El legado de Lagos: Bicentenario o micromanagement

Patricio Navia

Revista Capital, marzo de 2001

 

No es culpa de los medios de comunicación ni de la falta de colaboración de la Alianza por Chile. Tampoco es responsabilidad de la ideologización excesiva del empresariado. Y no se trata de negar esas realidades, pero no se precisaba ser adivino para anticiparlas en marzo del 2000. El presidente sabía cuál sería el rayado de cancha. Aquí todos han jugado el papel que les tocaba, Longueira, La Tercera y la CPC.

 

La desorientación, y a menudo desánimo, que existe en las filas oficialistas no pueden ser atribuidos a comportamientos perfectamente anticipables de quienes perdieron la elección presidencial. El desconcierto al interior de la Concertación y el innegable sabor a empate con que termina el primer año de gobierno es responsabilidad única y exclusiva de La Moneda.

 

El gobierno está desordenado. Las acusaciones y las recriminaciones se oyen por doquier, los analistas se esmeran en explicar las claves de cada una de las crisis y la opinión pública parece ya cansada de observar la falta de liderazgo al interior de la Concertación y el exceso del mismo dentro de La Moneda. En medio del alboroto que retroalimenta al desencanto, los dedos acusatorios no pueden apuntar más que al primer mandatario. En un país excesivamente presidencialista las culpas no pueden sino recaer en Lagos. ¿Pero cómo entender y explicar el desorden actual? ¿Cómo sintetizar la naturaleza del problema que parece tener sumido a Chile en, parafraseando a Fuguet, una Mala Onda?

 

Dos son las principales disyuntivas que ha enfrentado el presidente durante su primer año. Por un lado está la decisión de privilegiar la distribución sobre el crecimiento y por el otro equilibrar la administración cotidiana de la nación con el legado histórico de su sexenio. El éxito de Lagos hoy, y en los libros de historia de mañana, dependerá de su capacidad de encontrar un balance adecuado.

 

Largo plazo o micro-management

Donde más complicaciones ha tenido el presidente ha sido en lograr balancear su tiempo y energía entre el legado histórico y los problemas cotidianos. La disyuntiva entre ser el presidente que lucha contra el desempleo o aquel preocupado del bicentenario es el principal dolor de cabeza para su excelencia. Como muchos de sus correligionarios, Lagos debe haber oído las canciones de Silvio Rodríguez. La “Fábula de los tres hermanos” refleja perfectamente su dilema. De tres hermanos que salen a descubrir y a fundar, el primero, para no perder el rumbo, mira sólo al horizonte pero las piedras del sendero lo hacen tropezar y le impiden avanzar. El segundo, para evitar tropezar con los obstáculos, olvida el horizonte y aunque nunca tropieza, tampoco llega a destino. El tercero, al poner un ojo en el porvenir y el otro en lo inmediato, sólo logra extraviar su mirada.

 

El Lagos del 21 de mayo y del Bellas Artes nos habla de sus ideas país, del bicentenario y de Chile.com. Pero el presidente de los noticieros de televisión no nos deja tranquilos. El mandatario opina, y cree tener la última palabra, en todos los temas que preocupan al país: mapuches, contaminación, acuerdo de libre comercio, ley de evasión tributaria, PAA y criminalidad. El presidente opina hasta de los problemas del Chino Ríos. Pero cada minuto dedicado a la coyuntura es un minuto menos dedicado a construir su legado.

 

Si Lagos quiere ser el nuevo Aguirre Cerda, visionario, emprendedor, forjador de un país nuevo y mejor, debe concentrarse más en su legado histórico y menos en lo cotidiano. De lo contrario terminará siendo un Juan Antonio Ríos, eficiente administrador, pero sólo continuador de la obra de su antecesor. Algunas de las iniciativas legales más importantes del primer año son en realidad herencia de Frei. La Ley de OPAs, la Ley del Deporte e incluso la modernización del estado son iniciativas que Frei no logró terminar pero que la historia no le atribuirá a Lagos.

