El mito de la clase media

Patricio Navia

Capital, #91 agosto 31, 2002

 

Desde que la DC rescató el concepto de los anales de la historia, todos los días se añaden argumentos a la discusión sobre qué es mejor para la clase media o por qué determinadas políticas públicas serían atentatorias contra sus intereses. Después de ser un concepto que sirvió de sinónimo de estabilidad y democracia cuando todo parecía reducirse a un conflicto entre la clase obrera y la burguesía, la clase media perdió validez como imaginario teórico y arma electoral con la caída del Muro de Berlín. En Chile, el discurso concertacionista de modernización, progreso, desarrollo económico y globalización nos llevó a creer que todos éramos parte del mismo grupo homogéneo que iba al mall, quería algo mejor para sus hijos, tenía (o quería comprarse) auto y a veces viajaba al extranjero. El exitoso programa que redujo la pobreza a la mitad en una década, nos llevó a pensar que los ex pobres eran ahora, necesariamente, clase media. Pero la lenta recuperación económica y su caída electoral han llevado a la DC a querer resucitar la lucha de clases. Mientras el gobierno elabora estrategias para ayudar a los más pobres y la UDI insiste en que sólo Lavín podrá superar la pobreza, la DC se alza como paladín de la clase media.

 

Hasta ahora, la DC no ha sugerido que hay que quitarle a los pobres para darle a la clase media. Sí se ha manifestado opuesta a quitarle a la clase media para darle a los pobres. De acuerdo, como siempre es más difícil quitarle a los ricos, cuando se quiere hacer mejor distribución generalmente los gobiernos buscan quitarle subsidios a la clase media para dárselos a los más pobres. Ante tal alternativa, la DC sugiere que es mejor mantener el statu quo. Claro, sin dejar de mencionar que si volvemos a crecer al 5% o al 7%, el chorreo podrá alcanzar para todos, y aunque aumente la desigualdad, los pobres tocarán su parte.

 

¿Pero quiénes son realmente la clase media? De acuerdo a la última encuesta Casen 2000, el ingreso promedio de los hogares chilenos fue de 495.576 pesos mensuales. Pero cuatro de cada cinco hogares tuvieron ingresos inferiores a esa cantidad. El promedio de ingresos en el quintil más pobre fue de 92 mil pesos mensuales. En el segundo quintil fue de 200.855 pesos. En el tercer quintil la cosa anduvo mejor, ese 20% de hogares tuvo un promedio de 302.695 pesos. En el cuarto quintil fue de 455 mil pesos. El quinto quintil hace subir el promedio nacional, ahí el ingreso promedio fue de 1.420.628 pesos. Si utilizamos el simplón, pero poderoso argumento que la clase media es los que están en el medio, entonces estamos hablando del tercer quintil. Si somos más incluyentes, podemos considerar del quintil II al IV, los que ganan entre 200 y 455 mil pesos al mes. Los de más abajo son pobres, los de más arriba, ricos.

 

También hay otras formas de medir a la clase media. Uno imagina que el chileno de clase media impone en su AFP y paga impuestos a la renta. Pero de los 6,477 millones de afiliados a las AFP, en mayo del 2002 cotizaron sólo 2,857 millones (44%). Y en lo que va corrido del año han cotizado al menos una vez sólo 3,5 millones (54%). Por su parte, los datos del Servicio de Impuestos Internos señalan que 3,1 millones de chilenos hicieron declaraciones de renta por impuestos de segunda categoría neta en 1999 y 1,352 millones lo hicieron por el impuesto global complementario. Del total de estos contribuyentes, 3,35 millones (74%) no pagaron nada por ganar menos de 276 mil pesos mensuales. 868 mil (19,3%) chilenos pagaron el 5% de sus ingresos, 153 mil pagaron el 10% y sólo 132 mil contribuyentes pagaron más del 10% de impuesto a la renta.

 

Por eso que para ser consecuentes, la defensa de la clase media no puede pasar por pedir una reducción a los impuestos a la renta, una baja de las imposiciones a las AFP o aún la mantención del subsidio maternal. Esos son beneficios para los ricos. De acuerdo, podemos autodefinirnos como de clase media, pero si nuestro ingreso familiar es superior a 600 mil pesos, somos del 20% que más gana. No es malo querer ayudar a los que más tienen. Pero cuando uno defiende abiertamente los intereses de los más ricos y no aboga por ayudar a los más pobres, arriesga una vergonzosa derrota electoral en las próximas elecciones. Claro, a menos que argumente que todos somos de clase media y que la DC es el partido que los defiende. La vieja lucha de clases, muy al estilo DC. Sin marxismo, sin ricos, sin pobres, pero con el mismo mesianismo que a partir de 1964 nos empezó a llevar por el camino propio de confrontación y irresponsabilidad al abismo del caos y crisis institucional.