La segunda mitad

Patricio Navia

Capital #99, diciembre 20, 2002

 

El 11 de marzo el presidente Lagos celebrará su tercer aniversario en La Moneda. Aunque pocos lo recuerden, en enero el presidente habrá sobrepasado el récord del último presidente socialista. Habiendo superado fácilmente en cualquier evaluación histórica al gobierno de Allende, el presidente Lagos debe enfocarse en apurar la construcción de su legado. Aunque igual que como ocurrió en la primera mitad de su mandato, el tiempo que le queda al presidente será menor por el complicado calendario electoral que le tocó enfrentar. Las elecciones municipales del 2004 pudieran ser equivalentes al plebiscito de 1988. Si la Concertación, o lo que quede de ella, cae derrotada ante la derecha en esos comicios, el último año y medio de Lagos en el poder será para administrar la balcanización de la coalición de gobierno. Aunque se la jugará por un esfuerzo final para evitar la hecatombe en las presidenciales y parlamentarias del año siguiente, la entusiasta pero inútil seguidilla de acusaciones entre los partidos y los asesores más cercanos del presidente harán inviable un contraataque concertacionista. Por eso, más que planear para tres años, cuando el presidente celebre su tercer aniversario, sólo tendrá una ventana de oportunidad de 18 meses para armar su legado, resucitar a la Concertación, producir resultados y chorrear su popularidad personal al resto de su gobierno y a los partidos aliados. Si la Concertación gana el 2004, sigue en juego. Si pierde las municipales, queda eliminada.

 

Un desafío difícil

Más allá de la siempre evidente necesidad de hacerlo bien, el presidente se enfrenta con un desafío particularmente difícil, especialmente considerando su personalidad, afinidades y preferencias políticas. Además de avanzar su agenda legislativa y generar las condiciones que faciliten la reactivación económica, Lagos debe abocarse a refundar la Concertación. Aunque La Moneda ha insistido en el modelo del chorreo de popularidad presidencial, Lagos debe entender que la única forma de salir del embrollo actual es a través de dedicar la atención a la coalición de gobierno y olvidarse un poco de su popularidad personal. Después de todo, ¿para qué sirve la popularidad de un mandatario que no puede constitucionalmente buscar la re-elección y que ha dado todas las señales posibles para indicar que no tiene delfín presidencial?

 

Después de un par de traspiés legislativos, La Moneda entiende que no se puede gobernar sin una coalición de verdad. La indisciplina de los parlamentarios y las rencillas, sino guerra declarada, entre los partidos han pasado de ser material de las páginas políticas de los diarios a constituir verdaderos lomos de toro en la capacidad del gobierno de empujar su agenda legislativa. Cuando las disputas y las discusiones se dan más entre los partidarios del gobierno que con los de la oposición, las cosas no van bien. Por más que algunos hablen de la necesidad de buscar gobiernos supra-partidarios y de convocar a la selección nacional al gabinete, a la hora de votar, los partidos son los que roncan en el parlamento. Resultado de su propio estilo de gobernar, Lagos ya no tiene la certeza de la lealtad absoluta de ningún partido.

 

Antes de abocarse de lleno a asumir la tarea de fundar una nueva Concertación, el presidente debe entender profunda y cabalmente que el éxito de su gobierno depende de que haya una alianza donde el PDC, PS, PPD y PRSD sean miembros disciplinados, convencidos y confiables. En la medida que Su Excelencia y el segundo piso sigan prefiriendo no lidiar con el complicado tema de 'los partidos', la eficacia del gobierno de Lagos seguirá siendo limitada.

 

 

Una movida magistral

Felizmente para él, con una sola movida, Lagos puede matar dos pájaros de un tiro. Con un cambio de gabinete bien planificado que señale un nuevo estilo de gobierno, el presidente puede tanto tomar medidas para lograr mejores resultados y resucitar a la Concertación. De lograrlo, podrá retomar la iniciativa legislativa y echar a andar el proceso de selección de su candidato presidencial para diciembre del 2005. De paso, inyectará energía y entusiasmo a muchos leales concertacionistas que hoy se sienten como hijos de padres divorciados sin un hogar del qué sentirse parte. Aunque los partidos lo nieguen, la Concertación es mucho más que la suma de sus partidos.

