El Pago de Chile

Patricio Navia

Revista Capital #121, noviembre 21, 2003

 

Sobran los que sienten que Chile no les ha reconocido en forma suficiente sus méritos. Con bastante regularidad, aparecen personas expresando su disconformidad o decepción por la insuficiente gratitud que el país pareciera demostrar hacia ellos y sus aportes a la nación. Hemos llegado incluso a acuñar el término el pago de Chile para describir esta supuesta predisposición nacional a ser desagradecidos. Dicen que no hay profeta en su propia tierra, pero si uno pone atención a tanto compatriota descontento que circula en la calle, el nuestro pareciera a veces ser el país de los innovadores incomprendidos, intelectuales injustamente ignorados, visionarios desdeñados y líderes abandonados.

 

La evidencia sobre esta supuesta tendencia nacional a desconocer los méritos de sus hijos e hijas se ha acumulado a través de los años con ejemplos selectivos. El desamparo en el que murió en el Perú Bernardo O´Higgins, el padre de la patria, o el insuficientemente reconocimiento que reciben José Miguel Carrera y el propio General José de San Martín—principal responsable del Ejército Libertador—como forjadores de la independencia nacional a menudo se utilizan como ejemplos para demostrar que el Pago de Chile data de los albores mismos de la república. 

 

Desde los debates del por qué del nombre de una calle hasta las polémicas sobre quién se merece monumentos y dónde, el alegado injusto reconocimiento del país a sus hijos e hijas ilustres es a menudo esgrimido como evidencia de una débil identidad nacional y de nuestra insuficiente madurez como país. La reciente trifulca sobre la propuesta de cambiarle el nombre al Aeropuerto Pudahuel para homenajear a Pablo Neruda, por ejemplo, provocó que El Mercurio argumentara a favor de mantener el nombre de Arturo Merino Benítez señalando, entre otras cosas, que ¡el Comodoro había sido partidario de Allende!

 

En un asunto de creciente polémica a medida que se acerca su muerte, sus más acérrimos panegiristas insisten que Augusto Pinochet es también víctima del olvido nacional. Aunque se cuidan de no acusar abiertamente de deslealtad a la UDI, los apologistas públicos de Pinochet envían crípticos mensajes dirigidos a aquellos que más se beneficiaron política y económicamente durante la dictadura. Aunque todos entienden que sería impensable que aquellos que sufrieron persecución, exilio y tortura puedan estar agradecidos del dictador, algunos que mantienen fotos de Pinochet en sus billeteras alegan soterradamente contra los que lo han abandonado por beneficios electorales de corto plazo. Pinochet aparentemente sería la nueva víctima del pago de Chile. Pero la mayoría de las autoproclamadas víctimas de la ingratitud nacional son mucho menos conocidos y sus méritos para recibir el reconocimiento de la patria son cuestionables en formas muchos más diversas que los méritos de Pinochet.

 

Existen al menos dos argumentos que pueden ser utilizados para refutar a los que alegan ser víctimas del olvido nacional. Uno podría recordar el desafío planteado a Estados Unidos por el presidente John F. Kennedy al momento de asumir su cargo: “No preguntes lo que tu país puede hacer por ti, pregunta qué es lo que tu puedes hacer por tu país.” Desde una postura comprensiblemente nacionalista, los autodenominados receptores del pago de Chile debieran ser fustigados por su afán excesivo de protagonismo y su autoestima marcadamente elevada. Cuando alguien vuelva a hacer público su descontento porque el país no le ha reconocido suficientemente sus méritos habría que postular su nombre para el Mausoleo de los Resentidos de la Patria.

 

Pero el mejor argumento para refutar los que alegan que Chile no ha sabido reconocerles sus méritos es la aplicación severa del control de calidad del alegato. La mayoría de los que van por la vida reclamando la ingratitud de la patria tampoco habrían recibido reconocimiento alguno en países donde no existe el Pago de Chile. Los países desarrollados y consolidados tienen pocos héroes públicos. La mayoría de sus ciudadanos se contenta con el reconocimiento de sus conocidos, familiares y amigos. Y aún los héroes son regularmente sometidos a cuestionamientos y análisis revisionistas que harían a muchos descendientes de próceres de nuestro país poner el grito en el cielo. Cuando se vuelva a encontrar con alguien que ponga el cassette que Chile no ha sabido reconocer sus méritos, bastaría con repetir la popular frase estadounidense, shut up and put up (cállese y haga lo que le toca.)