La mano es de Alvear

Patricio Navia

Revista Capital #123, diciembre 19, 2003

 

Aunque en política electoral reinan la incertidumbre y las sorpresas, la Concertación parece encaminada a tener candidato presidencial único por cuarta vez consecutiva. Si la elección fuera hoy, la candidata sería la canciller Soledad Alvear. Primera en las encuestas y exitosa en su gestión, Alvear representa un mensaje de renovación en una coalición que habrá gobernado por 16 años el 2005. ¿Qué más cambio que una mujer? ¿Qué mejor estrategia que escoger a una DC moderada para suceder al izquierdista Ricardo Lagos?

 

Pero la carrera para las elecciones que se celebran en 24 meses está recién comenzando. Aunque podría asegurar su nominación de anunciar su candidatura hoy, Alvear sabe que mientras más se demore en tirarse al agua, menor será su desgaste y mayor su posibilidad de dar la sorpresa en diciembre del 2005 (después de todo, pese a las complicaciones recientes, la delantera en la carrera la sigue teniendo Joaquín Lavín). Pero también sabe que mientras más se demore en anunciar su candidatura, más posibilidades existen que le arrebaten la nominación concertacionista.

 

La amenaza de Eduardo Frei Ruiz-Tagle

Evidenciando aversión al riesgo, Alvear parece haber decidido esperar hasta después de las municipales de octubre del 2004. Mientras continúa haciendo soterrada campaña desde Cancillería, esforzándose por no incomodar al presidente Lagos e insistiendo que falta mucho tiempo para anuncios formales, la canciller observa preocupada los movimientos del que se perfila como su principal amenaza, Eduardo Frei Ruiz-Tagle.

 

Entendiendo que su fortaleza es el recuerdo de un gobierno correcto y una gestión proba y eficiente, el deslucido senador vitalicio necesita transformar sus debilidades en fortalezas. El mensaje de Frei debiera ser: para entretenerse, la televisión; para La Moneda, confianza y seguridad. Pero Frei necesita también comunicar exitosamente para qué quiere volver a La Moneda. De lo contrario, lo suyo será entendido sólo como un capricho personal. Con financiamiento asegurado, lealtades construidas durante su sexenio, posicionamiento mediático inigualable y experiencia incuestionable, Frei será un candidato formidable si logra combinar experiencia con cambio. Necesitará esconder a los viejos freistas, convocar rostros nuevos y, por sobre todo, adoptar un mensaje de futuro más que un discurso de añoranzas.

 

Porque el ex presidente tiene mucho que perder en esta aventura, si para fines del 2004 las encuestas no muestran señales de avance, Frei optará por abortar su candidatura y pasar a la historia como el hombre que lideró el período más exitoso económicamente del siglo XX. Si en cambio, la candidatura toma fuerza, hacia fines del 2004, el ex presidente le habrá arrebatado a Alvear una nominación presidencial que la canciller tenía en sus manos en diciembre del 2003.

 

Aunque ha dicho que, de presentarse Frei, ella se haría a un lado, resulta improbable que la ambiciosa canciller vaya a renunciar tan fácilmente a la oportunidad de convertirse en la primera mujer en llegar a La Moneda. Por eso, a menos que Alvear se contagie con el síndrome de querer ser proclamada candidata sin pelear la nominación, la relación entre el ex presidente y la actual canciller debiera empeorar en los próximos meses. Por muy leales y correctos que sean ambos, al final el nominado sólo puede ser uno. Si los dos la siguen buscando activamente, los ataques soterrados pronto derivarán en críticas abiertas y la competencia entre estos dos camaradas recordará los conflictos entre Valdés y Aylwin a fines de los 80. Para poder ser candidato, hay que sacar a los rivales de la carrera. Para poder ser candidato exitoso, hay que saber incorporar a los rivales derrotados a la campaña presidencial.

 

Otros rivales DC

Alvear tiene otros potenciales rivales en su partido: el ministro de Vivienda Jaime Ravinet y el senador Adolfo Zaldívar. Aunque ninguno tiene apoyo comparable en las encuestas, ambos evidencian fortalezas. Nadie duda de las habilidades gerenciales de Ravinet. Pero el ex alcalde actúa como un hombre que tiene un martillo y cree que todos los problemas son clavos. Para ser presidente, hay que ser un líder capaz de convocar y demostrar simpatía. Distante, frío y autoritario, Ravinet parece más presidente de la Sofofa que candidato presidencial. A menos que logre alcanzar un acuerdo con sectores importantes de su partido y se posicione en las encuestas, Jaime Ravinet será uno de los tantos chilenos con enormes cualidades para ocupar la primera magistratura pero sin posibilidad de llegar allí a través del voto popular.