 

Pese a muchos creen que mientras antes ocurra, mejor, si se confunde con una reacción a los escándalos de las coimas y los sobresueldos, el cambio de gabinete no tendrá el efecto esperado. Lagos debe transmitir el mensaje que si bien es cierto las cosas se han hecho bien, es hora de realizar ajustes que permitan una segunda mitad exitosa, llena de realizaciones y con la fuerza para potenciar a la Concertación más allá del 2005.

 

Pero Lagos también debe primero lidiar exitosamente con la amenaza de Adolfo Zaldívar. La forma en que lo haga dejará ver si el presidente tiene lo que se necesita para revertir una situación que se anticipa desastrosa el 2005. Adolfo Zaldívar busca re-editar la estrategia de 1964. Pero esta vez sería la izquierda la que se abstiene y apoya al candidato PDC (presumiblemente el mismo Zaldívar) para evitar la victoria del temido adversario político. Aunque atractiva para la DC, dicha estrategia es inviable. Considerando que hay segunda vuelta, la izquierda hoy prefería apoyar al equivalente del Julio Durán de 1964 en vez de verse obligada a votar por el mal menor. Al final la estrategia de Zaldívar podría terminar pareciéndose más a Tomic en 1970.

 

Guardando las proporciones, pero aprovechando el alcance de nombres, Lagos debe decidir si quiere ser como Chamberlain y negociar con Aldofo o seguir el ejemplo de Winston Churchill y no ceder un ápice a las presiones indebidas. Si opta por lo segundo, Lagos debe entender que una confrontación con Adolfo debe plantearse clara y categóricamente como un esfuerzo por rescatar a la Concertación con una DC fuerte al timón. En otras palabras, Lagos debe adueñarse del mensaje que llevó a Zaldívar a la presidencia del partido: la DC debe volver a liderar la Concertación. La diferencia es que Lagos debe insistir en que el barco se llame Concertación y no 'coalición electoral para parar a Lavín.'

 

Aunque guarden silencio, hay varios líderes DC que esperan la señal indicada para derribar a Zaldívar. La evidente intención de montar una campaña presidencial del colorín ha colmado la paciencia de otros presidenciales y sus séquitos. Una cosa es agradecerle a Zaldívar haberle devuelto el alma a la DC, otra muy diferente es esperar que se lo agradezcan con la nominación presidencial. Pero ya que Zaldívar controla el aparato partidario, mucho más militante y mucho menos concertacionista que la gente que vota por la DC, los líderes moderados DC saben que no podrán derribarlo sin que La Moneda garantice la aquiescencia del PS y el PPD a una Concertación donde ronque la DC.

 

El debilitado PPD no debería representar un obstáculo demasiado importante. El PS, obsesionado con los temas de derechos humanos, es incapaz de entender que podría dar un gran golpe a la cábala si se ordenara detrás de Michelle Bachelet como candidata presidencial, con un círculo de hierro compuesto por Insulza, Solari, Ominami, Escalona y Montes que serviría como escuadra naval para el buque insignia. Así, el presidente podría lograr la aceptación de su tesis de revivir a la Concertación con una DC fuerte a la cabeza, siempre y cuando los concertacionistas de ese partido logren retomar el control y aislar a Adolfo y sus chicos de la vía propia.

 

El cambio de gabinete puede ser la ocasión en que Lagos conjuntamente de la señal al país del comienzo del segundo tiempo de su mandato e inicie el desembarco en la Normandía concertacionista para liberar a la DC de las aspiraciones presidenciales de su anti-izquierdista presidente y convertirla en eje de la plataforma presidencial del 2005. Los candidatos para tomar el liderazgo en la DC sobran. Además del ex presidente Frei, los ministros Alvear y Ravinet saben que sus posibilidades de llegar a La Moneda dependen de un entusiasta apoyo de la izquierda concertacionista. Alguno de ellos se animará a poner en la línea de fuego su futuro político. De la mano de Lagos, el líder DC concertacionista escogido deberá primero tomar control del partido y desde ahí convertirse en una especie de vicepresidente ejecutivo de la nueva Concertación. De salir exitoso, la nominación presidencial del conglomerado el 2005 sería una mera formalidad.

