El hombre del año

Patricio Navia

Revista Capital #124, diciembre 30, 2003

 

Porque dio que hablar al comenzar y al terminar el año, y porque se convirtió en el principal símbolo de la derecha chilena, Pablo Longueira es el hombre del año. Agresivo y dinámico, punzante y entusiasta, el presidente del partido UDI nos mostró lo mejor y lo peor de nuestra clase política en estos doce meses.

 

Me había prometido escribir algo destacando los avances del 2003, pero después de leer el libro de Longueira, cambié intempestivamente el tema de mi última columna del año. Sé que cometo un error. Estoy escribiendo de la misma forma que se hace mala política, con la cabeza caliente. Las columnas meritorias son siempre resultado de reflexión. Esta me sale del alma, como cuando Longueira actúa en forma visceral. Es comprensible, pero no aconsejable. Los pocos que pongan atención al exabrupto justificadamente dudarán de mi criterio al no pensar antes de actuar.

 

Además de ser abiertamente mesiánico, el libro en cuestión está lleno de textos de otras personas. Para decir lo que tenía que decir, Longueira podría haber dado una entrevista a un diario. De las 339 páginas, menos de 110 corresponden a textos inéditos suyos. El resto es colección de discursos, testimonios y sermones de políticos y religiosos. La lectura, para agnósticos, ateos o los que queríamos leer sus opiniones se hace rápida y fácil, pero no novedosa ni provocadora.

 

Pese a insistir hasta ser agotador en lo del montaje de la izquierda, no entrega ninguna evidencia que justifique su acusación. Desautorizada incluso por otros líderes UDI, esta tesis es tan inverosímil como las acusaciones contra los senadores gremialistas. Pero creyendo que la opinión pública ya sentenció a los parlamentarios, Longueira alimenta, como lo hizo anteriormente para las acusaciones sobre consumo de drogas en el parlamento, las teorías conspirativas.

 

Así y todo, lo único que ha logrado hasta ahora el diputado es convertir a Plan B en una revelación periodística. Ningún proyecto alternativo de periodismo ha recibido un empujón tan poderoso como el que los reconocidamente poderosos e influyentes líderes UDI han dado a Plan B. Ya quisiera cualquier pasquín inicialmente destinado al fracaso tal campaña publicitaria gratuita. Gracias a Longueira todos lo conocemos, sin que hayan gastado un peso en publicidad. Por cierto, el gran desafío para Plan B es hacer periodismo investigativo serio para aprovechar la campaña de posicionamiento de marca liderada por el presidente UDI.

 

Aparte de defender la tesis del montaje, Longueira solo confirma la naturaleza de despotismo ilustrado que ha acompañado a la UDI desde su creación: “un partido de amigos con una causa común: ser servidores públicos para hacer de Chile el gran país que merece ser, por el bien de todos sus habitantes, en especial de los más pobres.” Todo por el pueblo, pero sin el pueblo.

 

Si a fines de enero Longueira lideró, contra los escépticos de su partido, una iniciativa para colaborar con el gobierno en pasar legislación para dejar atrás el escándalo de coimas y sobresueldos, a fines de año Longueira se animó, contraria a la opinión de los UDI moderados, a realizar una defensa corporativa, agresiva y éticamente cuestionable de los dos senadores UDI acusados, sin evidencia de por medio, de participar en la red de pedofilia. Cuando en enero actúo motivado por un sofisticado cálculo político, a partir de octubre fue la pasión lo que motivó al líder de la derecha.

 

Para ser un gran líder hay que combinar moderadamente pasión con razón. Longueira nos demostró cómo no hacerlo. Si en el verano insistía en que sólo lo motivaba el bien del país, su accionar de octubre demostró que la política ha dotado de un sentido mesiánico a su vida. O nos equivocamos todos en enero cuando lo vimos como el estadista defensor de la democracia, sin adjetivos, que tanto necesitaba la UDI o bien perdió la cabeza cuando se guió motivado exclusivamente por la pasión ante la deleznable acusación. En cualquier caso, nos demostró que la moderación no es una de sus fortalezas.

 

Porque su liderazgo nos recuerda lo mejor y lo peor de nuestra historia política, con actitudes de hombre de estado mezcladas con síndromes mesiánicos propio de la década de los 60, Pablo Longueira es el personaje del año. Su liderazgo es comparable a la acertada descripción que realizara Gonzalo Vial sobre el legado de Augusto Pinochet. El de Longueira es también un legado de brillantes luces y negras oscuridades.