El Nacional de Literatura

Patricio Navia

Capital, mayo 24, 2002

 

Parafraseando, “es el colmo que no le den el premio a la Chabela.”  Cuando en 1984 el músico y poeta de Quilapayún Eduardo Carrasco escribió “Es el colmo que no dejen entrar a la Chabela”, aunque se había terminado el exilio para varios cientos, aún no se permitía el regreso Isabel Parra, de ahí la canción protesta. El panfleto musical era más bien malo, pero la frase tiene algo pegador. 

 

El 2002 toca entregar el Premio Nacional de Literatura. Aunque las nominaciones se pueden hacer hasta fines de junio, ya hay dos candidatos fuertes. Por la izquierda, el ensayista y novelista Volodia Teitelboim (1916.) Ex senador, destacado político y reconocido intelectual, Teitelboim ha sido candidato antes, pero el 2000 fue el gran favorito. Al final, el premio se lo llevó el poeta Raúl Zurita en medio de una polémica que salpicó sangre intelectual y litros de mala leche literaria. La cercanía del polémico poeta con el presidente Lagos, para quien escribió un lamentable canto épico, puso en duda sus incuestionables galardones. Como para acallar el debate, el sentido común pareció concordar en que la próxima vez le tocaba a Volodia.

 

Esta es la próxima vez. Por eso, cuando el sociólogo-escritor y comentarista de la cotidianeidad Pablo Huneeus sorprendió a la cábala al postular a Isabel Allende, lo que parecía consenso se convirtió en una inminente guerra literaria. La novelista ha sido acusada de plagio, excesiva honestidad, anti-chilenismo, sensualidad (calentura, en verdad) y hasta mentirosa. Guardando las proporciones, si Volodia es El Mercurio, Allende es La Cuarta. Pero así como La Cuarta es el diario nacional más leído, ningún compatriota puede negar haber leído a Allende o haberla utilizado para avanzar una conversación con un extranjero. No pocos han sentido envidia de verla triunfar. Además, dice lo que piensa, es de izquierda, liberada, chistosa y hasta simpática en la tele. Mientras más la odian y critican, más la quiere el público, más vende y más plata gana. Los expertos también reconocen, en privado, que mientras más escribe, mejor lo hace. O sea, no sólo es súper ventas, también tiene mérito literario. Dentro de poco, sus detractores sólo quedarán con el argumento que es bajita y que se está poniendo vieja.  La Allende ahí sigue, firme, sonriente y trabajadora, produciendo para sus ávidos lectores.

 

La decisión se anticipa difícil. Literatos y críticos nacionales están tomando posiciones.

Aunque supuestamente el asunto debiera ser una difícil, pero más bien aburrida, discusión teórica académica de limitado interés general, lo cierto es que la entrega del Nacional de Literatura genera tanta controversia como el nombramiento de un nuevo miembro de la Suprema o Consejero del Banco Central.  A diferencia del 2000, en esta ocasión la responsabilidad de la controversia no cae solo en el deslucido manejo de la Ministra de Educación, aunque hace tiempo que el control de la agenda educacional escapó de sus manos. Esta vez, la entrega del premio tiene mucho que ver con los propios escritores. En Estados Unidos se dice que las peleas entre académicos son tan crueles precisamente porque hay tan poco en juego.  La forma en que muchos escritores están dispuestos a pelearse con otros por el significado más simbólico que monetario del premio recuerda la máxima estadounidense.

 

Las implicaciones políticas no se harán esperar y reemplazarán las consideraciones literarias. Mientras Teitelboim se transformará en el candidato de los autoflagelantes, Allende será la favorita del sector autocomplaciente. El PPD recordará que Allende simpatiza con ese partido y el PS reeditará la añeja alianza con el PC apoyando a Volodia. La DC advertirá contra la sexualidad excesiva en las novelas y Piñera, que siempre confunde la política con sus negocios, bautizará un avión Volodia y el otro “Casa de los Espíritus,” sólo para retirar los nombres minutos antes de que se cumpla el plazo, presionado por sus ‘amigos’ de la UDI (que después negarán todo tipo de presión.) Algún diputado Aliancista saldrá a pedir la privatización de los premios nacionales y Lavín esperará para dar un premio alternativo al que resulte perdedor. Como nos enseñó García Márquez en “Crónica de una muerte anunciada”, aunque sea predecible, la historia igual puede ser muy entretenida. Y para los que discuten si estamos ante el Fin de la historia o una Guerra de civilizaciones, este evento les recordará la gran frase de Tip O’Neill, el viejo operador político estadounidense, toda la política es local.