 

 

El pitazo de inicio del segundo tiempo

Además de retomar el control de la Concertación, rescatar a la DC en un Plan Marshall político y darle la oportunidad al PPD para reagruparse y repensar mejor su estrategia de hacerse del centro político en el largo plazo, el cambio de gabinete debe ser una señal poderosa al país sobre el inicio del segundo tiempo.

 

Más que salir a buscar nombres fuera de la Concertación, el presidente debe retomar la tesis Aylwin y sentirse con la libertad de nombrar a los mejores de entre los que votaron por su candidatura en 1999. El desafío de amarrar nuevos apoyos para la próxima elección presidencial se debe abordar el 2005, no en los nombramientos del gabinete el 2003. Aunque el único inamovible es Nicolás Eyzaguirre, Lagos debe ser cuidadoso en su trato con los presidenciables y con el poderoso ministro Insulza. El presidente debe cuidarse de no dañar ni favorecer en exceso las aspiraciones presidenciales de Alvear, Ravinet o Bachelet. Además, una salida de Insulza solo puede darse en el contexto del ingreso a La Moneda de ministros poderosos ajenos al reducido grupo histórico de leales a Lagos. Más que buscar un balance con representantes del PS, PDC y PPD, el presidente debe buscar un triunvirato que se haga cargo de llevar la agenda del gobierno mientras Lagos se aboca a construir su legado, a refundar a la Concertación y a preparar la estrategia para las elecciones del 2004 y el 2005.  Lagos debe ser tan militante como lo fue George W. Bush en su decisión de hacer campañas por los candidatos republicanos en las últimas elecciones. Pero para eso necesita contar con un equipo poderoso, como el que acompaña a Bush en la Casa Blanca. La Moneda debe tener ministros que sean equivalentes a Dick Cheney, Donald Rumsfeld y Colin Powell. No hay necesidad de que todos piensen igual, pero deben ser eficientes y capaces de llevar las riendas del país mientras el presidente se dedica a construir una nueva mayoría para las próximas elecciones.

 

Junto a terminar con los cuoteos políticos, el presidente debe olvidarse de las promesas que pudo haber realizado a los partidos y las facciones en las presidenciales de 1999. Los ministros que no han hecho bien su pega deben salir. Pero también deben salir aquellos que habiendo hecho bien su trabajo, no son funcionales a la segunda gran etapa del gobierno de Lagos. Junto a los que se van, deben partir también los asesores cuya lealtad es más hacia Lagos que hacia la Concertación. Por el bien del país, de la coalición de gobierno y de la imagen histórica del propio presidente, el temido 'segundo piso' debe ser ocupado por estrategas y visionarios más interesados en la victoria del 2005 que en un ilusorio regreso de Lagos el 2009.

 

Los próximos 18 meses

Lagos se juega su lugar en la historia en los próximos 18 años. Gracias a sus primeros tres años, el presidente se encuentra ya disputando el sexto lugar en el ranking de importancia de los mandatarios del periodo post 1925. Detrás de Alessandri Palma, Aguirre Cerda, Frei Montalva, Pinochet y Aylwin, de terminar su período hoy, Lagos no podría aspirar a ocupar un lugar más elevado. Pero de las realizaciones que logre sumar en la segunda mitad, y de la suerte que corra la coalición de gobierno el 2005 dependerá si al final del día, los historiadores lo ubican en un puesto más alto o si cae de posiciones en el ranking. La primera gran señal de qué ocurrirá la dará el primer mandatario al anunciar su cambio de gabinete. Sólo entonces podremos saber si Lagos seguirá corriendo hasta el final o si su administración se quedará sin gasolina antes de que se cumpla su sexto año en La Moneda.