Frei Montalva y Diego, incomprendidos, pero no santos

Yo Soy el Diego de Diego Maradona y Eduardo Frei Montalva y su época (dos tomos)

Revista Capital, diciembre del 2000

 

El libro de Maradona (“Yo soy el Diego”) evidencia la profunda crisis valórica, moral y anímica que atraviesa hoy Argentina. En boca de todos, Argentina enfrenta esta crisis públicamente, en sus medios plurales de comunicación y con la consabida preferencia transandina por la frivolidad. Hasta las crisis políticas allá son glamorosas.

 

En Chile en cambio, la campaña montada para evitar que el libro de Cristian Gazmuri sobre Frei (Eduardo Frei Montalva y su época (dos tomos)”) saliera a la luz, comprueba la preferencia nacional por bajarle el perfil a los problemas. “En Argentina nos conocemos todos, en Chile en cambio todos son parientes,” dice un amigo. Este es un país en negación donde todos son parientes. Una de las investigadoras del libro es pariente de uno de los oficiales de la DINA involucrados en el asesinato del General Prats en Buenos Aires en 1974, quien a la vez es hermano de un general de ejército en servicio activo.

 

La familia Frei no quería que se publicara el libro. En vez de rescatar la vida de un estadista, querían construir la imagen de un beato. Dijeron que en realidad buscaban evitar la controversia, pero la propia familia echó a correr el rumor de que Frei habría sido asesinado por la DINA. Tal vez querían evitar que se discutiera el papel jugado por el primer Frei antes, durante y después del 11.  Estas ganas de olvidar su posición frente al golpe es un mal que parece afectar a muchos.

 

En la derecha se tratan de limpiar las manos con la sangre de los brutales asesinatos de la dictadura. Con el tiempo, los “no sabíamos”, “fueron excesos,” han reemplazado a los “presuntos detenidos desaparecidos” y a los “es una campaña de desprestigio del marxismo internacional.” En la izquierda los errores de gobierno, el “avanzar sin transar” y el irresponsable llamado a una revolución avalada sólo por una minoría electoral son convenientemente cubiertos con los cuerpos de las víctimas de la represión y la épica inmolación de Allende. En cierto sentido, el 11 y las víctimas de la represión fueron la salvación histórica para un gobierno que se hundía aceleradamente tanto por errores propios como por oposición de otros.

 

La DC mayoritariamente apoyó el golpe. Frei estuvo con la mayoría. Pero apoyar el golpe no significa apoyar las violaciones a los derechos humanos ni apoyar el proyecto de democracia tutelada. Después del golpe, muchos en la DC y en la iglesia se alzaron como defensores de los derechos humanos. Frei no. Pero el ser estadista no lo obliga a uno a estar siempre en el lado correcto. Los estadistas también se equivocan. Pero los buenos estadistas son también demócratas, y Frei lo era. El juicio histórico se realiza después, al sopesar los aciertos y los errores. Frei tuvo mucho más aciertos, pero no fue infalible ni mucho menos beato. Se necesitaba un libro que mostrara al Frei de verdad y que además fuera atractivo para leer. Gazmuri y su equipo hicieron lo primero pero no lo segundo.

 

Al otro lado de la cordillera, Maradona intentó mostrarse tal como se ve a sí mismo. Los dos hombres, guardando las diferencias, despiertan pasiones similares entre seguidores y detractores. Claro, la pasión argentina nunca será igual a la chilena. Ellos tuvieron a Perón y a Evita. En su mejor momento, Ibañez fue una mala copia de Perón. Por más que nos empeñemos en re-escribir la historia, el libertador de Chile no fue O'Higgins, fue San Martín, argentino.

 

La patagonia nos duele tanto que ni aún la derrota argentina en Las Malvinas logró amainar nuestra humillación histórica autoinflingida. ¿Dónde estaba el ejército vencedor jamás vencido cuando los argentinos nos ‘quitaron’ la patagonia? La Guerra del Pacífico, ya. Pero ¿por qué no fuimos a recuperar “nuestra” patagonia después de humillar a los peruanos en Lima? Si un niño pregunta esto en clase, el profesor lo hace callar sumariamente. Y como si fuera poco, Patagon.com fue creado por un argentino. Nos ganan hasta en ideas.

 

Y si la victoria inglesa en 1982 nos sirvió para vengar nuestra deshonra nacional, el arresto de Pinochet en Londres nos hizo partícipes del poco respeto británico por la soberanía nacional de los sudamericanos. Los militares argentinos cometieron más violaciones a los derechos humanos, pero el reconocimiento mundial al carnicero más sangriento se lo llevó un chileno.

 

En ese sentido, los libros de Maradona y Frei perpetúan la tendencia histórica de las dos naciones. Los argentinos viven sus problemas en público y a destapo. Nosotros los ocultamos, disfrazamos y en la medida de lo posible, negamos. El libro de Diego es un super éxito de ventas, los dos volúmenes sobre Frei son una gran contribución académica. Quedan faltando un análisis más crítico del de Diego y una versión para mortales compendiada y mejor narrada de la vida de Frei.