El sistema binominal

Revista Capital, abril 20, 2001

Patricio Navia

 

El Instituto Libertad y Desarrollo (LyD) es el paladín del sistema binominal (SB). En reciente documento, LyD presenta sólo la evidencia empírica que favorece sus conclusiones, olvidando que la tarea fundamental de todo centro de estudios responsable es producir reportes serios y profesionales. Lo demás, usando las palabras del ahora desaforado padre de la derecha moderna, es política, politiquería y demagogia.

 

La primera verdad que omite LyD es que el SB no es el mejor sistema para inducir el bipartidismo. El sistema inglés (un diputado por distrito) logra mucho mejor ese objetivo. Jorge Alessandri desde el Consejo de Estado propició ese sistema en 1978. Pero la intervención ulterior de Pinochet y sus asesores logró implantar el SB en la Constitución de 1980 y en la ley orgánica correspondiente. Si LyD quisiera privilegiar la formación de dos grandes bloques de centro, abogaría por introducir el sistema inglés.

 

El SB, y esto lo aprendieron los Chicago Boys en sus estudios de postgrado, sólo logra la consolidación de dos bloques alejados del centro. Mientras que para elegir presidente se precisa de un 50% de los votos, para elegir parlamentarios basta con un 34%. Pocos incentivos tienen así los candidatos para buscar el apoyo del votante de centro. La historia de Chile nos enseña lo desastroso que resulta tener dos grandes bloques polarizados. La reciente experiencia de las presidenciales, en cambio, indica lo saludable que resulta buscar el centro político.

 

Al hacer casi imposible que una lista logre los dos parlamentarios por distrito, el SB induce a que la competencia no sea entre coaliciones sino dentro de las mismas. Conscientes de esto, los partidos forman listas parlamentarias donde muchos candidatos van en ‘distritos privilegiados.’ Al final la mayoría de los distritos se quedan con un parlamentario de derecha y uno de izquierda. Eso no es estabilidad, es oligopolio político. La falta de competencia entre listas y al interior de las propias listas hace que al final el votante no decida nada. No sorprende entonces el poco entusiasmo, y la abstención, que generan las elecciones parlamentarias. Para LyD la competencia es buena, pero no en la política.

 

Al mostrar que tanto la Concertación como la Derecha (la coalición ha cambiado de nombre 4 veces) recibieron una proporción adecuada de diputados respecto a su votación nacional, LyD olvida que los diputados se eligen por distrito, y es en distritos concretos donde la Concertación con el 55% y la derecha con un 40% de los votos se dividen los dos parlamentarios. ¿No deberían los electores de Talcahuano, Puente Alto o Punta Arenas, tener derecho a que en sus distritos el 55% de los votos se traduzca en mayoría efectiva?

 

Pero en su uso antojadizo de los datos, LyD olvida que el SB se utiliza también para los senadores. En 1989,  la Concertación obtuvo 55% de votos y 22 senadores; la Derecha obtuvo 16 con el 35%. En 1993, la Concertación (56%) y la Derecha (37%) se dividieron 18 senadores en partes iguales. En 1997, la Concertación eligió 11 (50% de votos) y la Derecha (37%) en cambio obtuvo 9. Al ignorar los resultados senatoriales, LyD demuestra que lo suyo es más panfleto político que ciencia social.

 

LyD argumenta que el SB ha ayudado a mantener la unidad de la Concertación (con esos amigos...!). Pero la Concertación se ha mantenido unida gracias a Pinochet y a la exitosa gestión de gobierno. Los partidos de derecha, en cambio, tan históricamente indóciles, han podido disciplinarse gracias al sistema binominal. ¿Alguien cree que RN y la UDI seguirían juntos de existir un sistema proporcional?

 

Aunque los sistemas electorales son difíciles de cambiar, Japón, Italia y México lo han hecho en la década pasada. Incluso Estados Unidos, símbolo de democracia sólida, rediseña los distritos electorales cada 10 años para reflejar los cambios en la distribución poblacional. En Chile en cambio, el sistema electoral que nació viciado al sobre representar zonas rurales, después de 12 años distorsiona todavía más la voluntad popular. Cada voto no vale lo mismo.

 

Think tank de la derecha, LyD es mucho más tank que think. Su reciente defensa del SB lo convierte en candidato al panfleto de plata. Los expertos creen que ganarán las Brigadas Ramona Parra por creatividad. Mientras tanto, ha seguir esperando voces razonables que sugieran considerar el sistema inglés para elegir a nuestros parlamentarios.