La Soledad de Adolfo

Revista Capital

Agosto 16,2002

 

La cruzada de Adolfo Zaldívar para salvar a la DC es digna de una novela épica. Lo malo es que en Chile nadie tiene interés en leerla. En su campaña por salvar al partido,  Zaldívar ha hecho medianamente bien solo una de las dos cosas que necesitaba hacer. Ha arengado a las fuerzas leales invitándolos a soñar con los orígenes de la DC, tratando de reconstruir el mito fundador del partido. Aunque comprensible, su decisión de privilegiar la fundación de la DC, y no la refundación del partido ocurrida en los 80, habla de sus equivocadas prioridades. El partido de los 60 no es el mismo que el de los 90. El segundo fue mucho más exitoso para la DC y el país que el primero.

 

Al privilegiar el mito fundacional, Zaldívar repite el gran error de la DC en los años 60, el camino propio. La incapacidad de la DC para construir alianzas con la derecha después de la elección de Frei y con la izquierda durante la UP no fueron tan inevitables como muchos quisieran recordar. Es cierto que ni la derecha ni la izquierda andaban proclives a buscar alianzas, pero en vez de caminar una segunda milla para formar coaliciones, la DC se apuró en potenciar la lógica de los tres tercios.  Zaldívar podría haber buscado la refundación DC utilizando la verdadera epopeya que representó la recuperación de la democracia a fines de los 80. Sin la DC liderando una coalición amplia no habríamos tenido democracia. La capacidad de ese partido de aunar voluntades, dar garantías a moros y cristianos, y exitosamente administrar el poder, le permitió a Chile convertirse en el milagro regional de los 90. Pero al privilegiar el malogrado discurso de la patria joven por sobre el exitoso discurso de la Concertación, Zaldívar demuestra dónde está verdaderamente su corazón y anticipa lo que muchos temen, una intención de declarar antes de tiempo la defunción de la alianza de gobierno.

 

Pero el problema de la DC va más allá. Arengando sólo a leales militantes, Zaldívar ha olvidado hacerse cargo de la necesidad de captar nuevos adherentes. Según sus incondicionales, esto ocurrirá después. La analogía apropiada sería la de un avión que atraviesa por turbulencias. Cuando caen las mascarillas de oxígeno, los adultos se las tienen que poner primero y después ayudar a niños y ancianos sentados a su alrededor. Así, para poder volver a crecer, el partido tenía primero que el oxígeno. Pero existen dudas de que ello haya ocurrido. Nada hace prever que la caída electoral DC que se observa desde 1997 vaya a revertirse en el futuro. Es más, las señales indican precisamente lo contrario. La directiva DC ya ha anunciado su intención de asegurarse la mitad de las candidaturas a alcaldes de la Concertación y hay persistentes rumores que el partido quiere amarrar una negociación para obtener distritos calados en las parlamentarias del 2005, aprovechando que el sistema binominal es una garantía casi absoluta de empates en cada una de las circunscripciones senatoriales. Un partido que espera una mejora electoral prefiere negociar cuando el valor de sus acciones esté más alto. Sólo aquellos que saben que van en caída quieren amarrar un acuerdo pronto.

 

Pero aún si la tesis del avión en turbulencia fuera la apropiada, parece que la directiva no sabe cómo ponerse la mascarilla de oxígeno.  Al presidente de la DC se le ve más entusiasmado en sus selectivas vendettas internas que a potenciar una campaña contra la corrupción.  Las disputas con el gobierno de Lagos tienen más que ver con nombramientos de operadores políticos que con diferencias sobre políticas públicas. Donde sí se han dado diferencias de fondo, como en el tema de la salud, las diversidad de posturas al interior de la DC dan cuenta de una balcanización ideológica más que de un proceso coherente de construcción de una posición partidista. Además de que persisten las dudas sobre factibilidad democristiana de re-encantar al electorado de centro, lograr ordenar a la DC parece bastante más complicado de lo que anticipaban los más pesimistas.

 

Felizmente para la DC, y para la Concertación, la dramática situación no es irreversible. En sus constantes desavenencias con el ejecutivo, su propia bancada parlamentaria y diferentes facciones del partido, Adolfo Zaldívar pareciera más interesado en gobernar en solitario que en formar equipos de trabajo. Aunque ha creado instancias de diálogo partidista, su frase favorita pareciera ser la de Luis XIV, el partido soy yo. Pero no es en solitario donde está la clave del éxito de su gestión. Adolfo debe recurrir a Soledad.

