Crecimiento o igualdad

Patricio Navia

Revista Capital, agosto 31, 2001

 

El debate se he puesto un poquito agotador porque la ideología ha superado a la intención de diálogo. En un rincón están los que argumentan que la gente prefiere el crecimiento a la igualdad. En el otro los que, recordando el lema de la campaña inicial de Lagos, abogan por crecimiento con igualdad. La opinión pública ha puesto en práctica el principio económico de retornos marginales decrecientes y cada vez presta menos atención a los argumentos. Últimamente, los ‘desarrollistas’ se han basado en una encuesta del CEP que concluye que en el país hay más interés en el crecimiento que en la igualdad. Esta conclusión simplifica la compleja relación de interdependencia entre crecimiento e igualdad que tiene la gente. En las encuestas las respuestas van a depender de cómo se hagan las preguntas. Esta no es una excepción.

 

Supongamos que hay dos tipos de chilenos, los bien y los mal pagados. Los primeros reciben un sueldo varias veces superior a los otros, por lo que el sueldo promedio es superior al sueldo medio. Por ejemplo, si hay 100 personas que ganan $200.000 y 10 personas que ganan $1.000.000, el sueldo promedio sería $273,000. Supongamos que hacemos una encuesta donde ofrecemos las siguientes opciones: ¿Prefiere un crecimiento de 5% para los pobres y 8% para los ricos (que empeora la distribución del ingreso y de la riqueza) o 4% parejo para todos? Si las intuición de lo que debería hacer una persona racional es correcta, la primera opción debería ser la favorita tanto en los mal pagados como en los bien pagados.

 

Pero supongamos que la pregunta sea: ¿Qué prefiere usted? ¿un crecimiento de 5% para los pobres y 30% para los ricos o un crecimiento de 4% parejo para todos? Aunque lo lógico, desde una perspectiva de utilitarismo racional, sería que los pobres siguieran prefiriendo la primera opción, no sorprendería que gane la segunda opción. Varios estudios en Estados Unidos muestran que la mayoría de los sujetos prefieren dividir equitativamente $100 entre dos a una división mucho menos equitativa de $500 dólares cuando el que decide resulta más desfavorecido. Tal vez en Chile la gente piense diferente, pero la conclusión de la encuesta CEP debería basarse en ese tipo de preguntas y no en algo tan predecible como ¿qué prefiere, crecimiento o igualdad?

 

La falta de claridad en el debate va más allá de los errores de diseño de la encuesta CEP. Los ‘igualitaristas’ a menudo olvidan que las políticas de distribución tienen sentido sólo en un contexto de expansión económica. De nada sirve tener igual acceso a la salud y la educación si estos servicios son deficientes. Es más, ciertos ‘igualitaristas’ desconocen que ciertas políticas de distribución de la riqueza y del ingreso tienen efectos perjudiciales en el crecimiento a mediano y largo plazo.  Los ‘igualitaristas’ correctamente critican la tesis del chorreo. El crecimiento de por sí solo no va a reducir la pobreza ni proveer de oportunidades a todos. Se requiere que el gobierno juegue un papel activo mejorando sus aportes a la salud, educación y vivienda, y diseñando mecanismos de rendición de cuentas más eficientes para hacer estos servicios más productivos.

 

Por su parte los desarrollistas parecen ignorar que la mala distribución de riqueza e ingreso eventualmente termina dañando las posibilidades de crecimiento económico. Tampoco logran implementar políticas de subsidios más eficientes y más inmunes a la influencia de los grupos tradicionales de presión política (sindicatos, fuerzas armadas, grandes empresarios, sector agrícola, funcionarios de gobierno, amigos y familiares de las autoridades). No tiene sentido hablar de la necesidad de mejorar la eficiencia del gasto educacional o lo importante que resultan las privatizaciones de empresas públicas cuando el país dedica US$600 millones a comprar aviones que jamás van a ser utilizados (y cuyo mantenimiento costará otros millones anualmente) o que se dedique una cantidad similar de dólares al Plan Tridente de la Armada.

 

Durante la campaña presidencial, Lagos nos recordó que el crecimiento es condición necesaria, no suficiente, para mejorar la distribución de la riqueza. Ahora que la discusión sobre la forma de recuperar el dinamismo que permita retomar el sendero de un crecimiento de 7% acapara el debate, la discusión sobre la igualdad pareciera pasar a un segundo plano. Pero no desaparecerá hasta que logremos generar un consenso nacional que establezca prioridades respecto tanto al crecimiento como a los niveles de igualdad que queremos para el país.