Vargas Llosa: Oro, Ampuero: Plata y Rivera Letelier: Bronce.

Mario Vargas Llosa: “La Fiesta del Chivo”; Raul Ampuero, “Nuestros años verde olivo”; y Hernán Rivera Letelier, “Los trenes se van al purgatorio”.

 

Revista Capital, Noviembre del 2000

 

Juntar las tres novelas pudiera ser como poner a la Sonora Cubanacán al lado del Buena Vista Social Club, o la orquesta juvenil de Curanilahue junto a la Filarmónica de Nueva York. Y no es que la Cubanacán no haga bailar a la gente o que los jóvenes de Curanilahue no sean un patrimonio nacional. Pero así como hay aquellos que lo hacen bien mientras otros son sublimes, entre las buenas novelas publicadas recientemente encontramos narraciones muy entretenidas y una verdadera obra de arte.

 

Vargas Llosa (MVL) es un maestro de la narrativa latinoamericana. Con un par de tempranas genialidades bajo el brazo, el peruano-español en años recientes había escritos novelas prescindibles donde los personajes no lograban adentrarse en el alma de los lectores. Con “La fiesta del Chivo”, MVL nos hizo olvidar sus siempre lacerantes pero no siempre atinados comentarios periodísticos y terminó de sepultar la tesis de que se había dedicado a las columnas porque ya no tenía gracia narrativa.

 

Como persona MVL es insoportable y es en parte responsable de que Perú sufra a Fujimori. Al final del gobierno del corrupto Alan García, los peruanos estaban más que dispuestos a apoyar el cambio en 1990. Pero MVL sabiéndose favorito, decidió dar rienda suelta a su pedantería e hizo campaña insultando electores más que cortejando votos. La mayoría de los peruanos prefirió a “cualquiera, menos Vargas Llosa.” Luego Fujimori terminó con la hiperinflación y la guerrilla, pero también se instaló como dictador. Todavía no se va. Si MVL hubiera sido menos jactancioso, Perú podría ser hoy mucho más alegre. Luego del autogolpe de Fujimori, la defensa de la democracia realizada por el escritor sonó falsa. Sus anteriores elogios a la dictadura de Pinochet le restaban autoridad moral. Su defensa actual del movimiento democratizador en el Perú sabe más a vendetta contra el “chino” que lo privó de la presidencia.

 

En esta nueva novela, MVL calla magistralmente la boca a sus detractores literarios. Narrativa genial, estructura impresionante: ningún elogio sobra para esta maravillosa novela basada en la dictadura de tres décadas de Trujillo en la República Dominicana. Uno incluso podría aventurar comparaciones con la dictadura de Pinochet. Abandonado por sus ex aliados, el “Tata” ha quedado solo. Se han hecho públicos los pagos a sus familiares y los espionajes para la CIA de su jefe de seguridad. Pero a diferencia del Chivo que nunca sintió la derrota, lo de Pinochet nunca llegó a fiesta, fue apenas cóctel. Los invitados que antes lo adulaban y temían, viéndolo senil y débil lo abandonan. Los dictadores nunca terminan bien. Vargas Llosa inmortalizó al Chivo. Pinochet sólo ha logrado convertirse en chivo expiatorio. Por el tema, los personajes y la magistral narración, oro para el peruano.

 

En su novela, Ampuero logra narrar con sinceridad y candidez lo que aparentemente fue su vida en Alemania Oriental y en particular en Cuba. Eso le causó problemas con los pocos que osan defender a Fidel. Sus antiguos apologistas a lo más dicen “fue bueno lo que hizo, pero que se vaya ya.” Ampuero aprovecha su buena pluma para decir unas cuantas verdades sobre un régimen que clama a gritos la eutanasia política. Sin caer en la autoreferencia excesiva del también magistral libro de Edwards, Ampuero muestra que no es lo mismo ser persona non grata en Cuba como embajador que como estudiante revolucionario desilusionado.

 

Rivera Letelier sigue explotando su nicho de mercado, el norte salitrero. Le añada ahora el tren como elemento unificador de sueños y miedos. Así como Macondo le pavimentó el camino al éxito a García Márquez, el desierto le ha ayudado a posicionarse a este narrador que mezcla la crudeza del norte con las fantasías del realismo mágico: Baldomero Lillo se cruza con Isabel Allende y el resultado es una narrativa de calidad que entretiene.

 

Uno tiene derecho a estar fascinado y recomendar un libro hasta el cansancio. Es verdad que la gente no quiere leer crítica literaria, sino presenciar una corrida de toros con mucha sangre. Los críticos queremos llevarnos las dos orejas en medio de los vítores del público. Estas tres novelas, no obstante, obligan a quitarse el sombrero: Oro indiscutible para Vargas Llosa (la mejor novela publicada en español en los últimos años), plata para Ampuero y bronce para Rivera Letelier.