Te andan buscando, Andrés Allamand

Patricio Navia

Capital #130, abril 9, 2004

 

El verdadero golpe de timón en la derecha fue el retorno de Andrés Allamand a las altas esferas del poder. El líder histórico de la derecha liberal tiene en su bolsillo las llaves para la victoria de Joaquín Lavín el 2005. Pero tener ese poder sin ser del núcleo lavinista duro es sumamente peligroso. Sus adversarios UDI ansían deshacerse de él para controlar su propio destino. Por eso que esta alianza con aquellos que intentaron destruirlo en 1997 evidencia tanto lo arriesgado de su maniobra como la debilitada posición de Lavín.

 

Su cabeza también tiene precio en RN. Aunque muchos nos apuramos en señalarlo como traidor, una reflexión de cabezas más frías exculpa a Allamand. Atinadamente, él siempre dudó del proyecto Piñera, cuyo objetivo era el fortalecimiento de la persona del renunciado presidente a costa incluso de RN. Pero aún así, al darle piso a Lavín para descabezar RN, Allamand dejó un sabor a traición en muchos liberales que veían en Piñera una alternativa imperfecta para evitar el control hegemónico de la UDI en la derecha. Allamand tendrá que convencerlos que sigue creyendo en una derecha liberal, tolerante, plural y respetuosa de sus adversarios. En su favor juega su impecable récord democrático y la ampliamente compartida convicción que Allamand no empeña su palabra con liviandad. Pero en su contra están los poderes fácticos, los gremialistas duros y el propio Piñera.

 

Aunque Piñera esgrima motivos para sentirse traicionado, su obsesión en convertir a RN en su caballo personal de batalla le dan a Allamand el beneficio de la duda cuando alega que intentó salvar el proyecto de un partido de derecha liberal. Pero para construir partido primero hay que construir confianzas. Será difícil generar confianzas al interior de un partido balcanizado donde hay muchos más leales a la UDI que al proyecto liberal de derecha y donde otros temen que Allamand sólo logró demorar el golpe mortal UDI al proyecto de derecha liberal. Si Allamand debe evitar que sus adversarios de la UDI acaben con él, su desafío en RN es aún mayor: debe convencer a sus correligionarios a trabajar junto a él.

 

Allamand inició una peligrosa intervención quirúrgica. Aunque sus posibilidades de éxito son mínimas, su decisión respondió a la urgencia de la crisis de RN. Aunque al final puede que no la salve nadie, su intervención ha permitido a RN seguir respirando. Para el resto del país, la épica batalla de Allamand no es irrelevante. De su capacidad de convencer a la UDI que la derecha debe ser plural, tolerante e incluyente depende nuestra fortaleza institucional. La naturaleza estalinista, elitista y excluyente del gremialismo hace cojear a nuestra democracia. De triunfar en esta difícil hazaña, Allamand evitará que la tentación por la vía del camino propio que seduce al gremialismo lleve a Lavín al sendero de la derrota en diciembre del 2005 o, peor aún, lleve a Chile por el sendero del integrismo, la intolerancia y la exclusión.