 

Es cierto, la primera preocupación del electorado nacional hoy es el desempleo. Pero equivoca el sendero el primer mandatario al pensar que la disminución del desempleo es la única vara con que la opinión pública evaluará su gestión. Lagos debe preguntarse si quiere ser el presidente del bicentenario o aquel que logró reducir el desempleo del 11 al 6 por ciento.

 

Ya ganó la elección presidencial, ahora la toca gobernar. Es fútil preocuparse diariamente de cómo andan los sondeos de opinión. Lagos fue electo para llevar adelante un programa y porque logró capturar mejor que Lavín la imaginación y los sueños de la gente. No precisa el presidente andar invadiendo los hogares chilenos cada noche con sus declaraciones, aclaraciones, regaños y promesas. El “Presi” debe dejar jugar a los demás miembros de su equipo. Son estos los que deben andar preocupados de quitar las piedras del sendero para que el gobierno avance a feliz destino. El primer presidente del siglo XXI debe ir con la vista puesta en el horizonte y su equipo de eficientes y leales asesores debe preocuparse de salvar los obstáculos del camino.

 

Hay que mirar más al 2010 y menos a los eventos políticos, las declaraciones y las protestas del día anterior. Lagos es presidente, no el vocero del gobierno. Sobre exponerse hoy significa arriesgar su credibilidad como líder nacional mañana.

 

Crecimiento o distribución

El segundo conflicto que aflige al gobierno tiene que ver con la disyuntiva de crecer o distribuir. Lagos ha mantenido que lo primero es requisito necesario, no suficiente, para lograr lo segundo. La primera vuelta fue más sobre distribución, mientras que en la segunda centró más la atención en el crecimiento. Pero como en un péndulo, la dos principales iniciativas impulsadas después de marzo han tenido que ver más con distribución que con crecimiento. La ley contra la Evasión Tributaria en última instancia representa una transferencia de 2 mil millones de dólares del sector privado al sector público. Nadie discute la necesidad de mejorar la calidad y cobertura de la educación, la salud y la vivienda. Nadie discute tampoco la necesidad de reformar el sistema impositivo para evitar la evasión. Pero hay una serie de reformas del estado que se deben adoptar junto a la reforma impositiva: la elección directa de intendentes (herramienta real de regionalización), la privatización de más empresas públicas y la modernización del aparato de defensa nacional (que pasa por restablecer el control civil sobre las fuerzas armadas y hacer más transparentes sus operaciones.)

 

Se precisa una Reforma Laboral que permita flexibilizar el empleo, proteger los derechos de los trabajadores e incentivar la capacitación y mejorar la producción. Un seguro de desempleo que reemplace la indemnización de mes de sueldo por año de servicio además evitaría escándalos políticos al gobierno. No debería causar tanto sobresalto la Reforma Laboral pero, pese a sus habilidades de buen negociador, de nada sirve que Solari se esmere en forjar consensos si después desde La Moneda le desordenan la agenda.

 

Lagos encuentra pocos aliados en la Concertación para emprender iniciativas que generen crecimiento, hay más gente empujando proyectos de distribución. Mientras la DC considera a Codelco como sinónimo de patria, en el socialismo se esmeran por defender cuanta empresa pública quede disponible (actitud incomprensible, por lo demás, porque históricamente han sido los radicales y los DC los más beneficiados con empleos públicos.)

 

La derecha en cambio apoya decididamente cualquier iniciativa que genere crecimiento. A muchos se les hace agua la boca cuando se habla de Codelco o incluso Enami. Recuerdan que durante la dictadura cada privatización consolidó a un nuevo grupo económico formado por ex funcionarios del régimen (¡así quién no!) Pero un flaco favor hacen al progreso de Chile los pro-hombres que hoy se alzan en defensa de los evasores fiscales y que ayer callaron cuando había que defender el patrimonio de la nación o los derechos humanos. La derecha chilena es responsable de que las políticas de libre mercado estén inevitablemente ligadas a las violaciones a los derechos humanos en el imaginario popular. Y mientras Libertad y Desarrollo, a diferencia de Lavín y la Fundación Futuro, siga dividiendo su tiempo entre la defensa del neoliberalismo y de la dictadura (contradicciones valóricas aparte) los herederos de los Chicago Boys seguirán haciendo más daño que bien a la causa de la libertad individual. Además de las contradicciones valóricas (liberales económicos pero conservadores sociales), los chicos de LyD tampoco creen que la competencia sea buena en las elecciones. En vez de defender el sistema inglés (un diputado por distrito), se aferran al sistema binominal, el más torcido subsidio existente en Chile.

