Eyzaguirre y Cavallo en Nueva York

Patricio Navia

Capital, 15 de junio 2001

 

Lo dice la canción interpretada por Sinatra, if I can make it there, I'll make it anywhere (si triunfo allí, puedo triunfar en cualquier parte). Pensando en eso llegan a la gran manzana, diariamente, aspirantes a músicos, pintores, bailarines, economistas, negociantes varios y los más diversos emprendedores que sueñan con el éxito en la ciudad que nunca duerme. Entre tanto busca fortuna, a menudo aterrizan también ministros de hacienda de diversos países. La última semana de mayo, el ministro de hacienda chileno, Nicolás Eyzaguirre y el titular de economía argentino, Domingo Cavallo, pasaron por Nueva York buscando convencer más o menos a la misma audiencia. Aunque los colegas no llegaron a cruzarse, muchos banqueros, corredores y expertos financieros preocupados tuvieron ocasión de oír los mensajes, promesas y evaluaciones de los encargados de las políticas macroeconómicas de Chile y Argentina.

 

Fue muy distinto el ambiente que rodeó las presentaciones de los ministros, y lo que éstos dijeron. Aunque Cavallo concitó mucho más interés y público, la tranquilidad que rodeó la visita de Eyzaguirre demuestra que no siempre los premios son para el habla más fuerte, promete más y, haciendo gala de dotes de buen prestidigitador, saca cartas más sorprendentes debajo la manga. Aunque Wall Street sea la capital de la incertidumbre y el riesgo, tener menos público y causar menos controversia puede ser una señal de que la moda finalmente termina sucumbiendo ante el estilo.

 

La presentación oficial de Cavallo en el Hotel Saint Regis, en la Quinta Avenida y la calle 55, el miércoles 30 de mayo, por la mañana, había generado altas expectativas. Cavallo venía de explicar en Londres el plan de reconversión de deuda. En Nueva York tuvo también que enfrentar las punzantes preguntas de banqueros interesados en los detalles del “megacanje.” En un salón atestado de expectantes auditores, Cavallo aseguró una y otra vez que su país saldrá de la crisis y que comprar bonos de deuda argentinos es un gran negocio. Pese al exceso de confianza que siempre despliega el super ministro, el riesgo país argentino subió esa misma tarde en Wall Street. Al subir el costo del financiamiento, la deuda argentina cada día se hace más abultada. El ministro, que tenía programada una tercera y última parada de su mini-gira en Hong Kong, tuvo que volver esa misma noche a Buenos Aires para hacerse cargo de la crisis de Aerolíneas Argentinas. Al reflexionar sobre el promisorio futuro de Argentina, Cavallo parecía, más que un ministro de economía, un predicador evangélico anunciando las bendiciones de la tierra donde fluye leche y miel. Pero aunque on the record los analistas dijeran sentirse satisfechos, off the record movían sus cabezas y repetían que lo de Argentina es un quilombo.

 

La presentación de Eyzaguirre, en el Council of the Americas, en Park Avenue y la calle 68 (a unos 20 minutos del hotel Saint Regis) el jueves al mediodía fue, comparada con lo de Cavallo, aburrida. Acompañado de Heinz Rudolph, coordinador de finanzas internacionales y mercado de capitales del ministerio de hacienda y Juan Gabriel Valdés, embajador de Chile ante la ONU, Eyzaguirre se reunió en privado, una hora antes del almuerzo oficial, con los representantes de diferentes bancos y fondos de inversión. Los sospechosos de siempre—Arturo Porcekansky de ABN AMRO, José Luis Daza de Deutsche Banc, entre otros—llegaron para averiguar detalles de la anunciada reforma al mercado de capitales. Cuando el resto de los asistentes tomaba ubicación para el almuerzo-presentación, los invitados al encuentro privado salieron rápido, contestaron algunas preguntas de la prensa, y no se quedaron a oír hablar al ministro. 

 

Ante una concurrencia más bien reducida—40 personas—de académicos, funcionarios y amigos del Council, periodistas y representantes de bancos y entidades financieras que no fueron invitados a la reunión privada, Eyzaguirre hizo su presentación en Power Point, se animó a decir un par de bromas y sorprendió con dos referencias a canciones de Elvis Presley. En la sección de preguntas, no se sintió el antagonismo y nerviosismo que acompañó a Cavallo 24 horas antes. Aunque en el imaginario popular estadounidense, no news it’s good news, en Wall Street la lógica es diferente: las buenas noticias son buenas noticias, el resto es para que los prestidigitadores intenten sacar cartas bajo la manga.