Robin Hood Moderado

Patricio Navia

Revista Capital #111, Julio 4, 2003

 

Dos son las variables a tener en consideración al decidir cambios al sistema tributario: crecimiento y desigualdad. Ciertos impuestos tienen más efectos sobre el crecimiento que sobre la desigualdad. El IVA, por ejemplo, es un impuesto regresivo, porque grava más a aquellos que consumen todos sus salarios que a aquellos que ahorran e invierten. El impuesto a la renta, especialmente cuando se incrementa para aquellos que perciben mayores ingresos, es más progresivo, pero también tiene efectos adversos en las tasas de ahorro e inversión.

 

La forma en que se distribuye el gasto público también tiene un efecto en el crecimiento y en la desigualdad. Aún en países con altas tasas impositivas, cuando el estado se dedica a subsidiar a aquellos de mayores ingresos, las desigualdades tienden a aumentar. En cambio, cuando el estado focaliza sus gastos en aquellos de menores ingresos, aún en países con tasas tributarias bajas, se pueden producir círculos virtuosos de crecimiento y niveles decrecientes de desigualdad.

 

De acuerdo a datos de MIDEPLAN, la distribución del ingreso en Chile apenas varió entre  1990 y el 2000. El 10% (decil) de los chilenos con mayores ingresos pasó de captar un 42,2% del total nacional a un 42,3%. A su vez, el primer decil (los más pobres) cayó del 1,4% del total al 1,1%. Los otro 8 deciles se mantuvieron casi igual, salvo el 5º decil que pasó de 5,4% a 5,7% y el 6º decil que cayó de 6,9% a 6,5% en 10 años. Aunque el decil más rico percibe 38,5 veces más ingresos que el decil más pobre, la diferencia entre el 8º (15,2%) y el 2º decil (2,6%) es solo de 5,8 veces. Si ignoramos a los más pobres y a los más ricos, la sociedad chilena es tan igualitaria como la de la mayoría de los países europeos.

 

Pero claro, el 10% de más ingresos si existe, y copa los puestos de liderazgo económico, político e intelectual del país. Y también existe el 10% de menores ingresos, cuya calidad de vida y ausencia de oportunidades nos debiera avergonzar a todos. Haciéndose cargo de esa realidad, el gobierno ha diseñado un plan de apoyo social e inversión en capital humano para ir en ayuda de los más necesitados. Con ese objetivo en mente, el gobierno promovió un aumento de impuestos que permita tanto financiar esos proyectos como cubrir la disminución de tributos provenientes de aranceles a las importaciones.

 

Pero al cambiar el origen de los tributos se alterará marginalmente la distribución del ingreso. Comprensiblemente, desde el gobierno y la oposición juegan con cifras, haciéndole el quite a la discusión de fondo sobre el tamaño ideal del estado como porcentaje del PIB y las prioridades del gasto público. No sorprende entonces que poco se ha dicho sobre cómo se altera la participación de cada decil de ingresos en el nuevo esquema tributario del país.

 

Ha quedado pendiente el debate sobre el tipo de sociedad que queremos tener. Por ejemplo, un estado que focaliza su gasto en los deciles de menores ingresos pero que no se atreve a diseñar estructuras tributarias que mejoren la distribución de la riqueza bien pudiera terminar forjando una sociedad donde el decil de más recursos capte el 50% mientras que los 9 deciles restantes se dividen en partes casi iguales el otro 50%. Así, el décil más pobre podría captar un 5,5% de los ingresos—cinco veces más que lo que recibe ahora—y el 9 decil (aquellos entre el 80 y 90% de la distribución del ingreso) podría quedarse con un 5,6% —un tercio de lo que recibe hoy. La brecha que separa a los más ricos de los más pobres disminuiría, pero la brecha que separa al 10% más rico del país del segundo decil de más ingresos aumentaría considerablemente.

 

Presionado por la necesidad de cubrir un creciente déficit fiscal, el gobierno apuró la legislación tributaria. Argumentando que su objetivo era ir en ayuda de los que menos tenían, la autoridad optó por aumentar en 1% el más regresivo de los impuestos. Pero queriendo emular a Robin Hood en su esfuerzo por ayudar a los más pobres, el gobierno de Lagos sólo se atrevió a implementar un tributo que le pasa la cuenta a los deciles de ingresos medios—los que pagan más IVA como porcentaje de sus ingresos y reciben menos subsidios estatales—y que libera de la obligación solidaria a aquellos de más altos ingresos que se ven menos afectados por el aumento del IVA. Al convertirse en un Robin Hood moderado, Ricardo Lagos ha hecho todavía más difícil la movilidad social ascendente en el país.