Tironi y Halpern, Tejedores de ilusión

Patricio Navia

Capital, 5 de julio de 2002

 

Las 151 páginas del angosto libro “Los nuevos chilenos” de Pablo Halpern y las 168 de letra grande de “El cambio está aquí” de Eugenio Tironi no se ganarán un lugar en el escaparate de las grandes radiografías de la realidad nacional que incluyen “Un caso de desarrollo frustrado” de Aníbal Pinto y “La fronda aristocrática” de Alberto Edwards.

 

Todos los libros buscan vender mucho y rápido, pero algunos tienen también pretensión de posteridad. Por la enorme cantidad de referencias coyunturales como la carta de Aguiló de las dos derechas, el embarazo de la alcaldesa Van Rysselberghe y la agenda pro crecimiento (de haberse atrasado la impresión habría aparecido hasta la Baby Vamp), los textos de Halpern y Tironi son excesivamente coyunturales, casi como extensas columnas de opinión, de poca vida útil. Es cierto que esa postura es consecuente con su descripción de la realidad. Los consumidores chilenos no son leales, quieren cosas nuevas, no temen experimentar, tienen poco tiempo y leen poco. Pero el actuar en consecuencia no proscribe la obligación de ser más riguroso y analítico del doctor en sociología Tironi y del doctor en comunicaciones Halpern. La cantidad de errores y omisiones de los textos es más característica del Chile de antes, de productos sin adecuado control de calidad que del mercado competitivo actual. Por ejemplo, Halpern equivoca la fecha de publicación del libro anterior de Tironi, olvida que Gore sacó la misma votación porcentual de Clinton y más votos en términos absolutos y nos dice un par de veces los mismos datos de afiliados a las AFP. Ambos repiten ideas con majadería, cuál barra brava en las graderías de un estadio. Pero el principal problema es la utilización arbitraria de datos, o selección por variable dependiente que les permite hablar de los nuevos chilenos sin llegar a decir de cuánta gente estamos hablando.

 

Ignorando que uno de cada cinco habitantes vive en la pobreza, que la movilidad social es más mito que realidad (un recuerdo de años de gobiernos radicales) o que el número de afiliados a ISAPREs ha venido cayendo, los autores pretenden vender una tendencia que apenas se asoma como si fuera una tendencia profundamente arraigada. No quiero ser confundido con los autoflagelantes. Mantengo una relación carnal con el mall y el consumo. Es más, no dudo que muchos chilenos de hoy son radicalmente diferentes a los de antes. Pero muchas cosas siguen igual. El fantasma del populismo es inminente y bastó el arresto de Pinochet para que afloraran odiosidades que creíamos enterradas. Objeto también que en vez de mostrar evidencia concluyente sobre los chilenos de antes, sólo se haga referencia a ese imaginario colectivo que asociamos con el difunto Chile de Ñuñoa, y que se caiga en las apologías evangelísticas más que en una descripción rigurosa de la realidad.

 

Lamentablemente, para todos aquellos que queremos alejarnos de los fantasmas de la UP, dictadura y subdesarrollo, el nuevo Chile está muchos menos extendido y enraizado en nuestra sociedad de lo que Halpern, Tironi, y yo quisiéramos ver. El libro de Halpern lo presentó Eduardo Frei y Joaquín Lavín, mientras que el de Tironi lo presentaron René Cortázar y Arturo Fontaine Talavera, fieles representantes del Chile de antes, de los colegios privados del barrio alto, los grandes hacendados, los parientes de presidentes, ministros, premios nacionales. ¿Dónde quedaron los Faúndez, los chilenos de Maipú, San Miguel, los emprendedores, los nuevos chilenos? No se puede citar a los jueces de la suprema a hablar de la juventud, a los obispos a analizar a los evangélicos o a los socialistas a explicar la nueva derecha. De acuerdo, a diferencia de muchos, Halpern y Tironi logran entender y ajustarse al cambio. Es más, lo describen, explican y hasta celebran. Pero mientras los hijos de vecinos de escuela particular subvencionada sean más objeto que sujeto de los análisis, los nuevos chilenos seguirán sin sentirse invitados a la fiesta. 

 

En los 80, Los Prisioneros instalaron sus canciones como clásicos inolvidables del rock chileno. Muchos que siguieron sólo lograron ocupar el firmamento de la popularidad en forma temporal. En este intento de explicar cómo es Chile, Tironi y Halpern son unos tejedores de ilusión que después de demostrar empíricamente que saben promocionar sus productos (ellos mismos) tanto como sus libros, irán al baúl de los recuerdos olvidados (valga la contradicción) porque se limitaron sólo a fotografiar el paisaje nacional. Este país sigue pidiendo a gritos una película (no necesita ser un largometraje) que nos retrate tal como somos para consumo actual pero también como testimonio para el futuro.