Votación Obligatoria y Servicio Militar

Patricio Navia

Revista Capital #135, Julio 2, 2004

 

La sorpresiva oposición de muchos concertacionistas a la propuesta presidencial de automatizar la inscripción electoral y eliminar la obligatoriedad del voto demuestra tanto una profunda contradicción con los principios libertarios que dicen defender así como inconsecuencia con sus posturas opuestas a la obligatoriedad del servicio militar.

 

La Concertación nació articulando la justa demanda del sufragio universal como único mecanismo legítimo para la selección de las autoridades. Fue ante la aplastante fuerza de la dictadura que se reencontraron los demócratas para facilitar el retorno de un sistema de gobierno legitimado por la voluntad popular. Luego de la victoria en el plebiscito de 1988, en condiciones muy adversas, los defensores de la democracia negociaron muchas concesiones con la saliente dictadura y con sus apologistas para facilitar una transición ordenada. Por eso aceptaron flagrantes distorsiones a la voluntad popular, como los senadores designados y el sistema binominal (que garantiza casi a la perfección un duopolio en el legislativo, independientemente de la voluntad popular).

 

Después de 15 años en el poder, muchos en la Concertación han olvidado sus ideales originales. Además de aceptar la indigna posición de senador designado y demostrarse sólo pasivamente inconformes con un sistema binominal que les ha permitido a los partidos controlar, casi a la perfección, los nombres de los legisladores, muchos ahora menosprecian el objetivo de facilitar las condiciones para el sufragio universal.

 

La razonable propuesta del presidente Lagos eliminaría las barreras que han contribuido a que más de 2,5 millones de chilenos no ejerzan su derecho al sufragio. Aunque nada garantiza que eso vaya a aumentar automáticamente el número de votantes, el ideal del sufragio universal se torna al menos una posibilidad cuando todos pueden ejercer ese derecho. Con inscripción automática, los candidatos se verán obligados a abandonar a las clientelas cautivas que han cultivado por años para buscar agresivamente convencer a un mercado mucho más grande de potenciales clientes. Al automatizar el proceso se introduce un saludable elemento de incertidumbre al mercado electoral. Esa incertidumbre necesariamente redundará en una competencia más agresiva entre candidatos y obligará a los legisladores ya electos a trabajar más para mantener sus trabajos después del 2005.

 

Naturalmente, con inscripción automática y sufragio voluntario, la incertidumbre sobre el comportamiento electoral de los chilenos no sólo incluirá a los que hoy no están inscritos. Los que ya están en el padrón podrán decidir voluntariamente entre votar y no hacerlo en cada elección. La certeza que hoy poseen los legisladores y los partidos sobre sus mercados cautivos también se verá negativamente afectada por la incertidumbre asociada con la eliminación de la obligatoriedad del voto. Como nadie sabe quién terminará votando si hay inscripción automática y sufragio voluntario, las relaciones clientelares que hoy existen se debilitarán. El mayor dinamismo en el mercado electoral obligará a trabajar más duro para ganarse la confianza de un electorado más numeroso y más libre.

 

En ese contexto, resulta comprensible que los legisladores, motivados por su interés de mantener sus puestos y sus aspiraciones colectivas de proteger la gigantesca capacidad de distorsionar la voluntad popular heredada del sistema electoral de la dictadura se opongan a la voluntariedad del voto. Pero al ser incapaces de enunciar públicamente sus verdaderas razones, argumentan que la votación es un deber y no un privilegio. Además de cuestionable, ese argumento es contradictorio con las posturas libertarias que mantienen hoy en otros temas de alto interés público. Lamentablemente, la loable oposición de muchos legisladores concertacionistas al servicio militar obligatorio es inconsecuente con la defensa que concurrentemente hacen de la votación obligatoria. Para ser consecuentes con sus posturas a favor de una mayor libertad de los individuos debieran, además de favorecer la voluntariedad del servicio militar, abogar también por la voluntariedad del voto. Al no hacerlo, no sólo avergüenza su oposición a otorgar mayores libertades y derechos a las personas sino que también exaspera la evidente contradicción en que caen sus interesadas posturas cuando las disfrazan de argumentos objetivos en defensa de posturas antilibertarias y excluyentes.