 

Todo pasa por el necesario cambio de gabinete

Pero aún así, de nada sirve acusar a la oposición de su poca disponibilidad a cooperar o su pasado dictatorial. Hay que gobernar alineando las fuerzas propias. Es la Concertación, no la derecha, la que debe pasar el examen electoral ante la ciudadanía. Y eso no significa que la derecha quede libre de culpa. Pinochet y su sangrienta dictadura están inevitablemente ligados a la UDI y RN. Ya sea por participación directa o por omisión, la derecha fue parte esencial del régimen que violó los derechos humanos. Pero si la Alianza gana las próximas presidenciales no será porque logró hacer que el electorado privilegiara el olvido, sino porque la Concertación perdió la confianza de la gente. Y si Lavín es presidente no será porque engañosamente obtenga el voto mayoritario, sino porque el electorado, consciente y objetivamente, decida que está cansado de socialistas y democristianos.

 

Sorprende entonces la nueva posición adoptada por el gobierno y en particular por el ministro García de acusar a la derecha. Pecaban de ingenuos si creían que ésta abandonaría fácilmente los amarres constitucionales. Si en cambio querían demostrar las diferencias entre Lavín y sus parlamentarios, entonces no entendieron el mensaje del electorado en las últimas presidenciales. Lavín es claramente más que la derecha. Su atractivo, y también su desafío, radica en que él puede traer a la derecha hacia posturas democráticas. Seducidos por la posibilidad de la victoria, la Alianza apoyará las reformas constitucionales, pero sólo para que Lavín sea presidente, no antes. Es inútil demostrar que Longueira es un pinochetista acérrimo y que Lavín lo fue. El electorado entiende eso y así lo acepta. Ya se las tendrá que arreglar Lavín para renovar a la derecha. Pero para aprobar el examen hay que preocuparse de como lo hace uno, no de los demás.

 

Por cierto, el ministro García es Secretario General de la Presidencia, su misión es llevar la agenda legislativa ordenando a oficialistas y negociando con la oposición. Le toca negociar, no acusar. Las palabras fuertes deben salir de la vocería del gobierno, pero Huepe es manso, carece de credibilidad y se ve pésimo en cámara. El presidente ha demostrado que su dedo acusador y su predilección por los regaños públicos no alcanza a sus colaboradores cercanos. Aunque Lagos valora la lealtad, hay ciertos amores que matan y su obstinación en mantener a García y Huepe sólo lo llevan a involucrarse en más líos cotidianos, distrayéndose de los grandes temas nacionales que deberían ocupar su agenda. La Moneda necesita algún ministro que piense con el pragmatismo de Lavín. Insulza ya está copado, Huepe piensa con la mentalidad de la Patria Joven de Frei Montalva y el comedido García se parece más al candidato de la derecha de 1989.

 

El cambio de gabinete debería alcanzar además a los ministros Aylwin y Cruz. Mientras ella sólo aparece para pedir disculpas (por carnés escolares, pruebas Simce, premios nacionales, PAA y paros universitarios), Cruz ha transformado un ministerio estrella en uno más del montón. Con un ministro de Educación fuerte, los subordinados se asegurarían de evitar los descalabros que han ocurrido bajo Aylwin; y con uno fuerte en OOPP y Transportes, la gente no pensaría que el subsecretario Latorre es el ministro. Razones humanitarias hacia los afectados justifican las salidas inmediatas de Krauss de Mideplan y Campos de Agricultura. Hace tiempo que la opinión pública les dio el tiro de gracia del olvido.

 

Lagos, consciente de la necesidad de reavivar su alicaído gabinete, optó a fines de diciembre por hacer entrar a Ravinet en Vivienda y Bienes Nacionales. Pero el cambio, realizado con innecesaria crueldad hacia el inexperto y soberbio Claudio Orrego, fue cirugía menor en circunstancias que el paciente necesitaba entrar al quirófano.

