, pese a los notables esfuerzos de LUN por descubrir fogosos conflictos, es aburrida y técnica. Eso habla bien de nuestro sistema. Comprensiblemente, las temporadas electorales se caracterizan por un aumento en el entusiasmo verbal y en las descalificaciones a los rivales. El nerviosismo y el justificado anhelo por diferenciarse, destacar las debilidades de los rivales y las fortalezas propias a menudo llevan a candidatos—y sus aliados—a recurrir a ocasionales golpes bajos para sacar ventajas. Cuando eso empieza a ocurrir, la falta de ética periodística sólo puede contribuir a avivar innecesarios fuegos.

 

Por eso, la próxima vez que usted lea un titular en LUN tipo La dramática noche en que Piñera agachó el moño ante Joaquín Lavín recuerde que más que noticia, está usted leyendo creativas variantes faranduleras que pretenden captar la atención de lectores acostumbrados a conflictos y peleas del mundo del espectáculo. En la medida que esos conflictos y peleas no se filtren al ámbito político, todo bien. Pero si de pronto los exabruptos verbales propios de la farándula se popularizan en el ambiente político—a la Lorenzini—entonces los titulares de LUN nos recordará la violencia verbal del celebrado pasquín Puro Chile antes del golpe militar. Y ahí esta moda dejaría de ser chistosa y comenzaría a convertirse en algo bastante más preocupante.