APEC y las relaciones internacionales

Patricio Navia

Revista Capital #144, Noviembre 5, 2004

 

Aunque la cumbre de la APEC a celebrarse en dos semanas más en Santiago represente uno de los logros más importantes de nuestras relaciones internacionales en los últimos años, las tensiones que se han suscitado con países vecinos en estos dos últimos años lamentablemente opacan los éxitos en política internacional alcanzados durante el sexenio Lagos.

 

Una buena forma de evaluar los gobiernos es utilizando la memorable pregunta que planteara Ronald Reagan en el debate presidencial de Estados Unidos en 1980: ¿Está usted mejor ahora que hace 4 años?  Naturalmente, la pregunta era capciosa. En general la situación mundial había empeorado durante el cuatrienio de Jimmy Carter, y aunque el demócrata tenía cierta responsabilidad y había cometido errores, era injusto atribuirle toda la responsabilidad de los problemas por los que entonces pasaba Estados Unidos. Pero así como los presidentes a menudo se atribuyan la responsabilidad por logros que no les pertenecen, la opinión pública los hace responsables por errores y complicaciones que tampoco les pertenecen.

 

Si utilizamos ese criterio para evaluar la política exterior de la administración Lagos, la respuesta es inequívoca. Chile está hoy peor que hace 6 años en la relación con nuestros vecinos más cercanos. Es cierto que Chile ha logrado avances notables en sus relaciones internacionales con países distantes. Desde los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos, Europa y Corea del Sur hasta un celebrado y respetado desempeño en el Consejo de Seguridad de la ONU, Chile es reconocido en el mundo como una nación seria, digna y crecientemente democrática. El presidente Lagos es, a todas luces, el mandatario latinoamericano actual más respetado y admirado en el mundo. De hecho, si tuviera que crearse una lista Top-10 de presidentes de América Latina de los últimos 20 años, Lagos probablemente estaría fácilmente entre los nominados.

 

Pero los logros evidentes en política exterior de este gobierno se han visto severamente limitados por importantes retrocesos en nuestras relaciones con países vecinos. Las relaciones con Bolivia, Argentina y Perú son menos que cordiales. Que duda cabe. Algunas de las complicaciones son responsabilidad directa de la utilización por parte de presidentes vecinos de la política bilateral para lograr beneficios domésticos. Pero en buena medida esos políticos han logrado convertir las críticas a Chile en chivo expiatorio de sus propios errores y desaciertos porque Chile no ha sabido convertir su éxito internacional en una herramienta para construir mejores relaciones con nuestros vecinos. Como si aquella ambiciosa propuesta de Joaquín Lavín a fines de los 80 de dejar atrás a Latinoamérica para acercarnos a Europa y al Asia Pacífico se hubiera convertido en el hilo conductor de la política exterior concertacionista, Chile no se animó a convertir la relación con nuestros vecinos en una prioridad de su política exterior. En esto comparten responsabilidad Patricio Aylwin, Eduardo Frei y Ricardo Lagos.  Es cierto que es difícil identificar cosas que se hayan hecho abiertamente mal, pero es fácil imaginar una serie de iniciativas que, de haberse realizado, habrían contribuido a mejorar la imagen de Chile ante la opinión pública de nuestros vecinos. Más que buscar forjar buenas relaciones con las autoridades políticas de nuestros vecinos países, tal vez hubiera sido más beneficioso intentar ganarnos el corazón de la opinión pública de esos países.  De haber logrado eso, cualquier intento irresponsable de algún político de un país vecino por convertir a Chile en el chivo expiatorio hubiera fracasado al no encontrar eco en una población que nos hubiera visto como un país verdaderamente amigo.

 

Ahora que el sexenio del presidente Lagos se acerca a su fin y nos preparamos para escuchar y recibir propuestas de los aspirantes presidenciales, sería útil que la visión de política exterior que ofrezcan incluyan iniciativas específicas destinadas a mejorar el nivel de aprobación del que goza Chile ante la opinión pública de las naciones vecinas. En la medida que nuestro país logre añadir aprecio y estima a los sentimientos de respeto que inevitablemente producen los éxitos económicos y sociales y la consolidación democrática del país, los logros en política exterior podrán abarcar no sólo las naciones más distantes sino también a nuestros vecinos más cercanos.