Elecciones anticipadas

Patricio Navia

Revista Capital, #113, agosto 1, 2003

 

Lo ajustado del resultado de la presidencial de 1999 dejó a muchos con ganas de que la próxima contienda presidencial llegara lo antes posible. Cuando estamos a dos años del plazo para inscribir las próximas candidaturas presidenciales, la impaciencia de muchos amenaza con convertir la elección municipal del 2004 en Santiago en una elección presidencial anticipada.

 

Después de su derrota en segunda vuelta, Joaquín Lavín necesitaba una estrategia que le permitiera mantener el capital político logrado con su performance electoral en primera vuelta. Para ello, optó por no volver a la acaudalada Las Condes y en cambio buscó el sillón edilicio en la comuna más emblemática del país. Con el 61% de los votos, Lavín fácilmente logró ganar la alcaldía de Santiago, derrotando a Marta Larraechea, la esposa del ex presidente Eduardo Frei. Con ese triunfo demostró que seguía siendo la mejor carta electoral de la derecha, pero también asumió un desafío mucho más complejo que el que había superado con éxito en Las Condes. En los tres años que lleva en el cargo, la gestión de Lavín ha sido sometida a un comprensible escrutinio. Desde su polémica decisión de vender los derechos de aguas de la comuna hasta sus más visibles iniciativas de crear una playa en el Río Mapocho y poner torres de vigilancia en el centro, las iniciativas de Lavín no pasan desapercibidas.

 

Acusado, no sin razones, de un populismo barato por los Concertacionistas y alabado, justificadamente, por sus partidarios por su capacidad de manejo mediático, el hombre que lleva 5 años como candidato presidencial y el político que en más elecciones ha competido desde el retorno de la democracia en 1989, se ha mantenido en el centro de la noticia. Evidenciando un diseño de imagen que consideraba demasiado riesgoso alejarse de la primera plana, Lavín optó por mantenerse en campaña permanente. Aunque al comienzo la prensa afín a Lavín habló de co-gobierno con Lagos, la decisión del alcalde de concentrarse en su estrategia del ‘cosismo’ (que en el resto del mundo se llama clientelismo) lo terminó alejando de la imagen de estadista que siempre cultivó el presidente. Cuando fue nombrado Intendente de la Región Metropolitana, el hábil comunicador y estratega de imagen democratacristiano Marcelo Trivelli salió literalmente a torear a Lavín. Eventualmente el candidato presidencial de la derecha se tentó y lo convirtió en su interlocutor mediático. Tanto así que Trivelli fue a la playa de Lavín y lo derrotó en un entretenido y publicitado juego de paletas. Dada su obsesión por aparecer en pantalla y su tentación a competir con Trivelli, Lavín terminó perdiendo la imagen de hombre de estado y ayudó a posicionar a Trivelli como una excelente carta electoral de la Concertación.

 

Cuando faltan dos años para la inscripción de candidaturas presidenciales, la obsesión mediática del otrora apologista de la dictadura lo ha llevado a considerar seriamente la posibilidad de presentarse a la re-elección como alcalde. La arriesgada apuesta ha sorprendido a la clase política. Enfrentando a un candidato concertacionista fuerte, como Trivelli o el ex alcalde Jaime Ravinet, será muy difícil ganar, y aún más difícil poder superar el mágico 61% obtenido el 2000. Y aún si lo lograra, nada asegura una victoria presidencial en diciembre del 2005. Lo que se arriesga perder es mucho más de lo que se puede ganar. Por eso que tanto la Concertación como los aliados por conveniencia de Lavín en RN se han apurado en confirmar la candidatura de Lavín a la re-elección.

 

Por cierto, si Lavín decide buscar la re-elección por Santiago, no deberíamos sorprendernos si el número de electores en esa comuna aumenta drásticamente. Partidarios y oponentes querrán hacerse parte de esta primaria presidencial, que no tendrá nada que ver con el futuro de la comuna. Los 147 mil inscritos que tenía esa comuna el 2000, que bajaron a 145 mil el 2001, seguramente aumentarán considerablemente. Subrayando un problema adicional que tiene el diseño institucional chileno, al celebrarse un año antes de los comicios parlamentarios, las elecciones municipales corren el riesgo de convertirse en primarias presidenciales más que en comicios sobre el destino y futuro de las 341 comunas del país. Arriesgándose a ser candidato a la re-elección, Lavín corre el riesgo que se le derrita su nieve de popularidad electoral antes de tiempo. Las presidenciales del 2005 se han anticipado.