El regreso de la Chol

Patricio Navia

Revista Capital, #79, marzo 15, 2002

 

Cuando algunos se preparaban para su funeral, la canciller Soledad Alvear volvió de sus vacaciones a demostrar que sus 12 años como ministra de SERNAM, Justicia y RREE no han sido caprichos pasajeros. Alvear tiene agallas y, detrás de su frágil presencia esconde una personalidad voluntariosa que, de conjugarse las circunstancias adecuadas, la podría convertir en la primera presidenta de Chile.

 

Nunca hay que subestimar la incapacidad de algunos diplomáticos. Alvear podrá no saber inglés, entender las complejas redes de poder mundial, o ganar concursos como la mujer mejor vestida, pero entiende mucho de política chilena. Nuestro embajador en La Habana Germán Guerrero, definió las relaciones bilaterales como de ‘un matrimonio mal avenido.’ El inoportuno diplomático de carrera volvió a las metáforas para acotar su metida de pata original: “la relación con Cuba es casi una relación neurótica, como la que tenemos con Argentina”. Alvear no vaciló un minuto. Mandó a buscar al embajador y con un golpe de timón logró posicionarse en un conflicto en el que parecía que todos podían opinar menos la ministra del ramo. Al reunirse con el presidente, Alvear echó por tierra las especulaciones que el trío Lagos-Insulza-Muñoz manejaban la política exterior. No hay ningún Henry Kissinger en La Moneda ni Alvear se parece a William Rogers, el opacado secretario de estado de Nixon.

 

Es cierto que Alvear irresponsablemente usa la Cancillería para hacer política doméstica. Eso tendrá costos para nuestro posicionamiento estratégico y nuestras exportaciones. Pero Alvear no es la única en esto de los voladeros de luces y el marketing político. La derecha, con el aval empresarial, ha coqueteado con el populismo hace ya varios años. Lo que está haciendo la ‘Chol’ es simplemente copiar el modelo. La ministra es la mejor evaluada por la opinión pública porque si de cercanía con la gente se trata, esto de veranear en Maitencillo, vestirse con trajes de dos piezas, ser matea sin ser brillante, no ser fea ni bonita y trabajar como hormiguita, la convierten en la vecina trabajadora de cada chileno. Con un toque de Gabriela Mistral, por lo maternal y pedagógica, y producto del mítico sueño de Ñuñoa, donde aún vive, Alvear además está casada con el Pablo Longueira de la DC, Gutenberg Martínez. En un país donde Lavín, financiado con las ganancias de empresas privatizadas, se ha dedicado a fustigar a los políticos tradicionales y a echar mano de viejas prácticas populistas electoralistas, Alvear personifica mejor que nadie el mensaje del cambio.

 

Probablemente nunca llegue a escribir un tratado de política internacional y jamás entienda tanto del tema como Insulza, Heraldo Muñoz, Mariano Fernández o Juan Gabriel Valdés, pero la ‘Chol’ tiene la cercanía con el Chile profundo que se necesita para ganar elecciones teñidas por discursos populistas y cuñas televisivas. Además, la responsabilidad con que ha gobernado la Concertación estos 12 años reduce el riesgo de que Chile con Alvear al mando caiga en el populismo que aqueja al Perú, Venezuela o incluso Argentina. Y si de experiencia para gobernar se trata, Eduardo Frei Ruiz Tagle tenía mucho menos conocimiento acumulado cuando llegó a La Moneda que el que ahora posee nuestra vilipendiada ministra. 

 

Es cierto que Alvear se pudiera desinflar antes del 2005. Se dice que Adolfo Zaldívar quiere su cabeza, pero el rechazo que genera el ‘colorín’ y su selectiva cruzada anti-corrupción (‘se van todos los corruptos, menos mis amigos’) puede transformar esa enemistad más en un plus que en motivo de preocupación. Tal vez el eficiente ministro Jaime Ravinet o el exitoso ex presidente Frei Ruiz-Tagle se queden con la nominación el 2005, o tal vez el PDC se termine de desinflar y el candidato concertacionista sea PS-PPD. Pero así como las posibilidades de ganar de Lavín no se van a medir por lo bien que lo haga como alcalde sino porque pueda seguir ‘posicionado,’ la probabilidad de Alvear de llegar a La Moneda pasará más por el éxito de la reforma judicial que ella emprendió, por sus golpes comunicacionales domésticos y porque caigan del cielo los esquivos acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y la UE, que por los éxitos, fracasos u oportunidades perdidas de las que sea responsable. Mandar a llamar a los embajadores en Cuba y Suiza puede no tener ningún efecto práctico para salir del embrollo actual, pero el mensaje ante la opinión pública es claro, la ‘Chol’, cuando quiere, es de armas tomar.