La familia, la propiedad privada y el amor

Patricio Navia

Revista Capital, 3 de agosto de 2001

 

El título lo tomé prestado de una canción de Silvio Rodríguez, cantautor revolucionario, y panfletario, cubano. El apologista del tedioso y senil Fidel no es el único que mezcla la familia, el amor y los derechos idividuales. El Instituto Libertad y Desarrollo (LyD), brazo armado del candidato presidencial de la derecha por los últimos 5 años (desde su re-elección como alcalde de Las Condes), ocasionalmente dedica sus encíclicas sobre asuntos públicos a recordarle a sus feligreses parlamentarios lo dañino que resultaría para el país adentrarse en los pecaminosos senderos de la modernidad y la libertad y aprobar una ley de divorcio. LyD olvida que a diferencia del púlpito religioso, los mensajes de los think tanks, aun cuando son emitidos en forma de encíclicas, pueden ser escrutinados y cuestionados.

 

En un nuevo esfuerzo por mantener el status quo de la nulidad matrimonial—complicidad judicial con la mentira de por medio—LyD define su oposición al divorcio como defensa de la familia en Chile. Usando una estrategia del debate estadounidense donde los opositores al derecho de la mujer a abortar se definen como pro-vida, LyD avanza la tesis de que los opositores al divorcio son en realidad pro-familia.

 

Para justificar una oposición al divorcio, LyD se basa en el apoyo a la familia que los chilenos brindan en una encuesta nacional. Los chilenos apoyan a la familia, parece ser la lógica de LyD, por lo tanto se oponen al divorcio. Aunque hace un análisis detallado de la encuesta, LyD ni siquiera se hace cargo de un dato nada despreciable. Todas las encuestas levantadas en el país donde se hace la pregunta, señalan un apoyo mayoritario a que en Chile exista el divorcio. Aunque dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, la verdad es que no hay peor ciego que el que no quiere ver y pretende que los demás tampoco vean.

 

La encuesta señalada por LyD habla de un 86% de satisfacción con la vida familiar.  Pero de eso no se puede desprender oposición al divorcio. Las familias, aunque los devotos monaguillos de LyD no lo sepan, está constituida en Chile por parejas legalmente casadas, por parejas que conviven y por una serie de agrupaciones menos tradicionales (madres solteras, abuelas que crían dos generaciones y tíos o familiares que mantienen familias extendidas). La familia es un concepto mucho más amplio y complejo que la idealizada concepción de dos jóvenes que unen sus vidas en matrimonio para toda la vida y  los fines de semana llevan a los 8 hijos a visitar a los abuelos después de misa.

 

La encuesta citada por LyD nos dice que un 59% de las parejas chilenas están casadas y sólo un 17% convive. Pero las cifras de nacimientos hablan de una realidad diferente. En el año 2000, de los 230 mil niños nacidos en el país, un 48% nació fuera del matrimonio. Y en los primeros cinco meses del 2001, 44 mil niños, de 92 mil recién nacidos, llegaron al mundo fuera del "sagrado vínculo." Para tranquilidad nuestra, eso no significa que uno de cada dos niños no tenga familia. Pero eso mismo hace de una ley de divorcio una necesidad aún mayor. El divorcio puede legalizar el esfuerzo de esa gran mayoría que, según refleja la encuesta citada por LyD, valora la familia. Ya es hora de las personas individualmente decidan cuándo y como constituyen familias. El estado debe facilitar las libertades individuales, no dificultarlas. Y de seguir en esa postura anti-divorcio, LyD debería asumir su verdadera identidad y eliminar la palabra "libertad" de su nombre oficial.

 

LyD se niega a reconocer que si bien es cierto durante la dictadura (que eligió qué derechos individuales proteger y cuáles violar a granel) estuvo del lado de los que querían sacar al estado de las decisiones sobre la salud, educación y jubilaciones de las personas (aunque hizo caso omiso a los que clamaban por el respeto al derecho a la vida) en los 90, este grupo heredero de los Chicago Boys se ha convertido en paladín defensor de un estado kafkiano que quiere meterse en la cama y en los corazones de los chilenos.

 

La ironía, feliz para el país y lamentable para los enemigos de la libertad individual, es que los chilenos hace tiempo que se han dedicado a constituir familias prescindiendo de las restricciones arcaicas y opresoras de un estado que, por motivos religosos y antilibertarios, se opone a reconocer el derecho de los individuos de intentar lograr la felicidad familiar después de un fracaso matrimonial. La misma encuesta citada por LyD nos dice que un 42% de las parejas menores de 24 años y un 24% de las parejas entre 25 y 34 años conviven sin estar casados. Sólo un 14% de las parejas mayores de 50 años conviven sin estar casados. Volviendo a Silvio Rodríguez, el tiempo está a favor de los pequeños.