La campaña del terror

Patricio Navia

Revista Capital #118, octubre 10, 2003

 

Los principales involucrados en la iniciativa de la Iglesia Católica contra el divorcio han reconocido que fue un error recurrir a la vieja táctica de la campaña del terror para oponerse a la iniciativa que creará la figura legal de divorcio. No tiene sentido insistir en que la Iglesia Católica cometió un error gigantesco. Lo importante ahora es entender por qué se cometió el error y cuál será su efecto en la suerte que tenga en definitiva la iniciativa gubernamental de legalizar el divorcio.

 

La primera decisión que toman las campañas publicitarias es si buscarán llegar a los fieles o saldrán a buscar nuevos conversos. Un esfuerzo destinado a predicarle a los convencidos requiere de herramientas diferentes a un intento por salir a captar nuevos adherentes. Mientras los líderes fundamentalistas son decisivos para poder obtener legitimidad ante los conversos, las voces razonables, moderadas y prudentes son vitales para poder atraer nuevos simpatizantes. Para los conversos, Hermógenes o las editoriales de El Siglo. Pero para aquellos cuya posición es menos ideológica y más pragmática, se precisa de buenos argumentos y atractivas explicaciones. Los ayatolas sólo sirven para enardecer a los ya convencidos. Cuando se quiere atraer más gente a la causa, hay que hacer uso de personalidades menos excluyentes. La campaña televisiva católica fue controlada por los fundamentalistas antidivorcio del clero. Su posición minoritaria los llevó a una declaración dogmática más que a buscar poner en el debate la debilidad de la familia.

 

Muchos chilenos razonables entienden que la fortaleza de la familia es requisito necesario para lograr una sociedad más justa, solidaria, emprendedora y exitosa. Los hijos de familias donde reina el amor, la comprensión y la tolerancia tienen un activo adicional. Así como los niños que asisten a colegios privados tienen mejores herramientas para enfrentar la vida que los que asisten a escuelas municipalizadas, los hijos de familias funcionales poseen un activo que no poseen los hijos de familias disfuncionales. Pero la iglesia erró al convertir lo que podría haber sido una campaña a favor de la familia en una campaña contra el divorcio. Sin entender tampoco que para ser exitosa, una familia no necesita estar compuesta de un papá, una mamá y varios hijos, la Iglesia Católica torpemente asoció disfuncionalidad con divorcio. Enceguecida por su oposición al divorcio, la Iglesia intentó relacionar un bien preciado por los chilenos, la fortaleza de la familia, con otro bien igualmente preciado por la sociedad pero rechazado por el clero, la libertad para poder rehacer las vidas después de un fracaso matrimonial.

 

El error comunicacional de la Iglesia terminó por darle el impulso que todavía necesitaba la nueva Ley de Matrimonio Civil. Dominada por talibanes ideológicos que no terminan de aceptar la división iglesia-estado ni quieren reconocer, mucho menos celebrar, la diversidad de credos y religiones que existe en Chile hoy, la Iglesia Católica terminó de apuntalar una legislación que ahora no encuentra ninguna oposición legítima para convertirse en ley. Habiéndose asumido una posición irrazonable, ganándose el rechazo de la opinión pública, de muchos fieles e incluso de algunos sacerdotes, el liderazgo eclesiástico perdió la objetividad intelectual necesaria para poder articular una oposición exitosa al divorcio. Al preferir el panfleto, la Iglesia renunció a ser un interlocutor válido que pudiera legítimamente elaborar argumentos para justificar su oposición a una nueva Ley de Matrimonio Civil.

 

Al imponer el dogma sobre la razón, la Iglesia lamentablemente perdió la oportunidad de subrayar la importancia de facilitar la formación y desarrollo de familias exitosas. Para que nuestro país pueda gozar de mejores niveles de desarrollo, más cultura y más seguridad, las familias chilenas deberán ser más exitosas. Pero para ayudarlas a serlo, es necesario primero adoptar una nueva ley de matrimonio civil. Luego tendremos que actualizar nuestra concepción tradicional de familia, entendiendo que él éxito de ella depende en gran medida de reconocer la diversidad en la constitución de núcleos familiares donde padres, padres separados, abuelos, tíos y otros familiares juegan muchas veces un papel fundamental para generar esos espacios de apoyo, respeto, amor, solidaridad y tolerancia que son fundamentales en la formación de familias exitosas.