 

La candidatura de Adolfo Zaldívar es producto de su tesón y empeño. Aunque su capacidad para manejar la máquina de su partido le otorga fortaleza, su ausencia de liderazgo mediático y su obsesión por aparecer como el legislador de peor genio y el más partidista le restan bonos ante la opinión pública. Desde el comienzo de su gestión, Zaldívar optó por perfilar a su partido como contrario a las iniciativas presidenciales. Con la alta popularidad de Lagos y la presencia de Lavín como el verdadero candidato opositor, Zaldívar se ha quedado sin plataforma. Su personalidad, su historia y su obstinación en resucitar un modelo de DC corporativista sesentero no le permitirán reinventarse. Sólo una falta de criterio lo llevaría a pelear la nominación con Frei o Alvear. Zaldívar sigue en carrera sólo para influir en la decisión de quién será el candidato DC.

 

La izquierda concertacionista

El PPD y el PS insistirán en la celebración de primarias abiertas y vinculantes para la selección del candidato único. Aunque la DC lo intente, sería demasiado alto el costo político de imponer a sus socios un nombre sin que los electores concertacionistas puedan escoger en primarias. Es más, alvearistas y freistas ven en las primarias la mejor herramienta para dejar a Ravinet y Zaldívar fuera de carrera.

 

Aunque el único proclamado en el PPD es el senador Fernando Flores, el verdadero candidato de ese partido es Sergio Bitar. Pero la misma prohibición de hacer campaña que pesa sobre Alvear afecta al entusiasta ministro de Educación. A diferencia de Alvear, el timing electoral no acompaña a este meritorio ex senador que lleva un año de ministro. El PPD ha puesto un nombre sobre la mesa para obtener mejores concesiones en la nómina parlamentaria en la mesa de negociación.

 

En el PS hay dos candidatos. Michelle Bachelet se ha impuesto por simpatía y cercanía con la gente. Pero pocos creen que la suya sea una candidatura en serio. Para ser candidato hay que tener ganas de dar una pelea agotadora, extenuante y llena de zancadillas y traiciones. Bachelet no las ha demostrado. José Miguel Insulza en cambio reúne todas las condiciones para pelear y conseguir la nominación de su partido. Si Insulza tuviera la simpatía de Bachelet, sería imbatible. Pero un ministro del Interior no puede ser candidato. Leal al presidente Frei, de quien fuera ministro, Insulza parece no querer arriesgarse a una aventura incierta donde su partido pudiera terminar tentándose con la idea de bajar su candidatura por unos escaños adicionales en el Senado.

 

Las primarias no se celebran, se organizan

De los once escaños en competencia en las diez circunscripciones que presenta la Concertación el 2005, diez son ocupados por senadores DC. Dado que el sistema binominal crea un duopolio donde la Concertación tiene garantizado un escaño por circunscripción y la Alianza tiene el otro, la DC puede hacer importantes concesiones en materia de escaños a la izquierda concertacionista para que ésta presente un candidato simbólico, sin posibilidades reales de ganar, a las primarias de la Concertación. Michelle Bachelet sería un nombre mucho mejor para una candidatura simbólica que Sergio Bitar o José Miguel Insulza.

 

Por cierto, si el candidato de la izquierda concertacionista resulta vencedor en las primarias, la crisis que experimentará la DC será terminal. No pocos militantes DC mirarán hacia la derecha que se esforzará en salir a conquistar al votante moderado que no se siente listo para un segundo gobierno consecutivo de izquierda. Si el abanderado DC pierde las primarias, el partido habrá sido herido de muerte. Pero si la DC se opone a las primarias, la Concertación queda herida de muerte, vuelven los tres tercios y la DC corre el riesgo de quedar ahogada entre la derecha lavinista y el PS-PPD agrupado en torno a la figura de Lagos. Por eso que la DC necesita primarias abiertas y vinculantes donde el ganador resulte ser el nominado DC. Así como en el México del PRI se decía que las elecciones no se celebran sino que se organizan, la Concertación saldrá fortalecida si escoge a su candidato a través de primarias y si el candidato es DC.

 

El que gana la interna DC será candidato de la Concertación

Porque la izquierda concertacionista ha renunciado a fusionarse para ser partido mayoritario de la Concertación y porque no ha buscado activamente cautivar al electorado moderado, la mejor chance de la Concertación para derrotar a Lavín está en manos de un DC. Pero para no hacer aguas por la izquierda, la Concertación necesita que el DC se imponga en unas primarias abiertas y vinculantes. No hay mejor forma de ganar dichas primarias que enfrentando a un candidato de izquierda simbólico con un DC concertacionista, amigo de la izquierda y leal a Lagos. Alvear y Frei reúnen esas condiciones. Hoy por hoy, Alvear lleva las de ganar, pero su decisión de esperar hasta después de octubre para lanzar su candidatura le abre una posibilidad al ex presidente. Frei tiene diez meses para imponerse como candidato. Si Alvear mantiene su liderazgo en las encuestas a fines del 2004, su apuesta de no bajar al ruedo habrá sido exitosa. Una vez candidata, tendrá que articular también un mensaje de futuro. Para ser presidenta de Chile no bastará con haber hecho las cosas bien, Alvear tendrá que prometer y convencer que podrá ser mejor presidenta que Joaquín Lavín.