¿Entiendes lo que escuchas?

Patricio Navia, Revista Capital #76, 28 de diciembre

 

No basta con escuchar la voz de la gente en las elecciones, también hay que entender lo que están diciendo. La tarea no siempre es fácil. En las parlamentarias del pasado 16 de diciembre no quedó muy claro qué estaba diciendo el electorado. Como si hubieran utilizado un teléfono celular con mucha interferencia, el mensaje que los votantes chilenos enviaron se escuchó con mucho ruido.

 

El presidente Lagos tenía razón cuando dijo que las elecciones las ganan los que sacan más votos. La derecha chilena sigue obstinada, desde 1988, en intentar transformar derrotas en victorias. Sacar menos votos es perder. It is that simple!  Ahora bien, hay formas y formas de ganar. Se puede ganar por goleada o con una agónica anotación de último minuto. La victoria cuenta igual, pero las evaluaciones posteriores son diametralmente diferentes cuando se jugó bien y se obtiene un buen resultado que cuando se cometieron muchos errores y la victoria se obtiene con sudor y lágrimas.

 

El gobierno está satisfecho con el resultado. La derecha en cambio se siente como un equipo que jugó bien y perdió apenas. Tal vez por eso que la derecha puede decir que está en sintonía con los chilenos: perder por poco es la historia nacional. Pero el gobierno no debiera pretender que aquí no pasó nada. Las victorias electorales son cada día más difíciles de lograr para la Concertación y en cada batalla quedan más heridos y muertos. De ahí que sea tan importante descifrar el confuso mensaje del electorado. Las interpretaciones a menudo caen en el wishful thinking (imaginar que las cosas son mejores de lo que realmente son) o en la negación. Mientras algunos en la derecha creen que el 44% es suficiente para ganar las presidenciales del 2005, otros en el gobierno insisten en que no ha pasado nada. Los más razonables, en cambio, no pueden sino llegar a cuatro conclusiones fundamentales:

 

1. Las caras nuevas representan un plus, pero sólo cuando no hay buenos liderazgos establecidos. Los electores premiaron el buen desempeño de parlamentarios de gobierno y de oposición. Nadie salió re-electo sólo por el hecho de haberse pasado un tiempo en el parlamento. Los que no hicieron su pega se fueron para la casa—a excepción del DC Carlos Olivares que sigue aprovechándose de la cresta de la ola de Guido Girardi—pero los que la hicieron volvieron en gloria y majestad. La tesis del cambio por el cambio no funciona. El buen trabajo se premia y el malo se castiga. Tomen nota los partidos para la próxima vez. Es mejor evitar que un mal parlamentario busque la reelección que perder un escaño.

 

2. No se puede volver a convocar a la selección que clasificó para el mundial del 98. Los que tuvieron éxito 10 años atrás o las eternas promesas de la política chilena ya no sirven como candidatos. La patética decisión de poner a Patricio Aylwin al mando de la DC pudo haber evitado la hecatombe, pero las candidaturas de los viejos estandartes, el olor a corrupción, el haberse quedado dormidos en los laureles o las posturas agresivas no ganan adeptos. Los partidos deben buscar crecer más que evitar hemorragias.

 

3. En las parlamentarias se puede ganar con mensajes que apelen al voto duro, pero las presidenciales son el trofeo para los que articulan un mensaje que entusiasme a las grandes mayorías. Si estas parlamentarias fueron la ocasión para que se debilitara el centro político, las presidenciales del 2005 se centrarán en captar la imaginación de ese mismo centro. Ni la UDI gana con los votos duros, ni el PS o el PPD pueden contentarse con sus mejoras en número de escaños. Para salir campeón y llegar a La Moneda hay que empezar a trabajar desde ya por expandir la base electoral. Los mediocres de siempre se contentarán con apuntalar el voto duro o intentarán combinar los nefastos incentivos del sistema electoral con las leyes de amarre para seguir obstruyendo la voluntad de las mayorías, pero es muy diferente intentar no perder que jugar a ganar.  Y sólo los que juegan a ganar se llevan el premio mayor.

 

4. La plata importa mucho, pero no lo es todo. Independientemente de la imperiosa necesidad de legislar y regular la forma en que se financian las millonarias campañas, la innovación, el trabajo y la creatividad ayudan a suplir la falta de dinero. Si bien es cierto muchos candidatos salieron electos porque tenían diez veces más plata que sus contendores, muchos otros candidatos bien financiados perdieron ante la creatividad, innovación y mensajes claros y honestos de otros candidatos sin tanta plata.

 

Lo bueno y malo de tener elecciones en diciembre es que con las fiestas de fin de año todos olvidan pronto el mensaje de las urnas. Eso es bueno porque permite al gobierno volver a sus tareas y a los parlamentarios retomar el trabajo legislativo, pero es malo porque también muchos olvidan el mensaje del electorado. Los que escuchen y entiendan lo que dijeron los chilenos en las urnas podrán corregir rumbo y mejorar su rendimiento. Los otros verán caer su apoyo electoral en la próxima elección.