Un lugar en el mundo

Patricio Navia

Revista Capital, #112, julio 18, 2003

 

Pese a tener un discurso claro a favor de la integración comercial, la derecha chilena careció de una visión internacionalista coherente desde la dictadura. Pero recientemente la UDI ha comenzado a diseñar una política exterior coherente, adecuada a la nueva realidad política y social de Chile.

 

En dictadura, eran muy pocos los que se atrevían a salir a defender un gobierno conocido internacionalmente por las mismas violaciones a los derechos humanos que hoy muchos de sus apologistas dicen haber ignorado. Por eso, el gremialismo optó por ignorar al mundo que rechazaba a Pinochet y auto-convencerse  que el apoyo que brindaban al autoritario gobierno era, más que un mal necesario, una incomprendida muestra de responsabilidad ética y moral. Después de años argumentando que el rechazo mundial a Pinochet era por un complot del comunismo internacional, en 1990 la UDI optó por dejarle el camino libre a la Concertación que salió a recibir la aprobación de la comunidad internacional por haber recuperado la democracia. El arresto de Pinochet en Londres hizo resurgir la tesis del complot internacional. Pero esta vez no fue el desaparecido comunismo sino la igualmente temible, atea y perversa social democracia que buscó destruir la imagen y el legado de Pinochet. Hoy, aprovechando sus altos niveles de popularidad, la UDI entiende que debe construir una nueva política exterior que disminuya el costo internacional que implica definirse como simpatizante de la dictadura chilena. 

 

El desafío es particularmente difícil. Por más esfuerzos que se realicen para destacar los avances en política macroeconómica en dictadura, el mundo recuerda mucho más las violaciones a los derechos humanos. Aunque el ‘yo nunca supe nada’ funcione en el país, esa explicación no sirve como excusa fuera del país. Desde los organismos internacionales interesados hasta la propia ONU, con el voto concurrente de respetadas democracias occidentales, las evidencia sobre violaciones a los derechos humanos de la dictadura siempre fue abundante.

 

Pero así como busca subirse hoy al carro de los derechos humanos en Chile, el gremialismo quiere también una nueva presentación en sociedad en el mundo. En reciente opinión editorial en el Wall Street Journal, Joaquín Lavín abogó por evitar que las diferencias sobre la Guerra en Irak se convirtieran en obstáculos para las relaciones bilaterales entre Chile y Estados Unidos. Argumentando que Chile comparte con Estados Unidos los valores de la libertad, democracia, respeto por los derechos humanos y el libre mercado, Lavín insistió en que el acuerdo de libre comercio permitirá a Washington promover esos valores en el mundo.

 

El debut de Lavín en el conservador diario estadounidense, busca marcar distancia con sus anteriores escaramuzas internacionales. Desde su visita al Perú de Alberto Fujimori en 1999 hasta su paso por Cuba a comienzos del 2002, las giras de Lavín habían producido más costos que beneficios. Menos de un año después de fotografiarse y ensalzar a Fujimori, Lavín fue testigo de la estrepitosa caída del populista líder autoritario peruano. Su viaje a Cuba no produjo resultados concretos, pero si generó evidente molestia en las autoridades estadounidenses. Los amigos de Estados Unidos no son amigos de Cuba. Lavín, en sus días en La Habana, demostró más cordialidad y deferencias a Fidel que las que un buen amigo de Estados Unidos y de la democracia debiera expresar. Las dictaduras, de izquierda o de derecha, son igualmente malas. Hasta ahora, sus intervenciones más connotadas en el exterior habían sido para visitar líderes que difícilmente pasaban el test de la blancura democrática.

 

En cambio, su más reciente intervención en el prestigioso diario neoyorquino evidenció que la UDI ahora si ha comenzado a diseñar una estrategia coherente y moderna de posicionamiento internacional. A diferencia de los años de la dictadura, donde promover el libre comercio era el único punto en la agenda internacional de la derecha, el reciente editorial de Lavín refleja una visión más sofisticada: la aceptación por parte de la derecha chilena que los valores de democracia, libertad y derechos humanos que promueve Estados Unidos son lo que Chile debe abrazar con fuerza. Al distanciarse del legado de Pinochet ante el mundo, la UDI comienza a construir un nuevo proyecto de inserción internacional.