 

Una de las ventajas del PDC es tener algunas de las figuras políticas más emblemáticas del país. Liderando el grupo, se encuentra la cada día más popular y poderosa Canciller. Después de demostrar inequívocamente que aquello que no nos destruye nos hace más fuertes, Soledad Alvear ha callado a detractores y sorprendido a parciales con su posicionamiento mediático. Mientras más le disparan (disparamos) desde las columnas de opinión y desde las notas de prensa, la diminuta líder más se fortalece. Si Margaret Tatcher fue la dama de hierro, Alvear debe ser la dama de cobre. Sin impresionar a primera vista como el oro o la plata, el cobre es un metal confiable. Y como lo ha demostrado en el caso de Chile, también se puede convertir en el motor de desarrollo y fuente de riqueza para un país.

 

Como la figura más popular de la Concertación y la política con más futuro de su sector, Soledad Alvear representa un capital político invalorable. Pero el sagaz Adolfo parece no querer entenderlo. De acuerdo, la balcanizada DC puede terminar de quebrarse si el partido escoge a Alvear como candidata tan tempranamente. Hay otros que aspiran a lo mismo. Alejandro Foxley tiene méritos académicos para ocupar ese puesto y su experiencia en hacienda daría garantías de buen manejo económico. Jaime Ravinet fue mucho mejor alcalde que Lavín, y esa es una inmejorable carta de presentación. El mismo presidente Frei Ruiz-Tagle volverá a la palestra en un par de años a recordarnos su sexenio de gloria. El electorado lo verá y tendrá la misma reacción que cuando uno se encuentra con un amor del pasado, sabrá enseguida si la pasión todavía existe o si ya no queda nada. También está el mismo Adolfo, cuyas aspiraciones presidenciales son conocidas y cuya fortuna pudiera mejorar si la DC logra recuperar terreno en las municipales del 2004. Pero hoy por hoy, y mientras se mantenga primera en las encuestas, Soledad Alvear es la mejor carta del partido. Seguir esperando a ver qué pasa podría ser demasiado riesgoso para el futuro del partido y de la Concertación. Dejar de intentar gobernar en soledad y comenzar a gobernar para Soledad es la mejor estrategia que podría adoptar la directiva DC en su cruzada por salvar al partido. De paso fortalecería a la Concertación y le haría un gran bien al país al potenciar una alternativa a Lavín para el 2005. La democracia existe cuando hay alternancia en el poder, pero también se precisa de al menos dos candidatos con ganas y posibilidades de ganar para que no se convierta en una farsa. Adicionalmente, como Alvear está en el gabinete de Lagos, Zaldívar también tendría que trabajar para lograr mayor adhesión de su partido al gobierno. Así mata dos pájaros de un tiro, le da una visión de futuro a su tienda política y además facilita el trabajo del gobierno actual.

 

De acuerdo, la Concertación está también compuesta por el PS y el PPD, pero a menos que esos partidos sean capaces de capturar al electorado de centro y moderado el 2004, no podrán tener aspiraciones presidenciales. A menos que la DC caiga estrepitosamente en las municipales, el precandidato presidencial PS-PPD llegará hasta el final sólo si se acaba la Concertación. Y si la DC cae, el partido más beneficiado será la UDI, no el PS-PPD. Sin Concertación, el PS-PPD tendrá candidato propio, pero la reaparición de los tres tercios puede generar terremotos políticos (coaliciones, DC-RN, PS-PC, PPD-RN, etc.) que nos lleven nuevamente a la inestabilidad política de los 60.

 

Por eso, a menos que se produzca la hecatombe del fin de la Concertación, el próximo candidato presidencial de la coalición será un DC. Y ahí es donde Adolfo debe demostrar que está a la altura de las circunstancias. Si algo tenían los fundadores de la falange era una desarrollada visión de estado. Por el bien de todos, Adolfo debe decidirse a comenzar a gobernar para Soledad. La mejor opción presidencial la seguirá teniendo Lavín, pero con una candidata presidencial atractiva, popular, una coalición de gobierno ordenada y un plan de batalla definido y ambicioso, lo del 2005 será cualquier menos la crónica de una derrota concertacionista anunciada. Adolfo podrá no tener entre sus favoritas a la aplicada y empeñosa Canciller, pero aún los detractores más acérrimos de Alvear en la Concertación entenderán que cuatro años de Soledad es mucho mejor que cien años de soledad.