 

Así y todo, la llegada de Ravinet ayudó. Al incorporar un peso pesado en su gabinete, Lagos le trajo compañía a Insulza. Ahora hay un ministro político y uno social. Al anunciar nuevos desarrollos turísticos, Ravinet se apoderó de temas que tradicionalmente corresponden a OO PP y SERNATUR. Los miembros del equipo económico Eyzaguirre, De Gregorio y Solari respiraron tranquilos porque ellos se sienten más cómodos regulando el mercado y facilitando su buen funcionamiento que anunciando planes de empleo.

 

Ravinet también terminó de opacar a su camarada DC Soledad Alvear que ahora se ve enfrentada a negociar un tratado de libre comercio con Estados Unidos. Mientras Chile tiene a su mejor negociador como embajador en la ONU, el equipo negociador lo lidera una ministra cuyo fuerte no es economía, inglés, comercio ni Estados Unidos. Ya es hora de que Alvear reconozca que cometió un error, pida un cambio de cartera y Lagos nombre a un Canciller que esté a la altura de los desafíos de integración, liderazgo y roce internacional que requiere un país cuya economía está vulnerablemente abierta al mundo. La obstinación de Alvear sólo le ha traído vergüenzas al presidente y una perdida de perfil a la “nación estrella del nuevo milenio.”

 

Para poder concentrarse en su legado histórico y evitar seguir complicándose con todos los obstáculos que genera la coyuntura, el presidente debe poder ser capaz de mirar al horizonte. Pero para eso necesita un gabinete que pueda exitosa y confiablemente sacar piedras del camino y facilitar el avance. Y aunque Ominami crea que en la derecha son mejores gestores (mientras más socialista, más ineficiente), Lagos debe recordar que DC y socialistas fueron los artífices de la mejor década en la historia económica y social del Chile del siglo XX. El presidente no necesita estar metido en todo, hay gente capaz al interior de la Concertación que puede ayudar si Lagos la convoca, y la deja.

 

Un ministro en Presidencia en La Moneda capaz de llevar la agenda legislativa y que pueda sentarse a negociar con parlamentarios oficialistas y de oposición y otro que pueda ejercer eficazmente la vocería del gobierno (la misma Alvear o García, hijo predilecto de Lagos) le permitirían al presidente ordenar las filas oficialistas y le evitarían tener que aparecer diariamente en televisión. La llegada de ministros de peso político y reconocida gestión a Educación, Obras Públicas, Agricultura y Mideplan permitiría completar un equipo probado y capaz de facilitar la tarea cotidiana al presidente para que éste pueda concentrarse en su legado y llegar al final de su periodo como un Aguirre Cerda y no un Juan Antonio Ríos.

 

Un gabinete fuerte también reduciría la nefasta influencia de ciertos consiglieri de su excelencia que no entienden que el éxito de Lagos está directamente ligado al de la Concertación y que por más lamentable que sea el estado de los partidos, sin ellos no se puede gobernar. Tal como las empresas nacionales enfrentan el desafío de abrirse más allá de los lazos familiares y de parentesco, el presidente necesita entender que los familiares no siempre son los mejores consejeros. Como alguna vez le dijeron a Clinton, fire the friends, hire the pros (echa a los amigos, contrata profesionales.)

 

Lagos comienza recién su segundo año en el poder, pero el legado histórico del presidente ya empieza a tomar forma. Lagos quisiera ser recordado como el presidente del bicentenario y del Chile.com, como el emprendedor que gobernó la consolidación democrática, garantizó la independencia de los poderes del estado y sentó las bases para que Chile fuera la nación estrella del siglo XXI. Y los que en él hemos creído lo queremos sacar en andas y con vítores de La Moneda el 11 de marzo del 2006. Pero la incapacidad de elevarse por sobre la política cotidiana y dirigir al país y a la Concertación hacia puerto seguro bien lo pudieran hacer entrar en la historia como el tercer presidente de la Concertación, aquel que entregó la banda presidencial al heredero político del régimen de Pinochet.