Derechos adquiridos

Patricio Navia

Capital, #85, junio 7, 2002

 

La reciente disputa sobre el controvertido Plan Auge evidencia el mayor escollo que enfrentan los gobiernos democráticos cuando intentan alterar el statu quo: terminar con los ‘derechos adquiridos’. Las dictaduras pueden hacer un mejor trabajo, pero el costo involucra violaciones a los derechos humanos y la total arbitrariedad respecto a qué derechos adquiridos se acaban y cuáles se mantienen. Así, mientras en nuestra dictadura se terminó con gran parte del poder de los sindicatos (loable esfuerzo), se brindó un sinnúmero de regalías a las FFAA y a los empresarios. Ahora, ningún gobierno democrático (de derecha o izquierda) podrá lograr fácilmente que los militares entren a las AFP o que la SOFOFA no actúe como partido político.

 

El gobierno de Lagos tiene que decidir qué derechos adquiridos eliminar para financiar el Plan Auge. Cuando el presidente anunció terminar con el subsidio estatal a la maternidad, muchos pusieron el grito en el cielo. Pero la decisión, que efectivamente traspasa el costo de la maternidad a las chilenas que están en isapres y deciden tener hijos, sólo refleja una decisión consciente de quitarle una subvención a la clase media para financiar un servicio a los más pobres. El año 2000 había 1,4 millones de cotizantes y 1,7 millones de cargas en el sistema privado. O sea, 3,1 millones contra 12 millones que están en otras partes (la mayoría en manos del fisco.) Por cierto, el sueldo promedio mensual de los cotizantes fue de 434 mil pesos, el de aquellos en el sistema público es menos de la mitad. O sea los chilenos en Isapres son los lectores de Capital, no los de La Cuarta.  Pero aunque los del sistema público sean muchos más, aquellos en Isapres están mejor organizados y son más influyentes. Y aunque mal tratados, éstos prefieren la arbitrariedad de las Isapres a la ineficiencia del sistema público. La opción es entre lo malo y lo peor. 

 

La propuesta de Lagos debe ser aprobada por el parlamento. Aunque la DC se ha alzado como defensora de la clase media y consecuentemente se opuso a la propuesta, ese partido sacó sólo un 11% del voto en Las Condes, La Reina y Puente Alto, menos que el PC en La Florida y menos que la suma PS+PC en Maipú. Esto es, la clase media no ve en la DC a su partido. Sería mejor para la DC privilegiar más traspasos hacia los más pobres para poder competirle en serio a la UDI en el grueso del electorado.  El PS en cambio, como el Chino Ríos, después de haber estado en la cima, ha venido de lesión en lesión y ahora se ha quedado fuera de competencia.  El PPD evita esto de defender algunos derechos adquiridos y atacar otros. Aunque se ha alzado como el gran enemigo de las Isapres, Guido Girardi no se anima a denunciar los derechos adquiridos del Colegio Médico.

 

La UDI defiende a las isapres, a los pobres y promete salud para todos después del 2005. Si el Plan Auge incluyera tratamiento sicológico, la UDI debiera tratarse por sus personalidades múltiples. La derecha, (la UDI, porque RN existe solo en la imaginación de Piñera) sería fácilmente desenmascarada si no fuera porque la Concertación se pelea internamente y desvía la atención. Si la UDI padece de esquizofrenia, la Concertación está dividida entre autoflagelantes depresivos (necesitan Prozac) y autocomplacientes hiperkinéticos (necesitan Ritalín.) A ellos tampoco los cubre el Plan Auge.

 

Como es un tema de vital importancia nacional, desde el Ministro hasta Pablo Longueira tienen algo que decir. Mientras el doctor Artaza sale en la tele, el líder UDI dispara hasta con datos de encuestas. Ante la pregunta ¿Cuál de estas frases refleja mejor lo que usted piensa sobre el Plan AUGE?, un 36% escogió “es una solución real a los problemas de salud”, mientras que el 59% escogió “es una medida política.”  Eso es como preguntar, si llueve usted ¿lleva paraguas o hace sopaipillas?  No son asuntos excluyentes, para solucionar el problema de la salud se necesitan medidas políticas, hay que eliminar ciertos derechos adquiridos para crear otros.

 

Si algo nos dicen las experiencias en países desarrollados donde la reforma a la salud ha sido imposible de lograr, nuestro Plan Auge no llegará a ser realidad. Pero si el gobierno decide distribuir los costos equitativamente, traspasando subsidios de los ricos y la clase media a los pobres, pero también quitándole poder a los sindicatos de la salud, colegio médico e introduciendo más elementos de competencia (privados) al sector público, entonces seremos el caso ejemplar de una buena reforma a la salud en el mundo.