Terror-turismo

Patricio Navia

Capital, Octubre 19, 2001

 

Si es por salir en los medios, Lavín es capaz de ir a visitar incluso a los familiares de un primo detenido-desaparecido. Una pasada por Nueva York para hacer terror-turismo por algunas horas no sorprendió a nadie. Lo sorprendente es que el marketero alcalde no haya llegado a Nueva York la mañana del 12 de septiembre, con frazadas y una donación de escarabajos rojos para ayudar en las tareas de seguridad ciudadana en la desolada ciudad.

 

Pero Lavín llegó a Nueva York a rendir tributo al alcalde saliente Rudolph Giuliani—que no se molestó en recibirlo—y a tomarse algunas fotos más o menos con la misma actitud con que publicó la “Revolución Silenciosa” en el ocaso de la dictadura pinochetista: mientras la gente sufre, él se maravilla con el progreso. Así como Lavín el 88 sólo veía el efervescente capitalismo—y no al 40% de chilenos que vivían en la pobreza—el Lavín del 2001 llega a pasearse por la Zona Cero más preocupado del efecto comunicacional que eso puede tener en Chile que de las 5000 víctimas y sus deudos en Nueva York.

 

Una lástima que el alcalde UDI sólo haya comprado el paquete del tour de terror-turismo de un día. De haberse adentrado en la historia dolorosa de cómo el terrorismo ha golpeado Chile, habría visitado Washington, Roma y Buenos Aires, ciudades donde las acciones terroristas de la DINA dejaron su marca. Ante los ojos de Estados Unidos, a bin Laden y la DINA los separa sólo un asunto de número de víctimas.

 

Pero Lavín y sus colegas de la UDI—que hasta el día de hoy tienen problemas para reconocer que hubo una política de represión y exterminio de opositores de la dictadura—parecen querer ver sólo un tipo de terrorismo. Los senadores por Santiago Jovino Novoa y Carlos Bombal han demandado al gobierno que tome acciones concretas contra el terrorismo y rompa relaciones con la dictadura de Castro en Cuba, responsable de proteger y financiar a los asesinos de Jaime Guzmán. Pero Bombal, Novoa y una buena parte de los rostros públicos de la UDI fueron leales funcionarios de una dictadura que se ganó un lugar privilegiado en la lista de gobiernos que han fomentado el terrorismo y dado protección a terroristas. Hasta el día de hoy la plana mayor de la UDI protege, defiende y comulga con los mismos que financiaron, protegieron y defendieron a los responsables de atentados en Washington, Buenos Aires y Roma.

 

La hipocresía de Novoa y Bombal, que se convierten en defensores de los derechos de sólo algunos humanos no justifica las diatribas anti-estadounidenses de trasnochados de la guerra fría. Pero gran parte de la izquierda chilena ha reconocido su error al haber apoyado o haber hecho caso omiso a las actividades de grupos libertarios extremistas que

enarbolaron el terrorismo como arma de combate anti-dictatorial. La derecha en cambio no parece querer entender que en su seno también justificaron y con su silencio y activa colaboración se hicieron cómplices del terrorismo de estado.  Los únicos políticos que en este entierro tienen las manos limpias son los DC, que aún en período golpista siempre fueron pacifistas.

                        

Después de Nueva York, Lavín viajó a Miami a visitar autoridades. El alcalde de la ciudad de Miami, Joe Carollo se vio involucrado en acusaciones de fraude y otras irregularidades electorales en la elección de 1998. Su colega, el alcalde del condado de Miami-Dade, el cubano-americano Alex Penelas, amenazó al gobierno federal con no hacer nada para controlar las protestas de los cubano-americanos si la autoridad nacional se decidía a hacer cumplir la ley y enviar al menor Elián González de regreso a Cuba. Al incitar tácitamente a la rebeldía popular y las protestas callejeras, sin entenderlo, Penelas le hacía el juego a Fidel Castro, que irresponsablemente convirtió a Elián en símbolo de la ‘resistencia cubana al imperialismo yanqui.’

 

En su rápido paso por Miami, Lavín se contactó con el “bromista” chileno Juan Carlos Riquelme, acusado de amenazar a una tripulación de un vuelo internacional con un aviso de bomba. De haberse encontrado con Giuliani en Nueva York, Lavín habría sabido de los decididos esfuerzos del alcalde por lograr ejemplificadoras sanciones para los bromistas que han llamado a la policía alertando sobre bombas inexistentes en edificios emblemáticos de la ciudad. Pero hay que entender al alcalde. Bien pudiera ser que en la persona del bromista chileno que sólo quería hacerse el simpático sin entender la dimensión de su chambonada, Joaquín Lavín se ve a sí mismo.