Transparencia en las giras

Patricio Navia

Capital #140, septiembre 10, 2004

 

Cuando los medios de comunicación envían periodistas a acompañar las giras de los políticos, la opinión pública debiera saber si los costos de enviar corresponsales han sido cubiertos por el medio de comunicación o, como generalmente ocurre, por los políticos interesados en que la prensa cubra sus actividades en el exterior.

 

Una de las falencias más importantes de nuestra democracia es la falta de transparencia sobre el financiamiento de la actividad política. Aunque se han adoptado tímidas medidas que buscan reducir las asimetrías de información entre lo que sabe la gente y lo que saben los políticos y los donantes respecto a quién paga las campañas, nuestro país dista mucho de lograr los niveles de transparencia propios de las democracias consolidadas.  Ya que resulta molesto e incluso vergonzoso para muchos chilenos discutir asuntos de plata, a menudo la gente no se anima a preguntar la más básica de todas las preguntas ¿de dónde saca usted la plata para sus anuncios y los regalos que nos hace a la hora de pedir nuestro voto? En la medida que se desarrolle una cultura más inquisitiva respecto a quién financia las campañas, la calidad de la política y de las políticas públicas inevitablemente mejorará.

 

Pero el problema de la transparencia en la política también alcanza la compleja relación entre los políticos y los medios de comunicación. Especialmente cuando están en campaña, muchos políticos realizan viajes al exterior para diferenciarse de sus rivales y para aparecer en la prensa como líderes innovadores, creativos y respetados en el exterior. Pero como necesitan cobertura periodística para promover sus viajes, los políticos a menudo ofrecen cubrir los costos de los periodistas que viajan a cubrir las giras.

 

Naturalmente, esta oferta no es desinteresada. Al pagar ellos mismos las cuentas, los políticos aumentan las posibilidades que sus giras sean cubiertas por la prensa. Pero también se producen potenciales conflictos de interés para los periodistas-enviados especiales. ¿Qué tan independiente puede ser un periodista a la hora de informar los verdaderos impactos del político en el país visitado si sus gastos están siendo pagados por el mismo político? ¿Qué tan fuerte es la presión tácita de los políticos cuando los periodistas saben que la calidad de los hoteles, las comidas y los viáticos—además de invitaciones futuras—dependen de que exista una cobertura favorable del viaje?

 

Ahora bien. Muchos periodistas y muchos medios no son susceptibles a estas influencias y de todas formas se animan a cubrir de forma objetiva—y a menudo crítica—las giras. Pero ya que los políticos aprenden rápidamente a distinguir a los periodistas y a los medios permeables a las presiones. Aquellos que no se dejan influenciar simplemente no son invitados a las siguientes giras. De esta forma, los políticos, los medios y los periodistas permeables terminan conformando una triple alianza que deshonra la labor informativa y se convierte en una mera arma de campaña publicitaria y electoral.

 

Muchos medios comprensiblemente argumentan que de no recibir subsidios para costear los costos que implica enviar a un periodista a una gira de un político simplemente no podrían enviar a nadie a cubrir ninguna gira. Desde esta perspectiva y suponiendo altos valores éticos de los periodistas y los medios, podría ser incluso comprensible (aunque no exento de desafíos éticos y consideraciones de pudor) permitir a los políticos subsidiar los costos de los periodistas que cubren las giras. Pero lo éticamente correcto sería que los medios de comunicación informaran a la opinión pública cada vez que este hecho ocurre. Así, serán los propios consumidores de los medios de comunicación los que podrán decidir qué tan independiente, desinteresada y objetiva es la información que están recibiendo.

 

Aunque la prensa ha colaborado en demandar más transparencia en el mundo de la política, sería también conveniente que los medios de comunicación contribuyeran a producir más transparencia en los ámbitos en que ellos interactúan con el mundo político. Sólo así podremos avanzar más decididamente en la construcción de una democracia más sólida y más institucional, donde las opacidades y las asimetrías de información dejen de perjudicar a la opinión pública y dejen de favorecer a aquellos que ya ostentan mayor poder e influencia.